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                  <text>Capítulo I: Los trabajos de las mujeres rurales

DDA

PROINDER

Dirección de Desarrollo
Agropecuario

Proyecto de Desarrollo de Pequeños
Productores Agropecuarios

Cristina Biaggi, Cecilia Canevari y Alberto Tasso

Mujeres que
trabajan la tierra
UN ESTUDIO SOBRE LAS MUJERES RURALES EN LA ARGENTINA

Con la colaboración de Mira Díaz, Silvia Borsellino,
Magdalena Ramírez, Viviana Canet y TRAMA

Serie Estudios e Investigaciones 11
Buenos Aires, 2007

Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos

3

�Mujeres que trabajan la tierra

Biaggi, Cristina
Mujeres que trabajan la tierra, un estudio sobre las mujeres rurales en
Argentina /
Cristina Biaggi ; Cecilia Canevari ; Alberto Tasso ‐ 1a ed. ‐ Buenos Aires :
Secretaría Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos, 2007.
176 p. ; 23x16 cm. (Estudios e investigaciones; 11)
ISBN 987‐9184‐50‐5
1. Sociología Rural. 2. Desarrollo Rural. I. Canevari, Cecilia II. Tasso, Alberto
III. Título CDD 307.72
Fecha de Catalogación: 02/10/2006
ISBN‐10: 987‐9184‐50‐5
ISBN‐13: 978‐987‐9184‐50‐9

4

�Colaboradoras/es

Para la confección de tablas: María Elisa Rueda, Fabiana Brizio y Analía
Belaus.
Para el relevamiento (referentes provinciales): Laura Hansen y Élida
Turco (Buenos Aires); María Elisa Rueda (Catamarca); Nila Busso, Belén
Agnelli y María Clemencia Barberena (Córdoba); María del Carmen
Quiroga y Paiá Pereda (Corrientes); Marilú Aradas (Chaco y Formosa);
Ana Nicora (Chaco); Graciela Freddy y Ruth Guerrero (Chubut); Maris
Rébora (Entre Ríos); Cristina Marinosci, Lilian Borba, Isabel Arguello y
Lola Llorente (Formosa); Daniela Demo, Liliana Martínez y Rosario
Quispe (Jujuy); María Claudia Trotta (La Pampa); Fernanda Fiorani y
Jorge Salomón (La Rioja); Mariana Díaz Valentín, Maritina Sales, Clara
Contardi, Cristina Panasiti y Laura Lafalla (Mendoza); Claudia Noseda,
Mirta Roesler y Ana Corral (Misiones); Silvia Condemi y Paola Morales
(Neuquén), Elsa Biffi (Río Negro); Olguita Silvera, Claudia Cayo, Pablo
Frere, Rosa Gambarte, María Eugenia Errazquin y Cristina Sanz (Salta);
Mónica Knopoff (San Juan); Emilio Guerri y María Rivera (San Luis);
Viviana Quaranta y Amelia Reinares (Santa Fe); Lucrecia Gil Villanueva,
Norma Castillo, María Teresita Vega, Lucila Zárate, Nelly Solorza y
Claudia Ríos (Santiago del Estero); Luisa Vivanco, Eugenia Arrebola,
Soledad Aráoz, Cristina Juárez, Elia Guyot, Silvia Rodríguez y Silvina
Saldaño (Tucumán).
Para la elaboración de la base e ingreso de datos: Jorgelina González
Russo y Belén Guillet.
Para la diagramación y diseño: Pablo A. Roset
Para las fotografías de tapa: Fotos: María Eva Salazar. Asociación Civil
El Ceibal (maria_eva_salazar@yahoo.com.ar)
Para el diseño de tapa: Pablo Tasso

5

�Mujeres que trabajan la tierra

6

�A las mujeres que trabajan por
la equidad de género en el mundo rural

7

�Mujeres que trabajan la tierra

8

�Indice

Prólogo ……………………………………………………………………..……… 11
Introducción…………………………………………………………………..……..15
Capítulo I: …………………………………………………………………………. 19
Los trabajos de las mujeres rurales
Capítulo II: ……………………………………………………………………..…. 37
Las mujeres rurales en el país según los datos censales de 2001
Capítulo III: ………………………………………………………………………. 55
Los grupos de mujeres rurales en la Argentina
Capítulo IV: ………………………………………………………………………. 89
Los derechos humanos de las mujeres rurales
Capítulo V: ……………………………………………………………………….. 111
Instituciones y programas con acciones diferenciadas hacia las mujeres
rurales
Capítulo VI: ………………………………………………………………………. 125
Propuestas de lineamientos de políticas, estrategias y acciones para la
equidad de género en las áreas rurales
Bibliografía …………………………………………………………………….…. 143
Anexos
Anexo 1 ……………………………………………………………………….….. 151
Capítulo II: Tablas y gráficos complementarios
Anexo 2 ………………………………………………………………………...… 161
Capítulo III: Nombre de los grupos según provincia
Anexo 3: ………………………………………………………………………….. 169
Aquí estamos y queremos ser escuchadas. Documento final del Encuentro
Nacional de Mujeres Campesinas y Aborígenes, realizado en Buenos Aires
en agosto de 2003.

9

�Mujeres que trabajan la tierra

10

�Prólogo

En 1989, la entonces Secretaría de Agricultura y Pesca (SAGyP)
inició en Argentina un programa pionero de desarrollo dirigido a
mujeres rurales de seis provincias del noroeste: Salta, Jujuy, Santiago del
Estero, Catamarca, Tucumán y La Rioja. Comenzó así un proceso que no
se ha detenido hasta hoy, a pesar de las dificultades que profesionales e
instituciones han tenido que enfrentar en tantas ocasiones a través de
estos 18 años transcurridos.
Como todo proceso de cambio y de introducción de nuevos
paradigmas, éste tuvo muchos detractores pero también muchos
seguidores entre los cuerpos técnicos, profesionales y de las autoridades
tanto nacionales como provinciales, pero fue la voluntad política férrea
de un pequeño grupo de profesionales mujeres lo que permitió que el
programa siguiera adelante. Quienes siempre adhirieron al programa,
con el convencimiento que con él crecerían y nunca volverían a ser las
mismas, fueron las mujeres de esos primeros seis grupos que se
formaron y que vieron en él, por primera vez en sus vidas la
oportunidad de una transformación tanto en lo personal como en lo
económico.
El libro Mujeres que trabajan la tierra, devela quiénes son las mujeres
rurales, cuáles son sus intereses y motivaciones y cómo se insertan
económica, social y políticamente en una Argentina que ya hace muchas
décadas dejó de ser un país rural, pero a pesar de lo cual su población
concentra parte de los problemas de pobreza y de necesidades básicas
insatisfechas, las cuales el Estado se ha comprometido a enfrentar.
Como nos dicen sus autoras, las mujeres rurales argentinas,
especialmente las campesinas, comparten con el resto de mujeres rurales
de América Latina esa específica pero a la vez imprecisa relación que
existe entre trabajo productivo y trabajo reproductivo, cuya consecuencia
más notable es la invisibilidad de su trabajo productivo y por lo mismo
su ausencia en las cuentas nacionales como una trabajadora que aporta al
Producto Interno Bruto. También entre ellas comparten realidades como
la dispersión geográfica y la lejanía de los centros urbanos, lo que afecta
su acceso a los servicios básicos y de calidad a que toda familia aspira:

11

�Mujeres que trabajan la tierra

salud, educación, información, vivienda, caminos, comunicación, entre
muchos otros.
Pero es claro que esta realidad afecta de manera diferente a
hombres y mujeres, siendo las segundas más vulnerables a las
situaciones de pobreza, ya que tienen comparativamente menos acceso a
la educación, menor acceso a la propiedad de la tierra, menor acceso al
empleo, salarios más bajos por el mismo trabajo, menor oportunidad de
acceso a trabajos estables y bien remunerados. A esto se agrega la
responsabilidad absoluta del trabajo doméstico y la crianza de los hijos,
factor que innegablemente limita sus opciones y oportunidades de
trabajo y de participación social y política.
Todos estos factores intervienen negativamente en la posibilidad de
organizarse en torno a intereses y demandas comunes que les permitan
superar las limitaciones a las cuales se enfrentan. Pero el esfuerzo y
acompañamiento
de
instituciones
gubernamentales
y
no
gubernamentales, religiosas y laicas, nacionales e internacionales, han
permitido que las mujeres rurales argentinas tengan hoy día una voz y
una presencia a nivel local, provincial y nacional. Es a través de estas
agrupaciones que las mujeres están luchando por mejores ingresos,
crecimiento de su capacidad técnica productiva, espacios en los
mercados para sus productos, acceso al crédito, a la salud reproductiva,
a la educación, a la vivienda, en fin, a la dignidad de ser personas y ser
tratadas como tales por una sociedad que las discrimina.
La importancia de este libro se asienta en cuatro pilares. El primero
es sus autoras. Nadie más que ellas conocen, han trabajado codo a codo y
han acompañado a los grupos de mujeres rurales desde sus inicios. El
segundo es el contenido del libro, que enfrenta la problemática de la
mujer rural desde todos sus ángulos y perspectivas, desde su inserción
en el trabajo hasta su situación de inequidad y de violencia intrafamiliar
a la cual muchas de ellas son sometidas. El tercero es la riqueza de datos
que maneja, especialmente en los capítulos II y III, datos que son la base
para el análisis respecto a las potencialidades socio‐políticas que existen
en los grupos y organizaciones de mujeres. El cuarto pilar son las propias
mujeres rurales, las que con esfuerzos más allá de lo posible adhieren
con entusiasmo y mucha esperanza a las propuestas de desarrollo que se
les platean.
Finalmente, como las mismas autoras señalan, el punto de inflexión
hacia un cambio en las relaciones de inequidad es cuando los grupos de
mujeres rurales logran dar a sus demandas una dimensión política al
convertirse en interlocutoras válidas de los políticos e instituciones de
12

�decisión local y cuando logran articularse con otras organizaciones e
instituciones para llevar a cabo estrategias y acciones de desarrollo de
mediano y largo plazo. En este camino, las mujeres se han empoderado,
están ejerciendo ciudadanía y, lo más importante, están contribuyendo a
la construcción de una sociedad más justa, más equitativa y más
democrática.

Pilar Campaña, Ph.D.
Antropóloga Social

13

�Mujeres que trabajan la tierra

14

�Introducción

Se afirma que el siglo XX es el siglo de las mujeres, porque durante
su transcurso cambiaron sensiblemente las relaciones entre los géneros.
Comenzó a cuestionarse la subordinación femenina, percibida como un
producto cultural. A ello contribuyeron los nuevos papeles que las
mujeres desempeñan en el mundo del trabajo, así como su protagonismo
en los procesos sociales y políticos.
En el mundo rural, las mujeres progresivamente han comenzado un
proceso de participación social y es posible visualizarlas en los
movimientos que han cobrado protagonismo en los distintos países de
América Latina, los cuales en muchos casos han logrado ubicarse en el
centro de la escena nacional e internacional. Estos movimientos han
puesto en evidencia que, tanto las políticas económicas aplicadas en las
últimas décadas en nuestro continente como los crecientes progresos
tecnológicos, profundizaron la brecha existente entre ricos y pobres y
entre el campo y la ciudad. Además, han colocado en debate las
desigualdades existentes en el acceso a los recursos y las consecuencias
que este modelo tiene sobre los/as más débiles y sobre el medio
ambiente.
La globalización económica y cultural amenaza las identidades, la
posesión de las tierras, los recursos naturales y las economías locales. Sin
embargo, la globalización también está facilitando la articulación y
comunicación de los movimientos de reivindicación de los derechos
humanos. Sin duda, ha logrado fortalecerlos y consolidarlos.
La defensa de los derechos de las mujeres se encuentra inserta en
este escenario histórico. A partir del año 1975, en el que se declara la
década de las mujeres, varias conferencias internacionales señalaron
logros destacables. La Conferencia Internacional Contra Todas las
Formas de Discriminación de la Mujer (CEDAW, 1979) tiene una
referencia específicamente a las mujeres rurales, consignando en su
artículo 14 el reconocimiento de sus derechos y la especificidad de su
problemática.
La justificación de este estudio se encuentra en este contexto de
cambios macro y micro sociales, producto de la multiplicidad de los
fenómenos expresados anteriormente, donde aparece como necesaria la
15

�Mujeres que trabajan la tierra

identificación y el reconocimiento de las distintas problemáticas
asociadas a cada uno de los/as agentes presentes en el heterogéneo
campo conceptual de la ruralidad. Constituye además, un elemento para
la formulación de los programas que precisen disponer de una base
conceptual apropiada sobre la que habrán de fundamentarse.
Este estudio se ha realizado en el marco del Programa de Desarrollo
de Pequeños Productores Agropecuarios (PROINDER), dentro del
componente Fortalecimiento Institucional, dependiente de la Secretaría
de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos (SAGPyA). La primera
etapa de la investigación se realizó durante 2001 y 2002 y los datos
entonces obtenidos fueron actualizados en el último año, y se incluyen
en esta publicación. En ambas etapas, se utilizaron diversas estrategias
metodológicas basadas, por un lado, en el análisis de censos y fuentes
documentales y, por el otro, en un relevamiento de los grupos de
mujeres rurales de la Argentina.
Este trabajo se propuso lograr una caracterización de las mujeres
rurales de nuestro país en base a información proveniente de fuentes
secundarias y a una descripción, a partir de fuentes primarias, de los
grupos de mujeres rurales que se encuentran organizados y en actividad,
acompañados en su mayoría por programas del Estado o por organismos
no gubernamentales. De manera tal que el tema central y articulador son
todas las mujeres rurales y las organizaciones de base que las nuclean.
Esta categoría abarca a las mujeres aborígenes, que están incluidas en el
relevamiento, aunque en el análisis se omite hacer una diferenciación, ya
que se considera, que este es un campo de estudio que merece ser
tratado con un abordaje específico, que no ha formado parte de los
objetivos de este estudio.
Con excepción del análisis del Censo Nacional de Población 2001,
en el que se considera a todos los habitantes que viven en el área rural,
los criterios que se tomaron para la selección de la población a
caracterizar son los que utiliza el PROINDER para la inclusión en el
programa. Por lo tanto, no hay una descripción de las mujeres que
trabajan en medianas empresas agropecuarias o chacareras como las del
Movimiento de Mujeres en Lucha, ya que su perfil no coincide con los
criterios mencionados.1
1

Para el PROINDER, los grupos de pequeños/as productores/as minifundistas podrán ser
beneficiarios del Programa si el productor y su familia tienen residencia predial o rural, poseen una
empresa agropecuaria (EAP) bajo cualquier régimen de tenencia de la tierra, trabajan en la misma y
excepcionalmente contratan mano de obra (hasta 60 jornales contratados/año). En caso de existir
trabajo familiar fuera de la EAP, el mismo no excede de los 270 jornales/año. Su capital fijo no supera

16

�La estructura de este libro, es de seis capítulos y tres anexos. En el
Capítulo I, Los trabajos de las mujeres rurales, se hace un breve recorrido
de algunos antecedentes sobre la temática abordada. Se presenta la
trayectoria de las políticas que en América Latina buscaron incorporar a
las mujeres al desarrollo desde diferentes enfoques. Finalmente, se
presenta una caracterización de las mujeres rurales en el país a partir de
diversos diagnósticos participativos realizados en los últimos 10 años. El
trabajo, la reproducción, la salud y la educación son algunos de los
múltiples tópicos que se abordan.
En el capítulo II, se presenta el análisis de los datos del Censo
Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2001 (Instituto Nacional de
Estadística y Censo) para las áreas rurales a partir de procesamientos
especiales que consideran a toda la población rural (dispersa y
agrupada) y a la de localidades de hasta 5000 habitantes de todas las
provincias del país. De esta manera, se exponen datos demográficos del
sector considerando edad, nivel de instrucción, ocupación y jefatura de
hogares, entre otros, lo que brinda un panorama general de las mujeres y
los varones en las áreas rurales. Este capítulo tiene un anexo donde se
pueden consultar tablas con información complementaria.
En el capítulo III, luego de una introducción a las características de
las organizaciones de mujeres, sus motivaciones a la participación y sus
obstáculos, se exponen los resultados del análisis de la información sobre
los grupos de mujeres de todas las provincias argentinas, realizada a
partir de dos relevamientos. Este trabajo tuvo una primera etapa en el
año 2001/2, donde se identificaron 203 grupos y una segunda en 2006,
con el relevamiento de 452 grupos. En cada caso, se buscó información
sobre sus integrantes, su organización y la comunidad donde se
encuentran insertos. La tarea de identificación y relevamiento en cada
una de las provincias fue asumida por un/a o más referentes provinciales

los $15.000 (excluyendo vivienda familiar y tierra), es decir que no disponen de tractor o vehículo de
una antigüedad inferior a los 15 años. Sus existencias ganaderas no superan las 500 cabezas ovinas o
caprinas o las 50 bovinas. No disponen de un galpón de material o chapa de más de 50 m2 y sus
hogares presentan al menos uno de los indicadores que conforman el índice de Necesidades Básicas
Insatisfechas (NBI). Los trabajadores transitorios agropecuarios (TTA) potenciales beneficiarios del
PROINDER podrán encontrarse en una de las dos situaciones siguientes: la de contar con parcela de
tierra y ser susceptibles de convertirse en el ingreso principal de la familia y entonces, la de ser
considerados pequeños productores minifundistas (PPM) y la de no contar con tierra, en cuyo caso
podrán acceder al componente, realizando actividades de microemprendimientos de servicios para
actividades agropecuarias. En ambos casos, deberán cumplir los requisitos establecidos para los PPM
en cuanto presencia del indicador de NBI, residencia rural, ingresos, capital disponible y nucleamiento
en grupos. Además, no deberán tener dependencia laboral permanente y su ingreso anual no deberá
superar el equivalente de 13 salarios del peón rural

17

�Mujeres que trabajan la tierra

en su mayoría pertenecientes a la Red TRAMA (Red de Técnicas e
Instituciones que trabajan con mujeres rurales).
El capítulo IV, está referido al marco legal, en relación a los
derechos de las mujeres rurales desde la perspectiva de sus derechos
humanos. Se examina la legislación vigente a nivel nacional sobre
mujeres en las distintas áreas de regulación legal. Se obtuvo información
disponible en el Parlamento Nacional, y otras fuentes bibliográfícas y de
instituciones especializadas en la temática.
En el capítulo V, se presenta una descripción general de las
instituciones y programas gubernamentales y no gubernamentales que
desarrollan acciones diferenciadas hacia mujeres rurales, con sus
características, objetivos, presentando una descripción esencial.
Por último, en el capítulo VI se retoman algunos de los ejes críticos
presentados, que deberían considerarse en las políticas destinadas al
sector, con el objetivo de trazar algunas propuestas de acciones y
estrategias que favorezcan la equidad de género en el marco de una
propuesta más amplia de desarrollo rural
Este libro está dirigido a mujeres y varones comprometidos con el
desarrollo rural. Se ha de considerar que ha sido escrito en varias etapas
a lo largo de tres o cuatro años y con la participación de varias personas,
cuya letra queda reflejada en la diversidad de estilos con que se
expresan. Dadas las diferentes fuentes utilizadas, algunos de los temas
abordados, son tratados con reiteración a lo largo del libro.

Agradecimientos
A TRAMA (Red de Técnicas e Instituciones que trabajan con
Mujeres Rurales). Queremos destacar la importancia que ha tenido para
nosotras el trabajo coordinado con las compañeras de TRAMA, con
quienes compartimos un espacio de reflexión, análisis y acciones
conjuntas.
A Alejandro Valeiro, Irupé Christeller, Marcela Román, Clara
Craviotti, Alejandro Gerardi, Alicia Paura y Pilar Campaña que nos
hicieron valiosos aportes a lo largo de estos años.
A todas las encuestadoras e informantes.
A las personas de las instituciones que nos brindaron información
sobre su trabajo.

18

�Capítulo I: Los trabajos de las mujeres rurales

Capítulo I
Los trabajos de las mujeres rurales
El objetivo de este capítulo es presentar una breve descripción de
aspectos vinculados a la vida cotidiana de las mujeres de las áreas
campesinas de nuestro país. Previamente, se hace una reseña de los
antecedentes históricos sobre la inclusión de las mujeres como sujetos del
desarrollo rural y de algunos conceptos que sirven como punto de
partida para la comprensión de este estudio.

1. Enfoques predominantes sobre mujeres y desarrollo
En general, los programas de desarrollo rural consideran a la
familia como una unidad homogénea, sin tener en cuenta las diferencias
étnicas, etáreas o de género. Esto se ha intentado modificar en las últimas
décadas, proponiendo acciones diferenciadas a varones, mujeres, jóvenes
y niños/as, considerando el origen étnico cuando es necesario.
Las mujeres, como destinatarias específicas de los programas de
desarrollo, son incluidas hace aproximadamente tres décadas. En este
breve período, el enfoque teórico para incorporarlas en el desarrollo ha
alternado entre diversos paradigmas, lo cual pone en evidencia que esta
problemática desencadena distintas interpretaciones y debates que aún
perduran.
El proceso en que se suceden estos cambios no ha sido lineal y, en la
práctica, estos paradigmas se ven expresados en programas o proyectos
con divergencias, contradicciones o superposiciones de visiones teóricas
y estratégicas. Aún en la actualidad, conviven diferentes concepciones
que se ven reflejadas en las operatorias de los programas.
Visto desde una perspectiva histórica, hasta fines de la década del
sesenta, las mujeres fueron tomadas en cuenta exclusivamente en su rol
de madres. Como responsables de la reproducción tanto biológica como
de la fuerza de trabajo dentro del ámbito doméstico, se les brindaba
educación con el objetivo de mejorar el estado nutricional, la higiene y la
salud de los/las niños/as y de la familia en general. De esta manera, se
buscaba elevar la calidad de vida de los hogares rurales y las acciones
que se llevaban adelante en los proyectos se relacionaban con el
19

�Mujeres que trabajan la tierra

mejoramiento de la alimentación, de la salud, el vestido o la educación
de los/as hijos/as.
A esta forma de trabajar con las mujeres, que tuvo su contraparte
con los/as jóvenes, lo sucede el enfoque de Mujeres en el desarrollo (MED)2
que surge a comienzos de los años setenta, el cual fue superador en la
forma en que las mujeres fueron visualizadas en los procesos de
desarrollo rural, principalmente porque se les reconocía su capacidad
como productoras. Este enfoque parte de la idea de que es necesario
incorporar a la población femenina a las actividades productivas
generadoras de ingresos, ya que esto provocaría un impacto en la
economía familiar y sería el motor necesario para el desarrollo de los
más pobres. De cierta manera, considera que las familias hasta ese
momento disponían de un recurso subutilizado. Además, supone que en la
medida que las mujeres obtuvieran dinero propio, su subordinación
disminuiría.
Las limitaciones de este enfoque se basan en que restringe el lugar
de las mujeres a su rol productivo en tanto recurso humano,
proponiéndola como una categoría aislada de otras dimensiones
culturales. Este punto de vista tiene como principal falencia que deja de
lado las actividades doméstico‐reproductivas que asumen las mujeres y
esto ha significado con frecuencia, una sobrecarga de trabajo en la
jornada femenina. Por otro lado, la subordinación no necesariamente se
revierte gracias al ingreso monetario, que sin dudas es un componente
importante en las dinámicas que construyen las desigualdades de
género, pero no el único.
Con el enfoque Mujeres en el Desarrollo, se inicia el componente
ʺmujerʺ en los programas y proyectos que buscan la participación y
gestión de las mujeres a nivel predial y comunitario. Las estrategias se
plantean bajo la forma de proyectos generadores de ingreso, a través de
la participación de las mujeres con propuestas muy diversas. Se
concentran esfuerzos en la capacitación de las mismas para lograr que se
incorporen en el espacio público, produzcan bienes y servicios y que
puedan insertar sus productos en el mercado.

2

Este tema se puede ampliar en: Elsa Gómez Gómez (1993) y Carolina Moser (1995). Maxine
Molyneux (1985) ha realizado importantes aportes a la problemática de las mujeres en el desarrollo.
Incorpora los conceptos de necesidades prácticas e intereses estratégicos que permiten analizar las
necesidades diferenciadas de varones y mujeres en el desarrollo. Las necesidades prácticas se refieren
a la condición de las mujeres y varones respecto a carencias materiales, como el acceso al agua o la
vivienda. Los intereses estratégicos apuntan a la posición de las mujeres respecto de los varones y la
búsqueda de transformación de la cultura de dominación entre los géneros.

20

�Capítulo I: Los trabajos de las mujeres rurales

A comienzos de la década del noventa surge el enfoque Género en el
Desarrollo (GED), a partir del avance de las teorías de género en el
mundo académico. Este enfoque se basa en la necesidad de considerar y
modificar las relaciones existentes entre varones y mujeres para el logro
de un desarrollo equitativo y sustentable, que permita la igualdad de
oportunidades para ambos.
El género es una construcción cultural que está basada en las
diferencias sexuales. A partir de la naturaleza, se construye el género, lo
cultural. Es decir, que las personas nacen con un sexo determinado
biológicamente y luego el medio social y cultural dicta ciertos mandatos
que disponen las maneras de ser mujer y varón.
El género es una categoría relacional, ya que para comprender la
problemática
de
las
desigualdades
es
necesario
analizar
comparativamente a los varones y a las mujeres. Tiene un carácter
histórico, de manera tal que se transforma a través del tiempo, y está
presente en los espacios micro y macro sociales a través de las
representaciones sociales, la división sexual del trabajo, las normas
(implícitas o explícitas, jurídicas o no), las instituciones (educativas,
judiciales, religiosas, políticas, etc.), la identidad, la familia, los medios
de comunicación.
El análisis de género permite a su vez, visualizar las relaciones de
poder existentes entre varones y mujeres y las inequidades resultantes.
Estas desigualdades se hacen visibles principalmente en el acceso y
control diferenciado de los recursos materiales y simbólicos. Esto define
una estructura y organización social que es valorativa y jerarquizante, a
la cual se denomina patriarcado, con relaciones de dominación, donde lo
masculino subordina a lo femenino y resulta en privilegios para los
varones.
El enfoque de Género en el Desarrollo se propone modificar las
inequidades de género, a partir de procesos de empoderamiento de las
mujeres para revertir las relaciones de subordinación que se evidencian
en la división sexual del trabajo, entre otros determinantes. Busca
mejorar la autoestima femenina y trabaja sobre la conciencia de
ciudadanía y derechos. Se plantea, a su vez, ampliar las oportunidades
que posibiliten el acceso y control sobre recursos y beneficios en el marco
de un desarrollo sustentable. Este proceso debe ser paralelo a la
sensibilización de los varones, para que puedan cuestionarse los modelos
impuestos culturalmente, creando las condiciones para negociar el
poder.

21

�Mujeres que trabajan la tierra

2. Los trabajos de las mujeres rurales pobres
En este apartado, se realiza una descripción de la vida cotidiana de
las mujeres, de sus trabajos y de los ámbitos y circunstancias donde los
realizan3.

2.1. Trabajo reproductivo
La división sexual y social del trabajo pone a las mujeres como
responsables del trabajo reproductivo dentro del hogar, que se agrega al
trabajo productivo, concentrando gran parte de su tiempo disponible.
La literatura considera a la reproducción femenina desde distintos
aspectos: biológica, social y de la fuerza de trabajo o cotidiana4.
La reproducción biológica está dada por la naturaleza, es decir que las
mujeres son quienes conciben y paren los hijos e hijas. Este hecho
biológico se prolonga en el plano social y las mujeres reciben un
mandato de maternidad que se presenta como ineludible desde los
designios culturales, aún para las que no han sido madres biológicas. Las
mujeres son quienes cuidan maternalmente no solamente a sus hijos e
hijas sino también a sus padres, a su pareja u otras personas (Lagarde,
2003).
Cuando se dice que las mujeres son responsables de la reproducción
de la fuerza de trabajo o cotidiana de la familia, se hace referencia al cuidado
(higiene y salud) y alimentación de la misma como así también a la
organización y mantenimiento del hogar, proveyendo las condiciones
que permitan la recuperación de las energías empleadas en las
actividades sociales y económicas del conjunto de los miembros de la
familia.
La reproducción social es la educación y transmisión de valores o
tradiciones, como así también las actividades comunitarias que asumen
las mujeres en las instituciones locales como la escuela, la iglesia u otras
organizaciones sociales.

3

Además de las experiencias personales, se utilizó para esta descripción informes de diferentes
diagnósticos participativos realizados en los últimos diez años. Se parte del llevado adelante por el
PROINDER en el año 1995 y considerando especialmente, los desarrollados durante los años 2003
como parte de la organización del Primer Encuentro Nacional de Mujeres Rurales y Aborígenes.
4 Este tema ha sido tratado en numerosos textos vinculados al la problemática del trabajo femenino y
su invisibilidad desde el punto de vista social y económico. Entre las autoras podemos mencionar a
Lourdes Benería (1984), Cristina Carrasco (1999), Pilar Campaña (1992) entre otras/os.

22

�Capítulo I: Los trabajos de las mujeres rurales

Estas tareas no son remuneradas y no son percibidas ni
contabilizadas social o económicamente como trabajo, ni siquiera por las
propias mujeres. Se ve natural que sea un trabajo femenino.
El trabajo reproductivo de las mujeres campesinas tiene
características específicas que lo diferencia del que realizan las mujeres
urbanas. Por lo general transcurre en el mismo espacio físico donde se
lleva adelante el trabajo productivo o las actividades generadoras de
ingreso del predio rural.
Por otra parte requieren mayor cantidad de tiempo y esfuerzo para
el acarreo de agua y leña principalmente. Además, como ocurre en
numerosos casos, parte de los alimentos se obtienen en la misma
explotación agropecuaria lo que implica una tarea adicional. Estas
actividades que son productivas, al ser realizadas por las mujeres se las
consideran reproductivas (crianza de animales menores, cuidado de la
huerta o preparación del almuerzo para los trabajadores). La distancia
que existe entre el trabajo doméstico y trabajo productivo es ambigua o
poco clara en las zonas rurales.
La asignación exclusiva de las labores domésticas y la crianza y
cuidado de los hijos a las mujeres es una de las fuentes principales de la
inequidad en las relaciones de género, ya que es uno de los factores más
importantes que mantiene a las mujeres aisladas de las esferas públicas,
lugar donde operan los procesos que contribuyen a generar el cambio
tecnológico, económico, político y social de un país.

2.2. Trabajo productivo en la finca y extrapredial
Los trabajos que realizan las mujeres varían en las diferentes
regiones, pero en la mayor parte de las agriculturas familiares participan
en la actividad de renta de la finca, elaboran productos para la venta
(artesanías, quesos, dulces, pan, etc.) y, cuando es posible, comercializan
los excedentes de su producción de autoconsumo. Cuando estas
actividades las realizan en el hogar junto a la familia y no reciben
remuneración, son consideradas como ayuda5.
Las mujeres rurales también trabajan fuera del predio en forma
estacional o permanente, dependiendo del tipo de actividad. Lo hacen
como jornaleras, en el servicio doméstico, en pequeños comercios, en la
administración pública. Aún cuando son ellas las que cobran el salario,
no siempre significa que decidan qué hacer con el dinero.
5

Para profundizar el concepto de trabajo como ayuda ver: Susana Narotzky (1988).

23

�Mujeres que trabajan la tierra

Su aporte a los ingresos de la familia, aunque no necesariamente
como productora agropecuaria, es significativo y sus actividades de
autoconsumo garantizan la seguridad alimentaria en los hogares rurales
pobres. Sin embargo, las mujeres tienen una baja participación en la toma
de decisiones de los recursos de la finca, siendo mayor sobre el destino
de los animales que sobre el de la tierra.
Las jornadas de trabajo de las mujeres rurales, considerando las
actividades productivas, reproductivas y domésticas, suman entre 16 y
18 horas por día6. Una descripción ilustrativa de una jornada de aquellas
que sólo trabajan en el predio familiar incluye la atención de la granja y
del ganado menor como primera tarea del día, antes del desayuno.
Durante la mañana, trabajan en el cultivo de renta según sea la época del
año, realizan actividades en la huerta, preparan el almuerzo y asean y
ordenan la casa. A la tarde lavan la ropa, vuelven a dedicarse al cultivo
de renta y a las actividades de autoconsumo y, cuando tienen, de la
manufacturación de artesanías. Antes de que anochezca, buscan leña y
encierran la majada, para finalmente preparar la cena (que en general, es
de menor elaboración que al mediodía) y cuidar de la ropa e higiene de
los hijos/as. A partir de las 20 ó 21 h, las tareas son más livianas. En
general, a medida que mejora la situación económica de la familia o si la
mujer está asalariada, la cantidad de horas dedicadas a las actividades
productivas disminuye.
Cuando en el predio hay trabajo pecuario, las mujeres dedican un
número variable de horas para el cuidado de los animales. Si hay
actividades de tambo, ordeñan los animales a la mañana temprano y en
muchas regiones se ocupan del pastoreo de los rebaños. En la época de
pariciones, el trabajo se recarga sobre todo por la alimentación de las
crías.
La cantidad de tiempo dedicado al trabajo doméstico aumenta en
las zonas donde hay problemas de acceso a los recursos naturales porque
las mujeres ocupan más tiempo en la recolección de leña y agua.
Además, los animales deben caminar mucha distancia rastreando
alimento y bebida y la búsqueda de los mismos para encerrarlos en el
corral a la noche es un tiempo adicional de trabajo. El acceso al agua y a
la leña –o al combustible necesario para cocinar–, como la cercanía entre

6

Esta información fue relevada en diferentes comunidades del norte de Argentina por medio de la
técnica de presupuesto de tiempo durante enero y febrero de 1995, en diagnósticos participativos
realizados con mujeres de hogares pobres.

24

�Capítulo I: Los trabajos de las mujeres rurales

las casas, la escuela y comercios, por ejemplo; disminuye las horas que
las mujeres dedican a las actividades domésticas.
Las actividades comunitarias se realizan, en general, a la tarde. La
recreación es limitada y se refiere, especialmente, a la visita de vecinos y
familiares, escuchar la radio, ver la televisión, tomar mate y, en muy
pocos casos, al juego con los niños/as.
En general, las mujeres dedican poco tiempo de su jornada a
actividades exclusivamente relacionadas con la crianza de los hijos/as.
En algunos casos, las hacen simultáneamente a los otros trabajos de la
casa o del predio7.
Por otro lado, existe una mayor flexibilidad para la incorporación de
las mujeres en las tareas productivas para el mercado (por ejemplo, por
migración de los varones o por necesidad en alguna actividad que
necesita mano de obra en forma intensiva en el cultivo de renta) que en
la sustitución de ellas en los trabajos domésticos‐reproductivos. Esto
implica que cuando las mujeres destinan una proporción mayor de sus
horas al trabajo productivo y nadie las reemplaza en sus actividades
domésticas, el descanso y la recreación son postergadas.
En las tareas que son de responsabilidad de las mujeres, existe la
ayuda tanto de los hijos como de las hijas. Sin embargo, las niñas ayudan
más en lo relacionado con el trabajo doméstico y reproductivo. En
general, el tiempo dedicado a cada tipo de trabajo como la cantidad y
calidad de ayuda que reciben de los otros miembros del hogar depende
del momento en el que se encuentra la familia: no es lo mismo un grupo
doméstico que se encuentra en la etapa de crianza que aquel que ya tiene
sus hijos adolescentes o casi adultos. Las mujeres con varios niños/as
pequeños/as se encuentran muy recargadas de trabajo y no tienen,
generalmente, quien las ayude.
Las mujeres tienen una escasa valoración de su trabajo y no
advierten la cantidad de horas que trabajan en el día ni como esto limita
su participación en actividades comunitarias y sociales. Al hacer los
presupuestos de tiempo, se pone en evidencia su trabajo, lo poco
valorado que está, lo invisible que es y lo efímero de sus esfuerzos.
Cuando son jefas de hogar –en general, esto ocurre porque no hay
un varón en el hogar por migración temporal o permanente o por la
muerte del cónyuge–, existe una mayor fragilidad económica y social de

7

Por ejemplo, si tiene un bebé de pecho, lo lleva con ella y lo amamanta mientras realiza otras tareas.
En la Puna, por ejemplo, las mujeres llevan en su espalda a los niños durante los primeros años de
vida mientras realizan todas las otras tareas.

25

�Mujeres que trabajan la tierra

las familias. Esto se debe a que, por su condición simultánea de
responsables de la reproducción del grupo doméstico y de productoras,
las mujeres no siempre pueden cultivar toda la tierra disponible u
ocuparse de las actividades generadoras de ingresos. Además, tienen
escasa o nula experiencia en gestión, al mismo tiempo que dificultades
para acceder a los servicios de extensión y crédito. Por otro lado, cuando
las mujeres reemplazan a los varones en las tareas prediales porque estos
migraron, no siempre implica que pueden tomar decisiones sobre los
recursos de la finca y eso debilita el proceso productivo.
Cuadro N° I.1
Ejemplos de actividades productivas discriminadas por género
Actividades preferentemente
femeninas
Cuidado de animales
pequeños
Comercialización ganado
menor
Pastoreo y cuidado de
rebaños
Esquila
Hilado
Comercialización de
artesanías
Encañado y desencañado de
tabaco
Desgranado y molienda del
maíz
Elaboración de pan, quesos,
dulces
Ordeñe de vacas y cabras
Cuidado de la huerta y granja
Comercialización de
hortalizas, frutas, aves y
ganado menor en ferias

Actividades
preferentemente masculinas
Comercialización de ganado
mayor
Laboreo del suelo

Actividades indiscriminadas
por género
Siembra

Labores culturales con
caballos
Comercialización de
productos agrícolas

Transplante

Manejo de los almácigos

Fumigación
Carpida de los cultivos
Cosecha
Cuidado de los animales
mayores
Artesanías

La discriminación de tareas planteada en el cuadro siguiente no
implica que las actividades descriptas preferentemente como femeninas
no puedan ser realizadas por los varones, si no que es más probable que
las realice una mujer que un varón en los sistemas productivos
campesinos de nuestro país, y lo mismo con respecto a las actividades
preferentemente masculinas. En general, esta división está planteada
dentro de nuestra sociedad por la cantidad de esfuerzo físico necesario
26

�Capítulo I: Los trabajos de las mujeres rurales

para cada tarea, dejando para los varones aquellas que requieren más
fuerza aunque esto varía según la cultura local. Por ejemplo, mientras
que en muchas zonas las mujeres no preparan la tierra por la cantidad de
fuerza que se necesita, en otras hay campesinas que lo hacen con
animales de tiro. Lo mismo ocurre con el tejido en lana de mantas de
gran tamaño: en la zona de la Quebrada de Humahuaca y Puna
(Provincia de Jujuy) es una actividad masculina, mientras que en
Santiago del Estero es exclusivamente femenina. También se plantean
razones culturales relacionadas al ciclo femenino, no dejando a las
mujeres sembrar porque si están menstruando las semillas no nacen o
pueden “quemar” la planta y, por lo tanto, en algunas zonas, la siembra
es una tarea exclusivamente masculina.

2.3. Las pequeñas producciones
Las superficies de producción de las agriculturas campesinas varían
en las diferentes zonas del país y según los cultivos. Buena parte de las
mismas están ubicada en zonas productivas marginales de Argentina y
esto implica que tienen dificultades agroecológicas para su desarrollo. En
general, se trata de parcelas pequeñas e insuficientes para obtener una
renta razonable y, por lo común, obtienen rendimientos inferiores al
promedio por falta de los recursos necesarios como el agua, fertilizantes,
insecticidas, herramientas, etc. y, en algunos casos, por escasa
capacitación. Existe una tendencia hacia el monocultivo y, en algunas
situaciones, una dependencia de paquetes tecnológicos no siempre
apropiados a sus sistemas productivos.
El trabajo en el cultivo es familiar y, eventualmente, en momentos
pico del ciclo productivo se emplean jornaleros/as o se acuerdan
servicios de reciprocidad entre vecinos/as para el transplante y cosecha.
Son pocos los casos que compran insumos o realizan la
comercialización de sus productos en forma conjunta, aunque se suele
plantear como una solución a los problemas de mercadeo. No pueden
esperar a tener mejores precios para sus productos, tanto por razones
económicas como por falta de condiciones para el acopio. Según las
circunstancias, a veces entregan sus cosechas a grandes productores
vecinos que funcionan como acopiadores, aunque no siempre esto
asegura el cobro de la mercancía. En otros casos, existe una marcada
dependencia con intermediarios existentes en la zona.
Es frecuente que reciban como pago mercaderías que la familia
consume a lo largo de la campaña, obteniendo en el intercambio un
27

�Mujeres que trabajan la tierra

menor precio para el producto y pagando un mayor costo en los
artículos de primera necesidad consumidos.
Los ingresos provenientes de los cultivos se completan, en algunas
regiones, por medio de la venta de leña, carbón o postes de madera
extraída de bosques cercanos a las explotaciones agropecuarias. Las
actividades forestales, en general, se caracterizan por ser más masculinas
que femeninas, sobre todo en lo que se refiere al cortado de árboles y uso
de motosierras. Sin embargo, las mujeres participan en el apilado de la
madera y ramas, acarreo de leña pequeña, encendido de los hornos y
retiro del carbón de los mismos, cuidado del quemado de parvas de
carbón y, especialmente, en las actividades de plantación y riego de
árboles.
Hay familias que fabrican ladrillos y disponen de otros ingresos
procedentes de la venta de animales y de la ayuda de familiares
radicados en las ciudades.
Las actividades de autoconsumo –destacándose los cultivos de
maíz, mandioca y hortalizas– son prioritarias en todos los casos, siendo
para algunas familias el factor que les permite mantenerse en el medio
rural.
El régimen de tenencia es, en general, precario –los títulos de
propiedad no están saneados– y un porcentaje considerable de
explotaciones campesinas es directamente ocupante de tierras privadas o
fiscales. Las familias que viven en sucesiones indivisas no consideran
prioritaria la regularización de los títulos de propiedad porque implica
gastos elevados en impuestos y en mensuras. Además, son decisiones
que implicarían la participación de todos los miembros de la familia,
quienes no siempre se encuentran en el área rural. En general, los títulos
de propiedad de las explotaciones no están a nombre de las mujeres.
Los problemas de tenencia de la tierra recrudecieron a partir del
2002, con la ampliación de la frontera agrícola en el país. En muchas
provincias este no es un problema nuevo, aunque quizás sí lo sea la
expansión de capitales sobre tierras productivamente marginales. Las
mujeres plantean el problema de tierras como parte de un proceso de
privatización y concentración de las mismas que se vino gestando desde
los años noventa, posibilitado en parte, por la falta de regularización de
la tenencia de los/as pequeños/as productores/as. La lucha por la tierra

28

�Capítulo I: Los trabajos de las mujeres rurales

presenta experiencias valiosas en varias zonas campesinas y
comunidades aborígenes8.
Las pequeñas producciones familiares están actualmente
amenazadas no sólo por los conflictos de tierra como por la tala
indiscriminada de bosques relacionada con la habilitación de tierras para
la agricultura y el uso excesivo de agroquímicos peligrosos para la salud
humana, que para algunos cultivos es prácticamente una imposición por
parte de las empresas que compran los productos.
Las mujeres plantean que las consecuencias del abuso de
agroquímicos son a largo plazo porque, por ejemplo, se contaminan
cursos de agua y porque existen problemas de intoxicación que no son
identificados en los hospitales por falta de capacitación del personal y
por la inexistencia de tratamientos adecuados. Algunas de las patologías
asociadas a estos tóxicos son las enfermedades de piel o respiratorias y el
incremento de las personas que padecen cáncer, depresiones y suicidios.
En general, el tema de los agroquímicos aparece para las agriculturas
familiares como un problema que debe ser resuelto desde el Estado por
medio de controles y que la inexistencia de medidas preventivas y
capacitación es parte del escenario actual.

2.4. Las asalariadas rurales
La decisión del empresario de contratar a varones o a mujeres,
depende de los trabajos a realizar. Hay tareas que son exclusivamente
masculinas, como por ejemplo el desmonte, y otras donde se busca
preferentemente mano de obra femenina, como el arándano. Aunque en
términos generales, la mayoría de los asalariados rurales son varones.
Las relaciones laborales son en su mayoría precarias y temporales y,
en consecuencia, no se realizan aportes a la seguridad social por lo que
probablemente este tipo de trabajador/a dependerá de la ayuda de sus
familiares durante la vejez. Suele pagarse menos a las mujeres que a los
varones por la misma tarea, de la misma manera que ocurre en
prácticamente todos los mercados de trabajo.

8

En las memorias, tanto del Primer Encuentro Nacional de Mujeres Rurales y Campesinas como de
los talleres preparatorios del mismo, se encuentran referencias realizadas por mujeres de distintas
regiones del país sobre esta problemática. Se relatan las estrategias de defensa por el derecho a la
propiedad llevadas adelante por comunidades campesinas y por comunidades aborígenes de
diferentes etnias.

29

�Mujeres que trabajan la tierra

Actualmente, una modalidad que representa una marginalidad aún
mayor que la de jornaleros/as es cuando un contratista convoca y asigna
las tareas a un grupo de asalariados/as que él representa. Esta persona
realiza todas las transacciones necesarias con el empleador y las
condiciones nunca favorecen al trabajador rural. Uno de los problemas
más comunes es que se pacta un salario que finalmente no se cumple al
finalizar la tarea.
Las épocas de asalariamiento dependen de la zona y del cultivo
existente en la misma y la cantidad de meses en los que hay empleo
temporal cambia en las diferentes regiones, siendo generalmente entre 3
y 5 meses.
En las empresas agroindustriales, la jornada de trabajo es de
aproximadamente 12 horas y el total de los/as empleados/as no siempre
están en el libro, por lo que no todos/as cuentan con los beneficios
correspondientes. Las condiciones de trabajo pueden ser de riesgo para
la salud y no hay guarderías, lo que discrimina a las mujeres con hijos/as.
También hay problemas con la estabilidad de la fecha de pago y varias
sólo contratan personal en algunos meses del año.
Las asalariadas temporarias de empresas agroindustriales
caracterizan el ambiente de trabajo y el desarrollo de sus actividades
como “... muy sacrificado...”. En algunos casos, las tareas que realizan
demandan muchas horas paradas en un mismo lugar, con temperaturas
extremas y un control estricto.

2.5. Las artesanías
Las artesanías son una actividad característica de las mujeres rurales
en nuestro país. Aunque rara vez impliquen un ingreso económico
estable, las campesinas las prefieren porque pueden hacerlas en sus casas
en el tiempo que les queda libre entre las tareas que deben realizar.
Además, la materia prima que utilizan proviene, en su mayor parte, de
producciones de su propio sistema.
Los problemas más importantes se relacionan con la
comercialización ya que no hay un mercado cierto y casi nunca se paga
el valor del trabajo. Lo que las mujeres logran en la mayoría de los casos
es vender el producto artesanal para recuperar únicamente la inversión
en la materia prima. Sin embargo, hay varias propuestas a lo largo del
país provenientes de entes gubernamentales y no gubernamentales que
buscan la revalorización de las artesanías.

30

�Capítulo I: Los trabajos de las mujeres rurales

Actualmente, se observan algunos cambios en ciertas zonas: las
mujeres que producen artesanías las hacen y venden en forma más
regular y se tiende a la incorporación de mejoras en cuanto a tecnologías
y procesos. Por ejemplo: paso del huso a la rueca; de tintas artificiales a
teñidos de origen natural; aplicación de diseños que tienen en cuenta los
gustos y usos de los posibles destinatarios; diversificación de materiales
para superar las limitaciones de provisiones estacionales de insumos y la
inclusión de otras fibras de origen campesino como es el algodón en los
tejidos.

2.6. Condiciones de vida de las mujeres rurales
La falta de agua es uno de los problemas más generalizados que
afecta la calidad de vida de las mujeres rurales, aunque lógicamente
existen diferencias agroecológicas y hay zonas en el país donde es
abundante por la cantidad de lluvias que se registran. En las zonas
áridas o de secano, las familias consumen agua de represas, compartidas
simultáneamente con los animales –con los consecuentes problemas de
contaminación–, o de fuentes subterráneas. No está desarrollado en
todas las regiones un sistema de aljibes o depósitos para la recolección y
conservación de agua de lluvia. Las consecuencias de la falta de agua
resultan en un exceso de trabajo durante los meses sin lluvias para el
acarreo de la misma además de la dependencia con los municipios
locales, para la entrega de agua a las escuelas y familias.
Por otro lado, el proceso de ajuste estructural de la década del
noventa dio como resultado el abandono de los sistemas de riego por
parte del Estado, lo que ha perjudicado especialmente a los pequeños
productores y sus familias.
La mayoría de los hogares utilizan leña para cocinar y calentar el
agua. Esto implica una tarea adicional en los trabajos de las mujeres
rurales, además de la sobre‐explotación de los recursos forestales en
algunas regiones y los problemas que se presentan cuando éste es un
bien escaso, como en la Puna y en la Patagonia, donde las distancias a
recorrer para encontrar la leña son cada vez mayores.
El estado de los caminos es un obstáculo para la comunicación, la
comercialización y el traslado de los enfermos y el costo económico de
los transportes es altísimo en casi todas las zonas.
La desregulación de los servicios de transporte permitió durante los
´90, la proliferación de servicios privados, ya sean remises o combis que
facilitaron el traslado de las personas. Sin embargo, el estado de estos
31

�Mujeres que trabajan la tierra

vehículos se ha ido deteriorando y, como son pequeñas empresas, no
logran reponer sus unidades. De esta manera, hay zonas con problemas
de servicios de transporte público.
La telefonía celular se ha difundido de manera masiva y ya existen
muchas familias que disponen de este medio para comunicarse.

2.7. La salud
Las mujeres rurales pobres, al igual que las mujeres aborígenes,
explicitan como sus principales problemas a la salud y la educación de la
familia, conjuntamente con la seguridad alimentaria.
El deterioro de la salud pública, como consecuencia de las políticas
de ajuste de la década del noventa, afecta a toda la población y, en
particular, a las mujeres como las responsables de la reproducción del
grupo familiar.
El proceso de descentralización de los programas y servicios de
salud ha dejado como resultado diferentes realidades a nivel de las
provincias. Conviven entonces estructuras sanitarias desmanteladas, con
centros de salud abandonados, sin personal, equipamiento o
medicamentos, en algunas provincias y en otras, por lo contrario, la
población tiene un nivel de cobertura ejemplar en las áreas rurales9.
La salud‐enfermedad es un proceso que está condicionado por
determinantes sociales y culturales vinculado a cuestiones de clase,
género, etnia o al contexto político y económico. Algunos de los
determinantes más importantes para la salud de las mujeres en el medio
rural son: el trabajo, la sexualidad y la reproducción, el medio ambiente,
la pobreza, las relaciones patriarcales y la accesibilidad a la atención
sanitaria10.
En el campo de la sexualidad y la reproducción se ven expresados
claramente los mandatos (religiosos o culturales) que buscan controlar el
cuerpo de las mujeres. Las mismas carecen de información sobre sí
mismas y, en consecuencia, los embarazos adolescentes son frecuentes y

9

Por ejemplo, desde la descentralización del Programa Nacional de Chagas hacia los estados
provinciales, hay un aumento del número de casos agudos de esta enfermedad en las provincias que
no han asumido el control del vector.
10 Se debe considerar que la salud en las áreas rurales está atendida por diversos agentes que
conviven y se complementan representando a la medicina tradicional y la académica: el equipo de la
salud pública (médicos/as, enfermeras, agentes sanitarios), las parteras tradicionales, los/las
curanderas con todas sus especialidades y personas (en especial mujeres) que tienen saberes sobre uso
de hierbas o manejo de prácticas para resolver una multiplicidad de problemas de salud de sus
comunidades.

32

�Capítulo I: Los trabajos de las mujeres rurales

en su mayoría la figura masculina está ausente11. Las dificultades para
continuar un estudio en el Polimodal lleva a que la maternidad se
presente como un proyecto para la vida para algunas jóvenes (Piñero,
1998).
Se estima que el número de abortos es menor en las zonas rurales,
pero se realiza en condiciones de mayor riesgo y vulnerabilidad, para
luego llegar a la atención médica de manera tardía y en grave estado. En
consecuencia, se puede deducir que la mortalidad por abortos es
proporcionalmente mayor en las zonas rurales alejadas, que en la ciudad.
El programa de salud sexual y reproductiva no tiene la cobertura
necesaria para las áreas rurales y, en otro orden, no contempla la
necesidad de adaptación a diferentes realidades culturales. Las mujeres
tienen pocas posibilidades de hacerse prácticas ginecológicas
preventivas, como el papanicolau y la mamografía y la condición de
población migrante las expone al riesgo de contraer infecciones de
transmisión sexual, entre ellas el HIV.
Los accidentes son uno de los problemas más angustiantes en el
campo, desde los que ocurren en el hogar como las quemaduras con el
fuego de la cocina o el que se corta con el hacha o el machete hasta los
que se relacionan con accidentes cerebrales o cardíacos. Las distancias y
la escasez de medios de transporte hacen que la asistencia llegue
tardíamente. Las dificultades para la accesibilidad a los servicios de
salud son geográficas –por las distancias y los caminos–, económicas –
por el costo del traslado y de los medicamentos– y culturales –por el
lenguaje usado por el prestador y el trato discriminatorio que se les da en
ocasiones a las personas del campo– 12.
Otro problema asociado a la salud es la falta de seguridad social,
tanto la destinada a la cobertura médica como las jubilaciones y
pensiones.

2.8. La educación
La aplicación de la Ley Federal de Educación ha perjudicado a
distintas zonas rurales. El agrupamiento de las escuelas en el tercer ciclo
de EGB (Educación General Básica), ha llevado a que los/as niños/as
completen solamente hasta el 6º año del 2º ciclo, ya que resulta difícil
11

Un estudio, realizado en Santiago del Estero, muestra que el 42% de las mujeres del área rural
tuvieron su primer hijo/a sin que el padre de la criatura asumiera su paternidad. (Canevari, 2005).
12 Al respecto, hay numerosas referencias en la memoria del Primer Encuentro Nacional de Mujeres
Rurales y Aborígenes.

33

�Mujeres que trabajan la tierra

llegar a las escuelas agrupadas que se encuentran a mucha distancia o
que implica que vivan fuera de la casa.
Además de los históricos problemas de falta de valorización de los
conocimientos locales en las áreas rurales, hay un desmejoramiento
manifiesto en lo que los niños/as aprenden. Los padres y las madres
reconocen los bajos salarios docentes, que influye sobre el ausentismo de
los mismos, repercutiendo en la calidad educativa.
La dispersión de los predios en algunas zonas implica que los/as
niños/as caminen muchos kilómetros por día para acceder a la escuela y,
prácticamente, los establecimientos preescolares son escasos. Hay un
apoyo explícito hacia los comedores escolares, que no se manifiesta por
igual en todos los distritos.
En general, en las zonas donde hay posibilidades de asalariamiento
temporal, los niños y jóvenes abandonan los estudios antes de
finalizarlos y el sexo de los desertores depende del tipo de tareas en las
que haya trabajo. En las zonas donde los cultivos tienen momentos de
mucha necesidad de mano de obra (carpida, cuidados culturales en
general y, especialmente, cosecha), los/as chicos/as dejan de ir a la
escuela durante el tiempo que se los requiera en el predio familiar.
Sin embargo, también ha aumentado la posibilidad de acceso a las
escuelas secundarias para algunos sectores –se han instalado más centros
educativos en el interior del país, algunos relacionados con la iglesia
católica–, aunque generalmente los/as jóvenes no logran concluir el ciclo.
En general, las mujeres de menos de 60 años han sido alfabetizadas,
si bien esto no es extendido para todas las áreas rurales del país. Sin
embargo, las campesinas que tienen más de 40 años no siempre han
podido finalizar la escuela y durante su vida no han desarrollado la
lectura ni la escritura y, por lo tanto, tienen dificultades para la
matemática, o para leer y escribir. Recientemente se puede observar la
aparición de jóvenes analfabetos/as que son consecuencia de los últimos
períodos de crisis económica del país. Frente a este problema es notable
la escasez de programas de alfabetización de adultos/as rurales.

2.9. Las familias
Los hogares suelen estar compuestos por más de una generación y
el número de hijos es muy variable, pero se encuentran siempre familias
más numerosas que en el área urbana. Hay predios en los que viven más
de 10 personas y es común que las abuelas críen nietos de hijas que han

34

�Capítulo I: Los trabajos de las mujeres rurales

migrado para trabajar en las ciudades. El cuidado de los/las ancianos/as
es un trabajo que recae ineludiblemente sobre las hijas mujeres.
Las pautas de consumo básico de los hogares incluyen alimentos
que deben comprar –yerba mate, harina de trigo, azúcar refinada, aceite,
condimentos–, lo que implica una necesidad de ingresos monetarios. La
información recolectada en el Departamento Figueroa (Santiago del
Estero), durante la etapa de diagnóstico del PROINDER, señaló un
consumo promedio por mes y por persona de 9,5 kg de harina de trigo,
casi 3 kg de azúcar, aproximadamente 1 kg de yerba mate y 1,4 de grasa
por persona en un mes. A esto hay que sumarle la compra de 1 kg de
carne y otro de arroz o fideos por semana por persona y de papas (entre
1 y 4 kg/mes/persona). El gasto en frutas y verduras es muy bajo. La
alimentación se completa con carne de gallinas, lechones, corderos y
cabritos, además de los huevos procedentes del predio familiar.

2.10. La violencia contra las mujeres
La violencia doméstica ejercida hacia las mujeres y los/as niños/as
suele ser un tema tabú en las poblaciones rurales. Sin embargo, la
violencia contra las mujeres constituye una pandemia que afecta a todas
las sociedades y es un grave problema de salud pública que está lejos de
ser atendido correctamente y que está íntimamente relacionada con el
alcoholismo.
Algunos estudios (OPS, 2003) muestran que la violencia es menor
en las áreas rurales comparadas con las urbanas. Pero presenta algunas
problemáticas adicionales vinculadas al aislamiento que dificulta la
visibilidad del problema y a que la policía local tiene un trato cercano
con la familia y se resiste a recibir las denuncias. Por otro lado, las
grandes distancias que las separan de los servicios de salud y de justicia
hacen que la resolución a través de los mecanismos legales enfrente
diversos obstáculos.
La participación de las mujeres en los grupos ha sido una
herramienta eficaz para solucionar este problema en la medida que las
participantes mejoran su autoestima y su situación dentro de la familia
(menos miedo de hablar, por ejemplo), además de que existe un mayor
conocimiento de sus derechos. Las mujeres que participan en
organizaciones con perspectiva de género piden que las compañeras que
sufren violencia sean escuchadas, que se les brinde el apoyo que
necesitan por parte de personal especializado/a en la policía, en los
centros de salud y en el poder judicial. Su reclamo sobre este tema es que
35

�Mujeres que trabajan la tierra

se haga justicia, que haya una atención rápida y eficaz en los casos de
violencia doméstica, abuso sexual y violación y que existan programas
de prevención del alcoholismo porque hay un aumento del consumo de
bebidas alcohólicas en los/as jóvenes y jefes de hogar.

36

�Capítulo II: Las mujeres rurales en el país según los datos censales de 2001

Capítulo II
Las mujeres rurales en el país según
los datos censales de 200113
En este capítulo se proporciona información del Censo Nacional de
Población, Hogares y Viviendas 2001 (CNP 2001)14, con la intención de
conocer la cantidad y algunas de las principales características de las
mujeres y varones que viven las áreas rurales. En esta descripción se
incluye a las pequeñas localidades de 2000 a 5000 habitantes con el
objetivo de tener una imagen completa del territorio donde los/as actores
sociales del campo desarrollan sus vidas y trabajos
El CNP considera que una localidad es urbana o rural según la
cantidad de personas que viven en la misma. Por lo tanto, un lugar es
rural cuando lo habitan menos de 2000 habitantes. A la vez, la población
rural está diferenciada en rural dispersa o rural agrupada, considerando
a la dispersa a toda zona poblada o semipoblada en campo abierto
donde las viviendas no se encuentran concentrados espacialmente ni
conectados entre sí por calles, o donde en razón de la poca densidad
poblacional no se le dio nombre a dicha zona. En cambio, las áreas
rurales agrupadas son las poblaciones de menos de 2000 habitantes
(Gerardi, 2004).
El capítulo comienza con la presentación de los datos de la
población total discriminados por el lugar de residencia y por sexo, lo
cual se repite para la población mayor de 14 años. Se realiza una
enumeración de las provincias donde la cantidad de habitantes rurales
disminuyó con respecto al Censo Nacional de 1991 y continúa con una
caracterización de los y las habitantes rurales según la edad, el nivel
educativo, la condición de actividad, la ocupación y la jefatura de hogar,
particularizando a los hogares con necesidades básicas insatisfechas.

13

Agradecemos a Alejandro Gerardi, de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos,
la ayuda y su excelente predisposición para la realización de este capítulo.
14 Para este análisis, se utilizaron procesamientos especiales solicitados por la Secretaría de
Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos (SAGPyA) al Instituto Nacional de Estadísticas y Censos
(INDEC).

37

�Mujeres que trabajan la tierra

1. La población del área rural
El Censo Nacional de Población y Vivienda de 1980 cuantificó un
17% de población rural –lo que equivale a 4.677.235 personas– y en el de
1991, ese porcentaje disminuyó a un 12,8% (4.179.418 personas). En 2001,
sobre una población total de 36,2 millones de habitantes, 32,4 millones de
personas residen en áreas urbanas (89%) y 3,8 en las áreas rurales (11%).
Estas cifras muestran la magnitud de la urbanización en la población de
Argentina.
Cuadro N° II.1
Distribución de la población total del país, discriminada por
lugar de residencia (rural‐urbana; agrupada‐dispersa), sexo y edad
Población total del país en 2001
Total de habitantes en el país

100%
89%
11%

36.260.130
32.431.950
3.828.180

Total población urbana
Total población rural

Población discriminada por sexo

Varones
Mujeres

Total
17.659.072
18.601.058

49%
51%

Urbana
15.629.299
48%
16.802.651
52%

Rural
2.029.773
53%
1.798.407
47%

Población rural discriminada por agrupada y dispersa

Varones
Mujeres

Población en áreas rurales
Dispersa
1.409.674
54%
1.194.973
46%

Total

Población en áreas rurales
Agrupada
620.099
51%
603.434
49%

2.604.247

1.223.533

Población de 14 años y más
26.681.048
Total de población en el país
23.153.556
Población loc. de más de 5.000 hab.
932.083
Población loc. 2.000 a 5.000 hab.
2.595.679
Total de población rural

100%
87%
3%
10%

Población de 14 años y más en áreas rurales
Varones
Mujeres

1.395.183
1.200.496

54%
46%

Fuente: Censo Nacional de Población 2001 (INDEC, 2005). Elaboración propia.

38

�Capítulo II: Las mujeres rurales en el país según los datos censales de 2001

Como es posible observar en el cuadro anterior, la cantidad de
varones en relación a la de mujeres es superior en la población rural, y
esto se mantiene a lo largo de todo el país.
En la mayoría de las provincias, la población femenina rural no
supera el 48% y en San Luis, Neuquén y Formosa es de sólo al 45%. En
las provincias más australes, el porcentaje de mujeres rurales disminuye
considerablemente: Chubut tiene un 44% de población femenina; Tierra
del Fuego, 31% y Santa Cruz, 30%15. Probablemente esto se explique por
el tipo de actividades y empleo existente en el campo de la zona sur del
país. La vida del trabajador rural transcurre en grandes estancias
dedicadas a la cría de ovejas, que deben cuidar en busca de pastos en
amplias extensiones desérticas, con un clima frío y ventoso, enfrentando
la escasez de recursos naturales (agua y leña, principalmente) lo que
desalienta a la instalación permanente de familias.
Si se considera únicamente la población mayor de 14 años, se
observa que el porcentaje de mujeres es aún menor que en la población
rural total ya que sólo el 46% es femenina. Esta característica se mantiene
en casi todas las provincias y se profundiza en aquellas que ya fueron
señaladas por tener menor proporción de mujeres sobre el total.
Otra característica de la población rural en Argentina es la tendencia
a la dispersión geográfica, ya que la mayoría (68%) vive en zonas
semipobladas o lo que se definió anteriormente como rural dispersa. Por
ejemplo, las provincias de Corrientes, Chaco, Formosa, Mendoza,
Misiones y Tucumán tienen el 80% de su población rural establecida en
áreas rurales dispersas. Lo contrario ocurre en Catamarca, La Rioja y La
Pampa, porque en estas provincias la mayor parte de los/as habitantes
rurales (64%) vive en caseríos (rural agrupada)16. En general, y en
comparación a los varones, hay más mujeres en las pequeñas
localidades.

2. El descenso de la población rural
Hacia 1810, la cantidad de habitantes rurales de Argentina era
inferior a un millón de personas y representaba el 82% de la población
total. En 2001, casi doscientos años después, hay cerca de cuatro millones
de personas viviendo en el medio rural, lo que constituye sólo el 11% de
la población del país.
15
16

Ver Tabla 1.1 del Anexo N°1, de este capítulo.
Ver Tabla 1.1 del Anexo Nº1, de este capítulo.

39

�Mujeres que trabajan la tierra

Este descenso de los/as habitantes rurales es un proceso que se
acentuó en las últimas décadas y en el lapso entre los dos últimos censos
de población –1991 a 2001–, se expresó con la disminución de 351.238
personas. Se trata de una tendencia de la población del país que prefiere
formas urbanas de residencia y de vida y se observa casi por igual a lo
largo de todo el territorio nacional17.
Buenos Aires es la provincia que más población rural expulsó en
valores absolutos, siguiéndole Chaco, Santa Fe y Córdoba. Si se analiza
en términos relativos, Santa Cruz es la provincia que mas redujo su
población rural, ya que tiene un 45% menos que en el año 1991.
Las razones de la disminución de la población rural no son posibles
de generalizar para todo el territorio. Sin embargo, los procesos de
concentración de la propiedad en antiguas regiones chacareras –
inclusive en algunas áreas campesinas– y la introducción de capital en
forma de tecnología para reemplazar mano de obra resultan evidentes en
varias regiones del país. En las provincias del centro, el modelo
empresarial de la producción agraria está creando nuevas
configuraciones sociales y residenciales, donde la disminución de
población estable se compensa con mano de obra que migra
transitoriamente, a menudo desde áreas urbanas o periurbanas.
Por otro lado, el descenso de la población rural tiene sus
excepciones. En el noroeste (NOA), tres provincias aumentaron su
población rural: Catamarca tiene casi un 9% más de habitantes en el
campo que en 1991 mientras que en Tucumán y Santiago del Estero
creció un 3%. Mendoza también captó más población en su medio rural
(4,5%) y Neuquén lo hizo, pero con un porcentaje bajo (1,7%). Es Tierra
del Fuego quien tuvo un ascenso notorio: 44% más de habitantes del área
rural, aunque en valor absoluto sólo representen 902 personas. Aunque
no conocemos las razones específicas del aumento de la población rural
en estos casos, es probable que en la región noroeste se relacione con el
retorno de migrantes ante la inestabilidad laboral de la década del
noventa. Justamente, estas provincias del NOA han aportado muchos
trabajadores/as al centro y sur del país desde hace varias generaciones y
es una población con lazos familiares y residenciales que les permiten el
retorno a sus provincias de origen. Es decir, son campesinos/as que
migran a los centros urbanos en busca de mejores condiciones de vida,
pero dejando un hogar en las áreas rurales que les permite el retorno
cuando lo consideran necesario (por falta de trabajo o de vivienda o
17

40

Ver Tabla 1.2 del Anexo Nº1, de este capítulo.

�Capítulo II: Las mujeres rurales en el país según los datos censales de 2001

porque el padre y la madre no se pueden hacer cargo del predio rural y
vuelven a ayudar) y eso los diferencia de otras situaciones donde la
migración deja a algunas zonas totalmente despobladas.
En general, donde hubo descenso de población rural entre los dos
censos, la disminución en la cantidad de mujeres es menor que la de
varones. En Chubut, donde hay 1,5% menos de varones, la población
femenina rural aumentó en el mismo porcentaje y en Salta, el descenso
de la población rural es exclusivamente masculina. La excepción es el
caso de Santa Cruz, donde las mujeres migraron más significativamente
que los varones.
En las provincias que presentan un crecimiento de la población
rural, el ascenso de las mujeres es mayor que el de los varones. En
Mendoza, el aumento de mujeres duplica al de varones y en Tucumán y
Neuquén, lo triplica. Esto no ocurre en Santiago del Estero, donde la
ampliación de la población rural es mayormente masculina. El caso
llamativo nuevamente es Tierra del Fuego porque el incremento de las
mujeres es de 117% mientras que el de varones fue sólo de 24%18.

3. La edad de las mujeres y los varones en el área rural
La pirámide de edades del conjunto de la población rural del país
muestra que la mayor cantidad de habitantes del campo está en el grupo
de 5 a 9 años. A partir de los 10 años, comienza una disminución
paulatina tanto de los varones como de las mujeres.
Es posible apreciar un pequeño angostamiento entre el grupo de 0 a
4 años en comparación al de 5 a 9 años, tal vez ocasionado por una
menor natalidad en los años previos al Censo Nacional.
La expulsión del campo de los y las jóvenes está reflejada en este
gráfico. Es notoria la disminución del número de niñas desde los 10 años
hasta las jóvenes de 20 que continúa hasta los 34 años. A partir de esa
edad, sigue disminuyendo pero en un ritmo menos desacelerado hasta
los 55 años, donde aparece otra reducción llamativa aunque en este caso
más marcada para la población masculina. El número de niños y jóvenes
se reduce notablemente desde los 15 años, con un gran salto en el rango
que va entre los 25 y 29 años, por lo que se puede deducir que los
varones migran más tardíamente que las mujeres.

18

Esta información se encuentra detallada en la Tabla 1.2 del de este capítulo.

41

�Mujeres que trabajan la tierra

Figura N° II.1
Pirámide de la Población rural total
85 y más
80 - 84
75 - 79
70 - 74
65 - 69
60 - 64

Grupos de edad

55 - 59
50 - 54
45 - 49
40 - 44
35 - 39
30 - 34
25 - 29
20 - 24
15 - 19
10 - 14
5-9
0-4
250000

200000

150000

100000

50000

0

50000

100000

150000

200000

250000

300000

Cantidad de mujeres y varones
Mujeres

Varones

Al analizar la pirámide de edades de la población rural
discriminada por sexo, se observa que los varones superan a las mujeres
en todos los grupos de edad y es entre los 45 y 64 años donde la
proporción de varones es notoriamente mayor a la de mujeres.
Por lo contrario, en las áreas urbanas a partir de los 25 años se
observan tasas de feminidad más elevadas, que se hacen notorias en el
grupo de 65 y más años donde las mujeres llegan a ser el 60% de la
población19.

19

42

La tasa de mortalidad diferencial para varones y mujeres explica estos porcentajes.

�Capítulo II: Las mujeres rurales en el país según los datos censales de 2001

Cuadro N° II.2
Cantidad de mujeres y varones, discriminada por lugar de residencia
(rural‐urbana) y por edad
Población rural

Grupos

Población urbana

edad

Mujeres

%

Varones

%

Total

Mujeres

%

Varones

%

Total

0–4

217.245

49

225.358

51

442.603

1.428.843

49

1.477.832

51

2.906.675

5–9

222.312

49

231.057

51

453.369

1.488.246

49

1.529.602

51

3.017.848

10 – 14

201.123

48

214.048

52

415.171

1.487.333

49

1.524.696

51

3.012.029

15 – 19

164.791

47

187.610

53

352.401

1.410.483

50

1.425.420

50

2.835.903

20 – 24

144.330

46

166.748

54

311.078

1.457.070

50

1.431.191

50

2.888.261

25 – 29

118.039

47

134.874

53

252.913

1.247.809

51

1.194.619

49

2.442.428

30 – 34

103.730

47

118.900

53

222.630

1.101.475

51

1.040.798

49

2.142.273

35 – 39

98.255

46

115.065

54

213.320

1.044.762

52

971.535

48

2.016.297

40 – 44

91.666

45

110.977

55

202.643

1.001.723

52

932.170

48

1.933.893

45 – 49

82.071

44

103.572

56

185.643

930.705

52

855.563

48

1.786.268

50 – 54

77.294

44

100.263

56

177.557

878.060

52

794.864

48

1.672.924

55 – 59

65.652

44

82.939

56

148.591

720.235

53

635.220

47

1.355.455

60 – 64

58.610

44

74.234

56

132.844

628.468

55

523.025

45

1.151.493

65 – 69

48.823

45

59.957

55

108.780

561.421

56

439.587

44

1.001.008

70 – 74

41.520

47

47.664

53

89.184

532.579

59

374.762

41

907.341

75 – 79

29.643

50

30.211

50

59.854

409.197

61

258.844

39

668.041

80 – 84

18.594

54

16.106

46

34.700

262.059

66

136.149

34

398.208

85 y +

14.709

59

10.190

41

24.899

212.183

72

83.422

28

295.605

Total

1.798.407

2.029.773

3.828.180 16.802.651

15.629.299

32.431.950

Fuente: Censo Nacional de Población 2001 (INDEC, 2005). Elaboración propia.

Diversas razones pueden explicar la alta migración de jóvenes
varones y mujeres del campo a la ciudad. La pobreza y escasez de
ingresos monetarios de la familia es una de ellas, pero a ésta se agrega la
falta de incentivos, expectativas y limitaciones de desarrollo propias del
sector, contrariamente a las potenciales oportunidades que les ofrece la
ciudad: empleo, mejor educación, entretenimiento, sociabilidad con sus
pares, libertad de acción; todas ellas sobre estimuladas por los medios de
comunicación, especialmente la televisión.
Aunque es necesaria una mayor profundización sobre las razones
de la marcada migración femenina rural, se sabe que dentro de la
división del trabajo por sexo las ocupaciones que requieren fuerza física
son consideradas típicamente masculinas y, por lo tanto, es común que
en el campo se prefiera más a los varones que a las mujeres para muchas
43

�Mujeres que trabajan la tierra

labores. De la misma manera, las mujeres sienten que algunos trabajos
agropecuarios no son adecuados para ellas y sólo los realizan si no hay
otra alternativa, abandonándolos cuando la situación económica se los
permite. Frente a este panorama de escasas oportunidades de desarrollo
personal, añadido al hecho de que el trabajo agrícola en nuestra sociedad
es, en general, menos valorado en relación a otras tareas generadoras de
ingresos, las mujeres jóvenes tienden a buscar mejores oportunidades en
las áreas urbanas.
Por otro lado, y como ya se dijo en el primer capítulo, en las áreas
rurales las actividades domésticas son más pesadas (acarrear el agua o
buscar la leña para cocinar, por ejemplo) en comparación a las realizadas
en ámbitos urbanos. Además, el fácil acceso a los diferentes servicios
públicos como salud, educación, luz y transporte, es atractivo para las
mujeres en tanto les brindan mayor seguridad durante la etapa de
crianza de los hijos/as. De esta manera, las mujeres migran de los
sectores rurales pobres no sólo porque sus posibilidades laborales en el
campo son restringidas, sino además porque en la ciudad encuentran
más oportunidades de desarrollar esas actividades consideradas como
ʺfemeninasʺ y condiciones de vida más favorables, sumado a la
curiosidad de conocer el mundo existente más allá de los límites de la
comunidad rural. Las jóvenes al salir de sus hogares expresan el
entusiasmo de conocer todo aquello a lo que no tienen acceso, de poder
ayudar económicamente a la familia o de lograr estudiar y modificar
tanto su situación como de los que dejan atrás en el hogar (Biaggi, 2000).

4. El nivel educativo
Como es posible apreciar en el cuadro siguiente, existen diferencias
en el acceso a la educación entre varones y mujeres dependiendo del tipo
de agrupamiento residencial.

44

�Capítulo II: Las mujeres rurales en el país según los datos censales de 2001

Cuadro N° II.3
Población de 5 años y más por sexo y asistencia a establecimientos
educativos por tamaño de la localidad (cantidad total y porcentaje)
Tamaño

Sexo

localidad

Asistencia a establecimientos educativos
Asiste

No asiste pero asistió Nunca asistió

Rural

Varones

331.183

51%

dispersa

Mujeres

322.277

49%

653.460

797.948

56%

624.407

44%

1.422.355

50% 1.229.658

99.539

50% 1.046.223

200.066

2.275.881

Rural

Varones

178.106

49%

360.481

52%

24.593

48%

agrupada

Mujeres

184.206

51%

335.988

48%

26.981

52%

362.312

696.469

51.574

Varones

190.448

49%

376.473

50%

22.185

46%

a 5000 hab.

Mujeres

200.346

51%

375.745

50%

25.751

54%

752.218

563.180
547.175
1.110.355

Loc. de 2000

390.794

Total

100.527

589.106
601.842

47.936

1.190.948

Localidades

Varones

3.834.474 47%

7.758.828

48%

359.106

47% 11.952.408

de más de

Mujeres

4.298.397 53%

8.456.731

52%

412.379

53% 13.167.507

8.132.871

16.215.559

4.845.863 49%

9.294.209

49%

5.005.226 51%

9.792.871

51%

9.887.989

19.092.712

5000 hab.
Varones
Total

Mujeres

771.485

25.119.915

482.667

46% 14.622.739

564.650

54% 15.362.747

1.040.437

30.021.138

Fuente: Censo Nacional de Población 2001 (INDEC, 2005). Elaboración propia.

De los casi 9,9 millones de personas que asisten a algún
establecimiento educativo en el país, las mujeres superan levemente a los
varones (51%). Esta tendencia es notoria en las áreas urbanas y se
invierte a medida que el lugar de residencia se hace más rural: 53% de
los estudiantes son mujeres en los centros urbanos de más de 5.000
habitantes; 51% tanto en el caso de las localidades de 2.000 a 5.000
habitantes como en las de menos de 2.000 y sólo 49% en el área rural
dispersa.
Por otro lado, en todo el país hay un millón de personas que nunca
asistieron a un establecimiento educativo. En esta categoría, que
comprende a población semi‐analfabeta o analfabeta, se observa un
fuerte predominio de mujeres. Esta diferencia expresa la medida de la
discriminación de género en el acceso a la educación que existió hasta
hace unos pocos años en el país, la cual viene disminuyendo en los
últimos censos, a partir de cambios culturales y por la implementación
de políticas gubernamentales específicas y acordes con los tratados
internacionales de no discriminación contra la mujer.

45

�Mujeres que trabajan la tierra

Los niveles educativos de la población rural han tenido
históricamente cifras más bajas, resultado de las dificultades de acceso
tanto por razones físicas como por barreras sociales y culturales y porque
la pobreza es un factor determinante para que esto ocurra. Esto se
constata al analizar la información de la población que asiste a algún
establecimiento educacional discriminada por edad y lugar de residencia
del CNP 2001. En la Tabla N° 1.5 del Anexo N°1 es posible observar que
del total de la población que asiste a un establecimiento educativo en las
ciudades, el porcentaje de estudiantes mayores de 14 años es similar al
de los/as niños/as de 5 a 13 años: 45% y 55%, respectivamente. En
cambio, en las localidades de 2000 a 5000 habitantes el porcentaje de
jóvenes que continúan sus estudios es menor y aún lo es más en las áreas
rurales, ya que del total de personas que asisten a un establecimiento
educativo en el medio rural sólo el 28% son mayores de 14 años. Esto
también se relaciona con la ausencia de los jóvenes en las áreas rurales
por migración, tal como se dijo en los párrafos anteriores.
Es importante destacar dentro de este escenario que, tomando en
cuenta a la población total del país, son más mujeres que varones las que
continúan dentro del sistema educativo después de los 20 años (9%).

5. La población rural femenina con Necesidades Básicas
Insatisfechas (NBI)
Se ha señalado que una de las razones más importantes de la
migración del campo a la ciudad y el consecuente despoblamiento rural,
es la escasez de servicios (salud, educación, vivienda) y las deficientes
condiciones de vida de los hogares. Esto se traduce en que, del total de
población rural femenina de más de 14 años, el 27,7% vive en una
situación de necesidades básicas insatisfechas. Si se analiza con
perspectiva de género a la población rural total con NBI, no existen
diferencias significativas entre varones y mujeres. Es decir, en relación al
acceso a las necesidades básicas no existe discriminación por sexo.
En cambio, al comparar la condición de pobreza de las mujeres
según su lugar de residencia, se advierte que el 36% de las mujeres del
área rural viven con necesidades básicas insatisfechas mientras que en
las localidades de 2000 a 5000 habitantes hay sólo un 22% de población
femenina con NBI. Estas cifras indican que la pobreza estructural,
medida con los indicadores de NBI, está asociada con la condición de
ruralidad.
46

�Capítulo II: Las mujeres rurales en el país según los datos censales de 2001

El NBI define la pobreza por los siguientes indicadores:
hacinamiento; características de la vivienda; condiciones sanitarias;
presencia de algún niño o niña que no asista a la escuela y hogares con
cuatro ó más personas por miembro ocupado y cuyo/a jefe/a de hogar
tuviera baja educación (o sea que no asistió a un establecimiento
educativo o asistió como máximo hasta 2º año de la escuela primaria).
Entre estos indicadores, las características de la vivienda y la falta de
retretes influyen considerablemente en los mayores niveles de NBI de las
áreas rurales.
Cuadro N° II.4
Mujeres mayores de 14 años de áreas rurales y localidades de 2000 a 5000
habitantes según condición de NBI, en valores absolutos y porcentajes.

Catamarca
Corrientes
Córdoba
Chaco
Chubut
Entre Ríos
Formosa
Gran Bs. As.
Resto Bs. As.
Jujuy
La Pampa
La Rioja
Mendoza
Misiones
Neuquén
Río Negro
Salta
San Juan
San Luis
Santa Cruz
Santa Fe
S del Estero
T. del Fuego
Tucumán
Total

Total
26.568
57.111
120.720
54.837
12.491
67.674
29.303
6.546
163.323
27.857
18.493
15.219
106.771
79.137
15.796
26.434
51.169
27.039
14.730
1487
113.056
78.089
589
86.057
1.200.496

Área Rural
Con NBI % con NBI
7.954
29,9
23.812
41,7
21.307
17,6
25.784
47,0
3.248
26,0
14.462
21,4
13.708
46,8
1.834
28,0
18.444
11,3
12.372
44,4
2305
12,5
4.265
28,0
24.882
23,3
25.150
31,8
4.901
31,0
6.388
24,2
25.073
49,0
7.360
27,2
3.966
26,9
152
10,2
18.874
16,7
34.909
44,7
98
16,6
30.741
35,7
331.989
27,7

Localidades 2000 a 5000 habitantes
Total
Con NBI % con NBI
6.817
1441
21,1
14.578
4.405
30,2
80.659
10.224
12,7
16.838
5.519
32,8
8.157
1283
15,7
18.689
3.084
16,5
16.513
5.359
32,5
0
0
0
57.028
5.412
9,5
10.121
3.019
29,8
16.091
1215
7,6
10.259
1.729
16,9
20.700
3.515
17,0
15.703
3.520
22,4
7.893
1485
18,8
8.985
2.056
22,9
14.888
4.338
29,1
12.808
2.501
19,5
8.049
1224
15,2
6.780
468
6,9
85.443
9.248
10,8
16.231
4.255
26,2
0
0
0
20.494
4.396
21,5
473.724
79.696
16,8

Fuente: Censo Nacional de Población 2001 (INDEC, 2005). Elaboración propia.

47

�Mujeres que trabajan la tierra

Antes de finalizar este punto, y si bien las cifras muestran que
varones y mujeres sufren por igual las malas condiciones de vida y la
carencia de servicios, es importante destacar que aunque la precariedad
habitacional afecta a todos los integrantes del grupo familiar, las mujeres
están perjudicadas especialmente, tanto por ser las responsables del
hogar y de las tareas domésticas como porque es dentro de la casa donde
pasan la mayor parte de su tiempo.

6. La condición de actividad de las mujeres rurales
Al analizar la condición de actividad de las mujeres mayores de 14
años de las áreas rurales, se observa que el 21% están ocupadas, el 10%
desocupada y el 69% son inactivas.
Cuadro N° II.5
Población femenina de 14 años y más en áreas rurales según condición de
actividad discriminada por NBI
Condición de
ocupación
Ocupadas
Desocupadas
Inactivas
Total

Pobres
Población con NBI
41.739
12%
39.142
12%
251.112
76%
331.989

No pobres
Población sin NBI
216.124
21%
79.450
10%
572.929

868.507

69%

Total
257.863
118.592
824.041

21%
10%
69%

1.200.496

Fuente: Censo Nacional de Población 2001 (INDEC, 2005). Elaboración propia.

Como se observa en el cuadro anterior, sólo un 12% de las mujeres
provenientes de hogares con NBI están ocupadas y este porcentaje es
significativamente menor que el de las mujeres de hogares que tienen sus
necesidades básicas cubiertas. Es posible que el menor nivel educativo
de los hogares con NBI dificulte a sus miembros una inserción en el
mercado de trabajo mejor y más estable.
En cambio, al observar la categoría desocupadas, la diferencia entre
pobres y no pobres es menor: 12% de mujeres pobres están desocupadas
y 10% de las no pobres. Esto implica que el porcentaje de mujeres que no
están ocupadas en la población femenina con necesidades básicas
insatisfechas está absorbido en la categoría inactiva.

48

�Capítulo II: Las mujeres rurales en el país según los datos censales de 2001

Sin embargo, la categoría inactiva tiene, en nuestra opinión, un sesgo de
ocultamiento o subregistro por estar efectuada con instrumentos de medición
de la condición ocupacional que resultan inadecuados para captar el trabajo
que realizan las mujeres rurales. Además, la forma en que el trabajo es visto
por varones y mujeres en el ámbito de la cultura rural contribuye a ese
subregistro, ya que es escasa la conciencia de que las tareas productivas a la
escala del predio constituyan una ocupación (los trabajos familiares
relacionados con la siembra, el desmalezado, la cosecha, la preparación para la
venta y otros cuidados de los cultivos familiares como también la cría de
ganado menor, las actividades de tambo o de granja, etc.). Además, existen
otras ocupaciones características del sector informal rural –en algunos casos
ejercidas bajo la forma del trabajador cuenta propia, como el trabajo artesanal–
que no son consideradas ni por las propias mujeres como ocupación.
Por otro lado, hay que considerar que la desocupación se mide a partir de una
pregunta sobre la búsqueda de trabajo en el último mes, y las oportunidades
de estos sectores (y como ya se dijo, más de las mujeres en el área rural) de
buscar trabajo es ciertamente baja.
Si el análisis de la condición de ocupación se hace según el lugar de
residencia, el porcentaje de mujeres ocupadas en las ciudades de menos
de 5000 habitantes es superior a las áreas rurales. Esto probablemente se
deba tanto a la existencia de mayores oportunidades laborales en los
pequeños centros urbanos, especialmente en los comercios. Las
excepciones para esto ocurren en las provincias de Misiones y Jujuy,
donde el porcentaje de ocupación es mayor en las mujeres de las áreas
rurales que en las localidades20.
Cuadro N° II.6
Población femenina de 14 años y más según condición de actividad
discriminada por lugar de residencia
Condición de ocupación
Ocupadas
Desocupadas
Inactivas
Total

Área rural
257.863
118.592
824.041

21,5%
9,9%
68,6%

1.200.496

100,0%

Localidades de 2000 a 5000
habitantes
130.058
27,5%
57.192
12,1%
286.474

60,5%

473.724

100,0%

Fuente: Censo Nacional de Población 2001 (INDEC, 2005). Elaboración propia

20

Ver Tabla 1.6 del Anexo Nº 1, de este capítulo.

49

�Mujeres que trabajan la tierra

7. Las ocupaciones de las mujeres y varones en el área rural
En el Censo Nacional de Población 2001 sólo hay 64.571 mujeres del
área rural que trabajan en actividades agropecuarias y 193.458 que lo
hacen en otras ramas económicas. Es decir, del total de ocupados rurales
únicamente un 23% son mujeres. En cambio, las mujeres constituyen el
39% de la población ocupada en las áreas urbanas.
Cuadro N° II.7
Personas ocupadas en el área rural discriminadas por sexo, rama de
actividad y categorías ocupacionales.

Sexo

Total

Obrero/a
empleado/a
Público Privado

Patrón/a

Trabajador/a
cuenta propia

Trabajador/a fliar.
c/sueldo

s/sueldo

1.267
2
8.223
2
9.490

22.629
35
54.633
11
77.262

Mujeres
%
Varones
%
Total

64.571
100
504.086
100
568.657

Agricultura, Ganadería, Caza y Silvicultura
1.165
23.067
2.932
13.511
2
36
5
21
9.983
261.100
39.611
130.536
2
52
8
26
11.148
284.167
42.543
144.047

Mujeres
%
Varones
%
Total
Total
ambas
ramas

193.458
100
333.285
100
526.743

Resto de Ramas de Actividad Económica
65.810
80.942
6.855
26.400
34
42
4
14
84.517
133.526
19.136
80.298
25
40
6
24
150.327
214.468
25.991
106.698

1.777
1
3.857
1
5.634

11.674
6
11.951
4
23.625

161.475

15.124

100.887

1.095.400

498.635

68.534

250.745

Fuente: Censo Nacional de Población 2001 (INDEC, 2005). Elaboración propia

Como muestra el cuadro anterior, hay 1.095.400 personas ocupadas:
568.657 en el sector de agricultura, ganadería, caza y silvicultura y
526.743 en actividades no agropecuarias. Al discriminar cada rama de
actividad por sexo, es posible determinar que en la actividad
agropecuaria sólo un 11% son mujeres, mientras que en las no agrícolas
la participación se eleva al 37%. En el sector no agrario, las mujeres
rurales están ocupadas principalmente como empleadas u obreras (76%).
Las mujeres que aparecen como ocupadas de la rama agraria, son
trabajadoras familiares sin remuneración, y empleadas u obreras del
sector privado. Además hay un 21% que son cuentapropistas. En el caso
50

�Capítulo II: Las mujeres rurales en el país según los datos censales de 2001

de los varones, el número que trabaja en la rama agraria es levemente
superior al de los que trabajan en la rama no agraria. Más de la mitad de
los varones ocupados en la rama agraria trabajan como obreros o
empleados del sector privado (65%), un 26% como cuentapropista y un
11% como trabajador familiar sin remuneración.
Cuadro N° II.8
Personas ocupadas en las localidades de 2000 a 5000 habitantes
discriminadas por sexo, rama de actividad, área de residencia y categorías
ocupacionales.

Mujeres
%
Varones
%

3.719
100
60.457
100
64.176

Mujeres
%
Varones
%
Total
Total
ambas
ramas

140.363
100
216.224
100
356.587

Obrero/a
Trabajador/a
Patrón/a
empleado/a
cuenta propia
Público Privado
Agricultura, Ganadería, Caza y Silvicultura
299
2.359
203
481
8
63
5
13
2.386
34.907
6.469
13.007
4
58
11
22
2.685
37.266
6.672
13.488
Resto de Ramas de Actividad Económica
51.952
58.524
6.283
18.683
37
42
4
13
57.717
84.555
15.866
51.233
27
39
7
24
109.669
143.079
22.149
69.916

420.763

112.354

Sexo

Total

180.345

28.821

83.404

Trabajador/a fliar.
c/sueldo

s/sueldo

64
2
1.182
2
1.246

313
8
2.506
4
2.819

1.073
1
2.395
1
3.468

3.848
3
4.458
2
8.306

4.714

11.125

Fuente: Censo Nacional de Población 2001 (INDEC, 2005). Elaboración propia

En las localidades de 2000 a 5000 habitantes, hay 420.763 personas
ocupadas: 64.176 en el sector de agricultura, ganadería, caza y
silvicultura y 356.587 en actividades no agropecuarias. En este caso, el
porcentaje del total de mujeres ocupadas es del 34%. Al discriminar las
ramas de actividad por sexo, se observa que en las actividades
agropecuarias sólo un 5% son mujeres, mientras que en las no agrícolas
la participación se eleva al 39%. Tanto los varones como las mujeres
ocupados en la rama agrícola lo hacen principalmente como obreros u
empleados del sector privado. En las ramas no agropecuarias emerge
como opción de trabajo ser obrero o empleado del sector público,
categoría que en las áreas rurales no existe.

51

�Mujeres que trabajan la tierra

8. Las mujeres jefas de hogar
En las ciudades, tanto en las pequeñas como en las grandes, en uno
de cada cuatro hogares hay una mujer como jefa de hogar. En cambio, en
las áreas rurales la tendencia es que esta proporción sea menor, ya que el
promedio para todo el país es de 17% de jefatura femenina. Sin embargo,
hay varias provincias que superan este porcentaje de mujeres jefas de
hogar en el área rural: Catamarca alcanza un 27%; Chubut y Jujuy, un
24%; Santiago del Estero, 22% y Corrientes, La Rioja, Salta, San Luis y
Tucumán tienen alrededor de un 20% de jefas de familia en sus zonas
rurales.
Es posible que exista un subregistro de las jefaturas de hogar
femeninas porque las mujeres rara vez se presentan como tales cuando
hay un varón en la casa (padre, hijo, hermano), aunque sea ella quien
tome la mayor parte de las decisiones en la unidad familiar.
Cuadro N° II.9
Mujeres y varones jefes de hogar, por área de residencia y provincia
Área rural
Provincia

Mujeres
Cant.

Loc. 2000 a 5000 hab.

Varones

%

Cant.

%

Mujeres
Cant.

%

Varones
Cant.

%

Loc. de más de 5000 hab.
Mujeres
Cant.

Varones

%

Cant.

%

Catamarca

5.299

27

14.696

73

1.353

29

3.373

71

16.528

31

36.527

69

Corrientes

8.754

19

36.320

81

2.856

26

7.941

74

3.726

2

166.360

98

17.339

17

83.487

83

15.566

25

47.508

75

206.164

29

507198

71

Chaco

6.649

15

38.744

85

3.069

24

9.461

76

7.797

4

172462

96

Chubut

3.074

24

9.957

76

1.930

30

4.575

70

25.915

27

69274

73

Entre Ríos

8.855

16

46.899

84

3.568

25

10.559

75

68.863

28

177971

72

Formosa

4.323

17

21.289

83

3.467

27

9.141

73

22.276

29

53912

71

G. Bs. As.

902

15

5.142

85

0

644.855

27

1734049

73

R. Bs. As.

22.515

15 125.731

85

11.378

24

72

Córdoba

0
35.088

76

377.923

28

963872

Jujuy

5.484

24

17.025

76

1.602

23

5.333

77

34.189

30

77998

70

La Pampa

2.963

17

14.778

83

3.481

26

10.122

74

17.259

29

43058

71

La Rioja

2.525

21

9.351

79

1.884

27

5.200

73

13.683

28

35747

72

Mendoza

10.146

13

69.909

87

3.056

21

11.429

79

82.718

26

233160

74

Misiones

8.367

13

56.993

87

2.600

22

9.386

78

42.224

27

115434

73

Neuquén

2.863

20

11.647

80

1.618

27

4.275

73

29.692

28

78256

72

Río Negro

3.966

16

20.989

84

1.754

25

5.209

75

34.160

28

117643

72

San Juan

2.672

14

16.316

86

1.508

18

6.949

82

30.390

25

91067

75

52

�Capítulo II: Las mujeres rurales en el país según los datos censales de 2001

Área rural
Provincia

Mujeres

Loc. 2000 a 5000 hab.

Varones

Cant.

%

Cant.

%

12.969

22

45.238

8.237

20

32.574

Sta. Cruz

219

10

San Luis

2.693

Santa Fe

Sgo. Est.
Salta

T.del Fuego
Tucumán

Mujeres

Varones
%

Mujeres

%

78

2.965

26

8.411

74

31.841

29

76777

71

80

2.499

25

7.589

75

56.258

30

134250

70

1.916

90

1.336

24

4.224

76

11.701

25

34438

75

20

11.026

80

1.729

28

4.488

72

22.278

27

59430

73

15.203

16

77.314

84

16.247

24

50.119

76

27.411

4

686001

96

95

12

701

88

0

95

4

2607

96

11.624

19

49.148

81

2.911

22

10.518

78

65.823

28

170763

72

17 817.190

83

88.377

75 18.44.501

24

5.678.195

76

0

25 270.898

Cant.

Varones

Cant.

Total 167.736

Cant.

Loc. de más de 5000 hab.

%

Cant.

%

Fuente: Censo Nacional de Población 2001 (INDEC, 2005). Elaboración propia

En algunas zonas del país, como en la región andina de Jujuy, las
mujeres son jefas de hogar casi todo el año porque los varones migran a
trabajos temporales o permanentes en la misma provincia o fuera de ella.
Son casos donde las mujeres están a cargo de los hijos/as y de las
producciones de autoconsumo y venta; son quienes deciden desde qué
sembrar hasta dónde se educarán los/as niños/as y además, viajan para
comercializar sus productos a los centros urbanos cercanos o a las ferias.
El marido está ausente en casi todo lo que conforma la vida cotidiana de
la familia, aunque mantiene su rol de “jefe del hogar” más allá de que
realice aportes económicos y tome o no decisiones.
La diferencia en la cantidad de jefas de hogar entre las áreas
urbanas y rurales también tiene relación con la cantidad de mujeres que
viven en cada una porque si en el campo las mujeres son menos, es más
probable que las que permanecen no vivan solas.
Como ya se dijo, el trabajo de las mujeres en los hogares es
necesario para la reproducción de la familia y esto es por igual tanto en
las localidades como en el campo. Sin embargo, en las áreas rurales las
mujeres además de los trabajos domésticos son responsables de las
producciones de autoconsumo y de otros insumos, los cuales en las
ciudades se compran hechos y en el campo son tareas femeninas. Esto
implica que en algunas zonas, los hogares estén constituidos por más de
una familia alrededor de una madre, una abuela, una hija o hermana ya
adulta, en quien descansa la reproducción del grupo.

53

�Mujeres que trabajan la tierra

54

�Capítulo III: Los grupos de mujeres rurales en la Argentina

Capítulo III
Los grupos de mujeres rurales en la
Argentina
La estrategia de promover la formación de grupos de mujeres, se ha
puesto en marcha con el apoyo de instituciones gubernamentales y no
gubernamentales, y ha generado diferentes polémicas respecto a su
utilidad. Muchos de los grupos de mujeres que hoy existen en nuestro
país comenzaron con actividades consideradas propias de las mujeres,
como la costura, la elaboración de dulces o la producción de artesanías,
dentro del enfoque de Mujeres en el Desarrollo (MED). Los caminos
seguidos luego para la incorporación de la perspectiva de género son
diversos. Mientras algunos grupos aún perduran en este enfoque, otros
buscan el empoderamiento de las mujeres, desencadenando procesos de
cambio en las relaciones entre los géneros.
La gran cantidad de grupos de mujeres que existen, genera
interrogantes sobre las motivaciones que las lleva a agruparse, y se
puede considerar este análisis en dos dimensiones. Por un lado, está
aquello que tiene que ver con su aislamiento y marginación. Las mujeres
en su casa están solas, cargadas de trabajo y el grupo es una posibilidad
de salir y compartir un momento de sociabilidad. Otro aspecto, es la
necesidad que tienen las mujeres de buscar salidas a las difíciles
situaciones que viven sus familias y la comunidad en general. No toleran
las injusticias sociales, y en particular las que afectan a sus hijos e hijas y
no temen decirlo, y hacen los reclamos sin tapujos, quizás porque se
sienten menos punibles (Farget, 1993). A lo largo de la historia, las
mujeres han salido de su ʺreclusión domésticaʺ en los momentos donde
se profundizan las crisis; se rebelan y participan de los movimientos
populares frente a distintas demandas vinculadas a la justicia o al pan,
desde la Revolución Francesa hasta las Madres de Plaza de Mayo.
Es posible afirmar, entonces que el espacio grupal es valorado, y
que les otorga la posibilidad de romper con la reclusión doméstica.
Desde que el grupo comienza a reunirse hasta que se logra un espacio
consolidado, hay un proceso de construcción hacia adentro y de
valoración y respeto por el resto de la comunidad y la familia. Son
momentos de encuentro, de descanso de los trabajos de la casa, de
55

�Mujeres que trabajan la tierra

diálogo. Es un espacio de aprendizaje donde circula información valiosa
y de construcción de proyectos colectivos. Los grupos operan a su vez,
de manera terapéutica para la salud mental de las mujeres, donde se
posibilita la autoafirmación y la conquista de la palabra. Son experiencias
que brindan un alivio a los malestares cotidianos que habitualmente son
silenciados.
El trabajo con grupos de mujeres se basa, en la mayoría de los casos,
en las teorías de educación popular, que parten de las necesidades y
demandas de las propias mujeres. Esto implica un aprendizaje con
relación a la participación y el reconocimiento de la condición y la
posición como mujeres en el contexto familiar y comunitario. La
educación popular al interior de los grupos se constituye entonces ʺen un
espacio y en una herramienta educativa destinada a potenciar la
capacidad de los grupos populares, a fin que les permita convertirse en
sujetos de su propio proceso educativo y de su propio destino histórico y
políticoʺ (CELATS, 1992).
Un objetivo explícito de los grupos es la búsqueda de una mejora en
las condiciones de vida familiares, pero a su vez hay razones implícitas
que hacen de lo grupal un espacio de contención y placer que puede
fortalecer sentimientos de solidaridad y ayuda mutua.
Las actividades que tienen que ver con problemas de salud y
educación permiten que sus acciones sean validadas en su comunidad,
por pertenecer éstas a los espacios “femeninos”, pero a su vez, son
acciones que les otorgan entrenamiento para incursionar en territorios
habitualmente vedados a las mujeres. Los grupos pueden adquirir una
dimensión política al convertirse en interlocutores con las organizaciones
zonales y con los políticos locales en reclamo de sus necesidades más
sentidas.

1. Los relevamientos
En este capítulo, se presentan los grupos de mujeres relevados en
los años 2002 y 2006 en el área rural de nuestro país. En su descripción,
se consideran las actividades que realizan en forma conjunta, el
acompañamiento que reciben, desde cuándo se reúnen y con qué
frecuencia, cómo fue que decidieron reunirse y por qué, la cantidad de
integrantes, si la organización tiene alguna forma institucional, si han
recibido aportes de instituciones del Estado o de alguna organización no
gubermanental (ONG) y cuáles son los problemas, las demandas y las
56

�Capítulo III: Los grupos de mujeres rurales en la Argentina

necesidades que manifiestan. También se describen las características de
las mujeres que participan en estos grupos (edad, número de hijos, nivel
de instrucción, acceso a la salud, etc.) y se intenta apreciar las
consecuencias subjetivas o personales, aquellas que sus protagonistas
consideran enriquecedoras en términos humanos y en sus relaciones
sociales, al pertenecer a estos espacios. Concluimos presentando un
esquema del ciclo de vida de los grupos en el sector rural.
El relevamiento inicial fue realizado entre los últimos meses de 2001
y los primeros de 2002. Un primer objetivo al comenzar con este trabajo
fue conocer cuántos grupos de mujeres había en las áreas rurales y la
cantidad encontrada superó las estimaciones previas, ya que se
encuestaron 203 a lo largo de todo el país. Aproximadamente unos 50
grupos no fueron relevados por problemas operativos relacionados con
la accesibilidad, tanto por razones geográficas como de comunicación, y
a otras vinculadas con el contexto del país en ese momento21. Por lo
tanto, en este primer relevamiento se consideró la existencia de al menos
250 organizaciones de mujeres rurales en el territorio nacional.
El segundo se desarrolló durante los primeros meses de 2006. En
esta ocasión, se realizó una encuesta de seguimiento a los grupos
anteriormente encuestados y se aplicó otra a aquellos que habían
quedado al margen en 2001 y a los que comenzaron sus actividades en el
período entre 2001 y 2006. En esta ocasión, se encontraron 452 grupos de
mujeres.
En los dos trabajos de campo, la condición para la inclusión de cada
grupo fue que estuviesen integrados a una estrategia de desarrollo rural,
tanto a partir de programas de la SAGPyA como de otras instituciones
gubernamentales o no gubernamentales. Se consideraron sólo los grupos
conformados exclusivamente por mujeres que residieran en zonas
rurales y los criterios para la selección fueron que: tuvieran identidad
como grupo de mujeres, que realizaran al menos una actividad en común y
que la comunidad las reconociera como grupo. No se contemplaron
aquellos cuya finalidad fuera exclusivamente religiosa como tampoco las
cooperadoras escolares o las comisiones de apoyo a la posta sanitaria,
por ejemplo, a menos que esto fuera una actividad más dentro de otras

21

El 20 de diciembre de 2001 comenzó una crisis política, económica y social que se extendió durante
el año 2002. En esos meses, tanto los/as técnicos/as que colaboraron con el relevamiento como los
grupos mismos debieron enfrentar situaciones de desasosiego, malestar e incertidumbre por su
situación personal y la de sus proyectos.

57

�Mujeres que trabajan la tierra

que permitiesen su inclusión de acuerdo a los criterios antes
enunciados22.
Cuadro N° III.1
Cantidad de grupos en cada provincia en los dos relevamientos
N° de grupos en el
relevamiento 2001–
2002

Seguimiento

Nuevos

Total

Buenos Aires

2

0

1

1

Catamarca

7

4

8

12

Chaco

20

12

0

12

Chubut

5

3

3

6

Córdoba

3

0

18

18

0

17

17

Provincia

Corrientes

Total de grupos en 2006

Entre Ríos

19

17

74

91

Formosa

6

6

1

7

Jujuy

11

6

5

11

La Pampa

2

1

6

7

La Rioja

2

0

11

11

Mendoza

25

5

9

14

Misiones

27

21

4

25

Neuquén

9

6

7

13

Río Negro

6

4

10

14

Salta

13

3

110

113

San Juan

11

9

7

16

San Luis

3

0

4

4

Santa Fe

8

1

9

10

Sgo. del Estero

18

14

13

27

Tucumán

6

3

20

23

203

115

337

452

22

Es necesario recordar que el perfil de las integrantes de los grupos de mujeres considerados en
estos relevamientos es el que contempla el PROINDER para la inclusión en su programa, tal como se
señala en la introducción.

58

�Capítulo III: Los grupos de mujeres rurales en la Argentina

La estrategia para la localización e identificación de los grupos
consistió en establecer contactos con personas o instituciones que
trabajasen con poblaciones rurales, ya sea de programas nacionales –
como el Programa Social Agropecuario (PSA), ProHuerta u otras
instituciones públicas del Estado Nacional o Provincial– o de ONGs. El
principal apoyo para esta etapa provino de la coordinación y de las
técnicas pertenecientes a la Red TRAMA (Red de Técnicas e Instituciones
que trabajan con Mujeres Rurales), ya que ellas asumieron la tarea del
relevamiento como propia, estableciendo los contactos necesarios para
llevarlo adelante en las dos etapas. En cada caso, uno/a o dos referentes
se ocuparon de aplicar las encuestas directamente a los grupos o a una
persona cercana a ellos.
La cantidad de grupos existentes en cada provincia y sus
características son el resultado de distintos factores históricos y
socioculturales, tales como la cantidad de población rural, la tradición
agraria campesina, las estrategias de intervención o el estímulo de las
políticas públicas y programas no gubernamentales, cuya magnitud e
incidencia es distinta según las regiones. De esta manera, el mayor
número de grupos está en el norte de nuestro país, tanto en el noroeste
como en el noreste, y se debe a una mayor concentración de familias que
se dedican a la agricultura familiar en comparación al resto del territorio.
Además, existe una tradición de sentido comunitario, asociada a los
pueblos originarios, a luchas reivindicativas anteriores, como las Ligas
Agrarias de fines de la década del 60 y principios de los 70, o más
recientes, en vinculación con problemas ambientales o de derechos
humanos.
De los grupos de mujeres que fueron relevados en 2001, una tercera
parte ya no existe y las razones mencionadas son principalmente, la falta
de acompañamiento y asistencia técnica, o la finalización del proyecto
que las había reunido. Luego hay varios grupos que se han fusionado,
integrándose a organizaciones mixtas, a organizaciones de mujeres más
numerosas, a un consejo aborigen o a cooperativas. En otros casos el
grupo se disolvió, pero muchas de sus integrantes participan hoy de
otras organizaciones. Otra de las razones aludidas es la migración, los
conflictos internos o el fallecimiento de una líder. Hay otros casos en los
que no se ha logrado ubicar al grupo, porque la persona que en su
momento había hecho el contacto ya no trabaja con el mismo y, en
consecuencia se desconoce si aún siguen reuniéndose.
Analizando esta información por provincia, Mendoza por ejemplo
ha disminuido de manera importante su cantidad de grupos, en cambio
59

�Mujeres que trabajan la tierra

hay provincias donde la mayoría siguen reuniéndose, posiblemente
asociado a estructuras organizativas más sólidas y a la presencia de
ONGs. Luego hay una gran explosión de grupos en provincias como
Entre Ríos y Salta, posiblemente asociado a la línea de subproyectos F
del PROINDER.
A continuación se presentan las características principales de los
grupos, de las mujeres que los integran y de las historias de sus
organizaciones, las que fueron abordadas a través de interrogantes sobre
el origen de las mismas y ciertos aspectos de los procesos grupales, tales
como conflictos, problemas, transformaciones y principales demandas.

2. Origen de la conformación de los grupos
Al indagar sobre el origen de la iniciativa o la motivación a partir de
la cual se constituyeron los grupos de mujeres relevados, se destaca que
el 64% surgió por la propuesta de algún agente externo y casi un 24% lo
hizo por propia iniciativa, sin que mediasen instituciones públicas o
privadas.
En el cuadro siguiente se presentan estos porcentajes,
discriminando el origen de la convocatoria externa en gubernamental, no
gubernamental e Iglesia o grupo religioso. Además, se puede observar la
existencia de un 9% de grupos que se formaron por conjunción de la
iniciativa propia con la de una institución o programa.
Cuadro N° III.2
Porcentaje de grupos según el tipo de institución que lo acompaña
Motivación

%

Motivación propia

23,7

Iglesia o grupo religioso

3,2

Convocatoria externa gubernamental

38,4

Convocatoria externa no gubernamental

22,6

Motivación propia conjuntamente con una convocatoria externa

9,1

No contesta

3,0
Total

60

100

�Capítulo III: Los grupos de mujeres rurales en la Argentina

3. El acompañamiento de los grupos
La mayoría de los grupos analizados (82%) tiene un asesoramiento
sistemático, tanto de instituciones y programas del Estado Nacional o
Provincial como de organizaciones no gubernamentales o de la Iglesia.
Este apoyo se manifiesta por medio de capacitaciones, asistencia técnica
o en el acompañamiento de sus procesos organizativos.
Más de la mitad de los grupos (63%) recibe el apoyo de más de una
institución pública o privada. Por ejemplo, una ONG conjuntamente con
un municipio acompañan al grupo en distintas actividades o la
organización de mujeres recibe asistencia técnica por medio de un
proyecto del PSA y, además, es beneficiario de ProHuerta.
La importancia de los programas del Estado hacia la agricultura
familiar en los últimos 15 años se traduce en que la mayor parte de los
grupos entrevistados (85%) recibe algún tipo de apoyo de un programa
estatal o de una institución pública, como el PSA y PROINDER, los
Programas de Desarrollo Rural del Noreste Argentino (PRODERNEA) y
del Noroeste Argentino (PRODERNOA), INTA y ProHuerta o de alguna
repartición de los gobiernos provinciales o del municipio local. Sin
embargo, sólo el 56% está acompañado por un organismo o programa
del Estado sin la intermediación de otro tipo de institución. El 28%
restante de los grupos son asistidos por una ONG o la Iglesia
conjuntamente con proyectos del PSA y/o PROINDER, INTA,
PROHUERTA y PRODERNOA/NEA o con el apoyo de las
municipalidades o de alguna repartición de los gobiernos provinciales.
Cuadro N° III.3
Porcentaje de grupos según el tipo de motivación para su conformación
Tipo de institución que acompaña al grupo

Porcentaje
de grupos

Institución pública o programa del Estado exclusivamente

56,5

Institución o programa del Estado conjuntamente con ONG y/o Iglesia o algún
tipo de organización de la sociedad civil

28,4

Sólo Organizaciones No Gubernamentales y/o Iglesia o algún tipo de
organización de la sociedad civil

10,0

Ninguna

5,0
Total

100

61

�Mujeres que trabajan la tierra

Como es posible observar en el cuadro anterior, un 10% de los
grupos son acompañados por una ONG o por la Iglesia, con
financiamiento propio y sin el apoyo de programas u organismos del
Estado. Finalmente, por la importancia que reviste la participación
ciudadana en relación al desarrollo local, es importante señalar que
varios grupos recibieron y reciben el apoyo de sus respectivos
municipios.

4. La antigüedad de los grupos
La existencia de grupos y/u organizaciones de mujeres rurales en
Argentina es reciente, y se deriva tanto de una mayor sensibilidad del
Estado ante la problemática existente al interior de las agriculturas
familiares como de una respuesta de la población rural al deterioro
sufrido en sus producciones en los últimos 20 años. Esto se proyecta en
que la mayor proporción de los grupos relevados para este estudio son
posteriores al 2000 (75%). Sólo un 3% tiene la fecha de iniciación de
actividades antes de 1990 y el otro 17% surgió en la década del noventa23.
Los más antiguos se encuentran en Santiago del Estero (3 grupos),
Neuquén (1 grupo), Río Negro (1 grupo), San Juan (1 grupo), Mendoza
(5 grupos), Catamarca (1 grupo), Tucumán (1 grupo) y Salta (1 grupo) y
el comienzo de sus actividades fue a partir de las iniciativas de diferentes
instituciones. Cuatro de ellos (el grupo de Mujeres de Colonia del Valle
en Catamarca, de El Jardín en Salta, el de El Sacrificio en Tucumán y el
de Jumial Grande en Santiago del Estero) se iniciaron a partir del
proyecto Mujer Rural de la Secretaría de Agricultura. Los grupos de
Mendoza y de San Juan comenzaron por las acciones llevadas adelante
por Hogar Rural (INTA) y uno de los del norte de Santiago del Estero
(San José del Boquerón) a través del trabajo en terreno de Cáritas.

5. La cantidad de mujeres de los grupos
El promedio de integrantes de los grupos de mujeres rurales
estudiados es de 10. La información de las encuestas permite observar
una relación entre la cantidad de participantes en la organización y la
institución que la acompaña, porque cuando hay una ONG involucrada,
23

62

En un 5% de los casos no hay información sobre la fecha en que iniciaron sus actividades.

�Capítulo III: Los grupos de mujeres rurales en la Argentina

el promedio de integrantes es mayor que cuando lo hace solamente una
institución del Estado. Sin embargo, la cantidad de participantes se
relaciona principalmente con la densidad poblacional del territorio
donde están insertos.
Comparando el número de integrantes en los inicios del grupo y el
que se registra al momento de la encuesta, aparece una tendencia al
crecimiento en la cantidad de mujeres que participan en los mismos a lo
largo de su historia. Esto sugiere que los grupos son una respuesta a los
intereses y necesidades de las mujeres y que una vez consolidados, éstos
tienden a su sostenibilidad.

6. La institucionalidad de los grupos
Para analizar la institucionalización de los grupos de mujeres, la
encuesta pregunta si tienen personería jurídica, comisión directiva o
algún tipo de registro escrito como sería un reglamento de
funcionamiento, un libro de actas o una lista de asistencia, considerando
que estas últimas tres alternativas podían ser simultáneas en algunas
organizaciones. Para completar la información sobre la institucionalidad,
se consulta sobre la periodicidad de las reuniones y si integra alguna
organización, red o movimiento.
Dentro de estos indicadores, la obtención de la personería jurídica,
es reflejo de la búsqueda de formalidad institucional. Sin embargo, sólo
un 6% de los grupos tiene personería jurídica. En cuanto a su
organización interna, el 24% tiene comisión directiva y el 74% funciona
con un reglamento, libro de actas o registro de asistencia. Hay un 21,6%
de los grupos que no poseen ningún tipo de formalización de su
organización, realizando sus actividades sin tener una comisión
directiva, un reglamento de funcionamiento o un registro de asistencia.
Esta información se puede interpretar como una tendencia a
construir grupos, con relaciones de poder más horizontales o con
acuerdos de trabajo a corto plazo, sin la intencionalidad de perdurar en
el tiempo.
Aunque el grado de institucionalización de los grupos es variable,
no se observa que esta característica guarde alguna relación con la
antigüedad, las actividades o lo resultados obtenidos por los grupos.
En cuanto a la periodicidad de las reuniones, un 46% contesta que
se reúne entre dos a cuatro veces por mes y un 38% lo hace entre una y
dos veces en el mismo lapso de tiempo. Son pocos los grupos que
63

�Mujeres que trabajan la tierra

realizan sus reuniones con menos asiduidad como, por ejemplo, una vez
cada 2 meses, mientras que hay un 6% que se junta más de cuatro veces
al mes.
Finalmente cabe destacar que casi la mitad de los grupos están
integrados en organizaciones de segundo grado o de tercer grado que
pueden ser centros vecinales o comunales, cooperativas, consejos
aborígenes, organizaciones campesinas zonales o departamentales,
asociaciones de pequeños productores, movimientos campesinos
provinciales (Corrientes, Córdoba, Santiago del Estero) o redes, zonales,
o provinciales, y en algunos casos nacionales. Hay algunas redes de
mujeres, como la Organización de Mujeres de las Siete Etnias al norte de
Salta, la Red de Mujeres Campesinas de la provincia de Entre Ríos y
Swami, red de artesanas en Formosa. La Red Puna de Jujuy, tiene un
espacio para el abordaje específico de la problemática de género en todas
las instancias de la red.

7. Características de las mujeres de los grupos
7.1. Edad y número de hijos/as
Una tercera parte de las mujeres que participan en los grupos
estudiados tienen una edad que oscila entre los 25 y 34 años; un 26% son
señoras de 35 a 40 años y otro 26% menores de 19 años; sólo un 15% son
mujeres de más de 51 años. Es significativa la participación en un rango
tan amplio de edades.
La mayor parte (84%) tiene hijos/as: un 47% entre uno/a y tres; un
41% entre cuatro y seis y un 12% más de 7 ó más. Las mujeres expresaron
la incapacidad de retenerlos en el campo, y esto se ve reflejado en que, en
el 60% de los grupos hay por lo menos una señora que tiene uno o más
hijos/as que ha migrado del campo a la ciudad.

64

�Capítulo III: Los grupos de mujeres rurales en la Argentina

Cuadro N° III.4
Porcentaje de grupos según la cantidad de mujeres que tienen hijos/as que
han migrado
Cantidad de mujeres que participan en el grupo con hijos/as migrados

%

En el grupo no hay mujeres con hijos/as que han migrado

38,9

En el grupo hay entre 1 a 3 mujeres con hijos/as migrados

38,5

En el grupo hay 4 ó más mujeres con hijos/as migrados

22,6
Total

100,0

En todos los casos, la edad de migración es en torno a los 17 años,
tanto para varones como para mujeres.

7.2. Nivel de instrucción
Mientras que en el 61% de las organizaciones analizadas hay por lo
menos una mujer analfabeta, en el 47% participa por lo menos una que
nunca asistió a la escuela. Es decir, la posibilidad de encontrar una mujer
analfabeta en un grupo es mayor que la de encontrar una mujer que
nunca asistió a la escuela, y esto muestra el hecho conocido de que una
franja de los analfabetos lo son por haber abandonado tempranamente la
escuela, a lo que contribuye el desuso o la escasa práctica de la
lectoescritura.
En el otro extremo de las posibilidades de acceso a la educación
formal, se encontró que sólo en el 9,2% de los grupos hay entre 1 a 3
mujeres con estudios terciarios.

7.3. Las actividades de las familias
Las mujeres provienen de predios que se dedican a la agricultura, la
ganadería, la agroindustria o las artesanías y en todos estos casos, el total
o parte de la producción es comercializada.

65

�Mujeres que trabajan la tierra

Cuadro N° III.5
Porcentaje de mujeres de los grupos según las actividades principales
de los predios familiares
Actividades principales de los predios familiares

%

Agricultura

13,6

Ganadería

16,6

Agroindustria o artesanía

6,0

Agricultura y ganadería

26,2

Agricultura y agroindustria y/o artesanía

4,5

Ganadería y agroindustria y/o artesanía

6,6

Agricultura, ganadería y agroindustria y/o artesanías

15,0

Agricultura, ganadería, agroindustria y/o artesanías con act. forestales

3,6

Sólo actividades de autoconsumo

7,9
Total

100,0

El cuadro anterior nos indica la actividad principal de los predios
de las mujeres que participan en los grupos estudiados. Por lo tanto, un
13,6% de las mujeres organizadas en los grupos analizados viven en
predios donde la agricultura es la principal actividad de la finca,
mientras que casi un 17% lo hace en explotaciones donde lo es la
ganadería, y sólo en un 6% es la artesanía o la agroindustria. Como era
de esperar, en la mayoría de los casos (56%), las familias realizan más de
un tipo de actividad como estrategia para lograr la sobrevivencia del
grupo familiar.
En casi todos los predios existen actividades de autoconsumo, como
la huerta, el cultivo de cucurbitáceas o de legumbres, la producción de
mandioca, maíz u otros granos y los frutales. La producción de alfalfa y
pastos para el consumo de los animales es muy común, sobre todo
teniendo en cuenta que casi el 50% de las mujeres tienen algún tipo de
producción pecuaria. Aunque las actividades de autoconsumo están
combinadas generalmente con las dirigidas a la venta, existe un 8% de
casos donde el autoconsumo es la principal actividad del grupo familiar.
Una actividad no mencionada anteriormente, y que es importante
porque en el 44% de los grupos hay mujeres que la realizan, es la avícola.
66

�Capítulo III: Los grupos de mujeres rurales en la Argentina

Existen grupos donde la totalidad de sus integrantes tienen aves en sus
predios y, en general, las encuestas muestran que es una actividad que se
realiza en los sistemas productivos más diversificados. Este es un trabajo
que genera ingresos a la familia, porque en casi todos los casos se
menciona la venta de productos y subproductos de las granjas.
La apicultura aparece como otra actividad de importancia para los
predios familiares en cuanto a la generación de ingresos, aunque en una
baja proporción de casos.

7.4. Las actividades de las mujeres en los predios familiares
La huerta, la granja, los porcinos, las cabras y las artesanías son las
principales actividades productivas de las mujeres en los predios
familiares.
Cuadro N° III.6
Porcentaje de mujeres según la actividad que realizan en el predio
Principal actividad productiva de las mujeres

%

Ganado menor y artesanía o agroindustria

20,0

Ganado menor con huerta y/o granja y agroindustria o artesanía

17,3

Ganado menor

16,7

Huerta y/o granja

16,1

Artesanía y agroindustria

13,4

Huerta y/o granja y artesanía y/o agroindustria

11,5

Agricultura o ganadería o apicultura exclusivamente

2,8

No especifica

2,2
Total

100,0

En el cuadro anterior se aprecia la importancia de la ganadería
menor –porcinos, cabras y ovejas– en el trabajo que desarrollan las
mujeres en las áreas rurales, al igual que la atención de la huerta y/o la
granja, que se combinan con la elaboración de artesanías o de productos
agroindustriales, como quesos y otros derivados de la leche, dulces,
conservas, etc, en algunas regiones del país.
La cría de vacunos también aparece en las encuestas como una tarea
femenina, pero en baja proporción y la mayoría de las veces realizada
67

�Mujeres que trabajan la tierra

conjuntamente con la crianza de animales pequeños. Desde el ámbito
agrícola, el cultivo de hortalizas es otra actividad que las mujeres señalan
como propia y, en menor medida, la producción de frutas como
duraznos, higos, manzanas, ciruelas, peras, membrillos, cítricos y nueces.
Lo mismo ocurre con la apicultura. Finalmente, es interesante señalar
que casi un 6% de grupos mencionan como una actividad femenina la
producción de plantas aromáticas y medicinales.

7.5. El acceso a la salud
Como se dijo en el primer capítulo, el acceso a los servicios de salud
es una de las principales demandas de las mujeres del área rural. Esto se
reafirma al observar en el relevamiento que un 34% de los grupos tiene
dificultades para obtener la atención que necesitan para ellas y sus
familiares, dado que tanto la posta sanitaria como el hospital están
alejados de sus localidades24.
Si se considera solamente el acceso a un hospital, las mujeres de
estos grupos deben trasladarse en promedio 35 km para llegar a este tipo
de institución. Esta distancia es excesiva para una urgencia, pero lo es
mucho más porque, en general, acceden a los hospitales locales que no
cuentan con los recursos humanos y/o materiales necesarios para
resolver problemas de salud medianamente complejos. La distancia al
hospital se encuentra en relación directa con el costo del traslado, por lo
cual se debe presumir que el acceso a los servicios de salud está limitado
por condicionantes geográficos y económicos25.
En más del 80% de las zonas donde se encuentran los grupos, hay
un/a enfermero/a en la localidad atendiendo entre 1 y 7 días por semana
y en casi el 60% de las localidades hay un/a agente sanitario. El personal
de enfermería en su gran mayoría está cubierto por auxiliares que tienen
una formación de ocho meses de duración. Las/los agentes sanitarios son
parte de la estructura de atención primaria de la salud y tienen en cada
provincia diferentes formas de organización, funciones, supervisión y
capacitación.

24

Los casos extremos eran dos grupos que tienen el hospital a 90 y 100 km y la posta sanitaria a 70 y
30 km, respectivamente. Además, hay 7 grupos que contestaron que no hay una posta sanitaria
cercana y para los que el hospital se encuentra a una distancia de entre 4 y 19 km.
25

Los grupos más cercanos a los centros de salud son los que tienen un hospital en su localidad (1,2%)
o una posta sanitaria (32,9%). En el 70% de los grupos, las mujeres deben recorrer una distancia mayor
a 10 km para llegar a un hospital y las campesinas de un 40% de las organizaciones necesitan
trasladarse una distancia superior a los 5 km para ser atendido en una posta sanitaria.

68

�Capítulo III: Los grupos de mujeres rurales en la Argentina

Cuadro N° III.7
Porcentaje de grupos según la atención primaria de la salud en la
localidad
Presencia de enfermera/o y/o agente sanitario en la localidad

Porcentaje de
grupos

Agente sanitario y enfermera/o en la localidad

55

Agente sanitario solamente

7

Enfermera/o solamente

26

Ni enfermera/o ni agente sanitario en la localidad

12
Total

100

La encuesta tiene una pregunta referida a la cantidad de días en que
el médico visita la localidad donde se encuentra el grupo. En este ítem,
hay un 16% de encuestas sin respuesta y sólo 3 grupos contestaron que
no iba ningún médico a su localidad. En las restantes, un 24% contestó
que el médico va todos los días (probablemente sean aquellos que tienen
un hospital en la localidad o muy cercana a la misma); un 6% entre una y
seis veces en un mes; un 19%, una vez cada dos meses; un 11%, entre 2 a
4 veces por año y el 13% restante, contestaron que sólo reciben la visita
del médico una vez al año. Estas cifras indican el grado marginación en
que se encuentra la población rural en cuanto a recibir los servicios
básicos del Estado; esto afecta especialmente a las mujeres y es un factor
de la migración rural femenina.

8. Las actividades de los grupos
Las actividades que desarrollan los grupos relevados son muy
variadas. Probablemente, la elección de qué hacer juntas se relacione con
quien o quienes acompañan al grupo o la motivación por la cual se
organizaron. Más allá de cómo llegaron a realizar la actividad conjunta,
ésta les suele dar una identidad al grupo. Es así que se encuentran las
mujeres artesanas, las cabriteras, las que venden flores en la feria, las que
juegan al fútbol, la del costurero o del roperito, las dulceras, las mujeres
de las ferias francas.
En general, al momento de la encuesta, los grupos realizaban más
de una actividad aunque una de ellas es siempre la más importante y le
69

�Mujeres que trabajan la tierra

da la identidad al grupo. Por ejemplo, las mujeres están organizadas en
torno a la producción y comercialización de cabras y, además, reciben
capacitaciones en género y sobre el funcionamiento del fondo rotatorio y
hay una comisión que se ocupa de la desinfección de vinchucas en las
casas y otra que apoya a la posta sanitaria. Aunque sean varias las tareas
que las reúnen, en este caso es la majada caprina el principal centro de
interés del grupo.
Las combinaciones de actividades más frecuentes son la huerta y la
granja, al igual que la ganadería menor con otros tipos de trabajo. En la
medida que un grupo tiene más actividades, aparecen algunas que son
un poco más complejas o que implican un mayor grado de organización,
como es la de uso de un fondo rotatorio, el prestar servicio de
maquinaria agrícola o participar como delegadas en organizaciones de
productores/as o instituciones gremiales.
Sin considerar la capacitación, un grupo puede haber desarrollado a
lo largo de su historia, desde 18 actividades hasta ninguna dependiendo
de la cantidad de años de existencia. Sin embargo, casi la mitad de los
grupos del relevamiento sólo tuvieron, o tienen, entre una y tres
ocupaciones diferentes.
Dadas las características rurales de estas organizaciones de mujeres,
las actividades predominantes son las relacionadas con el sector
agropecuario. De acuerdo a la encuesta aplicada, el 69% de grupos
realizan, o realizaron a lo largo de su vida, una o más actividades
vinculadas con la ganadería o con la producción agrícola26.
El 65% de los grupos recibe o recibió capacitación, la cual aparece
como un punto fundamental para el desarrollo de las capacidades y de la
autoestima. Generalmente, está asociada a las actividades agropecuarias,
a la comercialización de los bienes obtenidos o a la oferta de servicios.
Sin embargo, muchos grupos recibieron capacitación con el objetivo de
fortalecer la organización y la dinámica interna del grupo y, en un tercio
de los casos, tuvieron como eje la temática de género y de derechos
humanos. En las entrevistas realizadas, el acceso a la capacitación y la
búsqueda de articulación con organizaciones campesinas o con
instituciones relacionadas con el desarrollo rural surgen como dos

26

Solamente un 17% realizó, o realizaba en el momento de la encuesta, una actividad agrícola o
pecuaria en forma exclusiva. El 52% restante de los grupos con actividades agropecuarias, las
combinaban con otra o con más de una. Por ejemplo, las integrantes del grupo tenían un crédito para
insumos para el cultivo de alfalfa en parcelas individuales y, además, recibían capacitación en
atención primaria de la salud.

70

�Capítulo III: Los grupos de mujeres rurales en la Argentina

elementos que implican un punto de inflexión en el proceso que viven
las mujeres al organizarse.
Los trabajos agroindustriales y/o artesanales son otra actividad de
importancia dentro del relevamiento, ya que están realizados por la
mitad de los grupos y generalmente combinados con otro tipo de tarea.
Cuadro N° III.8
Porcentaje de grupos según las actividades que realizan
desde el inicio hasta la fecha27
Actividades

Porcentaje de grupos

Producción de ganado menor

36

Producción de ganado mayor

13

Botiquín veterinario

14

Producción agrícola, forestal y de plantas ornamentales

33

Huerta

51

Granja y apicultura

41

Agroindustria

22

Artesanía

28

Comercialización

28

Fondo rotatorio y servicio de maquinaría agrícola

32

Religiosas

14

Costura

18

Comedor

16

Organización de beneficios

13

Deportivas

15

Mejora de infraestructura

18

Gestión de proyectos

37

Difusión y comunicación

12

Gremiales y delegadas a organizaciones

28

27

El porcentaje total es diferente de 100 porque se consignan todas las actividades que realizan los
grupos, considerando las realizadas en forma combinada. Por ejemplo, un grupo tiene un botiquín
veterinario, produce porcinos y cultiva una huerta; y en el cuadro se registran las tres en forma
separada. Además, se consideran todas las actividades realizadas por el grupo desde su inicio hasta la
fecha. Por lo tanto, puede ser que un grupo que realizó una plantación forestal hace 10 años, hoy se
dedique a la venta de hortalizas y frutas en una feria. En este caso, se consignan ambas actividades.

71

�Mujeres que trabajan la tierra

Actividades

Porcentaje de grupos

Organización de actividades recreativas

30

Salud

26

Capacitación en género y en derechos humanos

23

Otros tipos de capacitaciones

42

La mitad de los grupos que realizan actividades relacionadas al
ámbito forestal están localizados en la provincia de Misiones y son
asociaciones que han sido beneficiadas con proyectos de la Secretaría de
Agricultura en los años 2000 y 2001 para la reforestación con especies
nativas. Los otros grupos no especifican qué actividades forestales
realizaron o realizan, pero es de esperar que se relacionen tanto con la
plantación de especies arbóreas como con aquellas vinculadas a la
obtención de productos del monte como leña y carbón.
Las actividades de servicios de maquinaria que los grupos
mencionan se refieren a la compra por medio de subsidios o créditos de
maquinarias agrícolas que usan los miembros de la comunidad, tanto en
forma gratuita o pagando el servicio a la asociación.
Dentro del 15% de los grupos con actividades deportivas, es
necesario mencionar a las asociaciones de fútbol femenino. En el
relevamiento de 2001 había cinco organizaciones, conformadas por
mujeres más jóvenes que la media existente en los otros grupos (entre 19
y 24 años), que tenían un equipo de fútbol y para quienes las actividades
relacionadas con el fútbol eran importantes28.
Finalmente, hay un 6% de grupos que mencionan “otras
actividades”, además de las indicadas en la encuesta. Por ejemplo, tareas
culinarias, colaboración con la organización de productores/as local,
acciones relacionadas con el medio ambiente, lombricultura y fabricación
de suelo cemento. Es interesante destacar que en este ítem, cinco grupos
mencionan la realización de capacitaciones a otras familias campesinas.

28

De estos cinco grupos, tres de ellos ya no existían cuando se realizó la encuesta de seguimiento en
2006.

72

�Capítulo III: Los grupos de mujeres rurales en la Argentina

9. Aportes y recursos recibidos por las mujeres y por los
grupos
Los aportes y recursos recibidos por las mujeres a través de distintas
instituciones estatales o no estatales desde el inicio del grupo hasta el
momento del relevamiento son muy variados. En el cuadro siguiente, se
presenta el porcentaje de grupos según los tipos de aportes o recursos
recibidos.
Cuadro N° III.9
Tipos de aportes o recurso recibido según el porcentaje de grupos que los
recibieron
Tipo de aporte o recurso recibido

Porcentaje de grupos

Capacitación

95,8

Asistencia técnica

94,9

Insumos (animales, semilla, laboreo, alambre, etc.)

78,6

Infraestructura29

38,4

Maquinaria y herramientas30

37,8

Programas de empleo

15,5

Alimento
Bienes de uso doméstico

9,3
31

40, 8

Vestimenta y/o útiles escolares

4,2

Emergencias agropecuarias y/o climáticas

6,5

Como es posible observar, la capacitación y la asistencia técnica son
los principales recursos que han recibido los grupos estudiados. Esto se
relaciona con que la mayoría de los mismos tienen un acompañamiento
sistemático (ver Cuadro N° III.3) de instituciones que brindan asistencia
técnica y capacitación. En los casos en que el grupo sólo recibió un
recurso (12 casos), éste fue capacitación o asistencia técnica.

29

Incluye todo lo que está plantado: piletones, aljibes, galpones, canales de riego, salones
comunitarios, viviendas, radio comunitaria, caminos, etc.
30 Aquellas que se usan para el trabajo productivo y para las actividades de tejido y costura: tractores,
arados, rueca, telar, máquina de coser, esquiladora, sembradora, bomba de agua, pantalla solar, etc.
31 Incluye todos los bienes que se usan en la casa y/o que apoyan las actividades reproductivas:
cocinas, hornos, lavarropas, heladeras, pantalla solar (de uso en la casa), colchones, frazadas, etc.

73

�Mujeres que trabajan la tierra

La cantidad y variedad de los aportes y recursos recibidos no tienen
una relación necesaria con la antigüedad del grupo. En promedio, las
organizaciones entrevistadas se beneficiaron con 5 a 6 diferentes tipos de
aportes o recursos desde que comenzaron a reunirse. Existen casos que
obtuvieron un proyecto, por ejemplo, y otros una suma de aportes
económicos de importancia ya que recibieron, a lo largo de la vida del
grupo, numerosos subsidios o aportes no reembolsables o créditos a muy
baja tasa de interés.

10. Los cambios personales de las mujeres que participan en
grupos
La mayoría de las mujeres de los grupos entrevistados manifestaron
haber tenido cambios desde que comenzaron a participar en sus
organizaciones.

74

�Capítulo III: Los grupos de mujeres rurales en la Argentina

Cuadro N° III.10
Tipos de cambios personales en las integrantes del grupo
Algunas respuestas características ante la pregunta:
Tipo de cambios

¿Qué cambios ocurrieron a nivel individual en las integrantes del
grupo?
9 Hábito de integrarse a un grupo.

Mayor participación.

9 Aumenta la acción y motivación. Se liberaron, participan,
son compañeras.
9 Se valoran más a sí mismas y lo que hacen.

Mayor autoestima,
motivación, seguridad,
autonomía.

9 Hay motivación e interés por el saber, por nuevos
conocimientos.
9 Nos animamos a hablar, a no tener miedo de usar la palabra o para
salir a reuniones fuera de la comunidad.
9 Se animan a representar el grupo.
9 Mayor iniciativa familiar.
9 Estamos más libres; reconocemos los derechos como mujeres;
podemos enseñarles y hablarles a los hijos.

Cambios en la relación con
la familia y en sus
relaciones de género.

9 Disfrutar de un tiempo libre
9 Mayor independencia con respecto al marido.
9 Ruptura del aislamiento.
9 Traslado de los aprendizajes a la familia.
9 Algunas lograron relaciones de género más equitativas.
9 Aprendimos cómo es nuestro cuerpo.
9 Capacitación en diseño, hilado y teñido.
9 Salida laboral.

Capacidad productiva,
aprendizaje de tecnología.

9 Recuperación de técnicas artesanales, como parte de su
identidad cultural.
9 Comprensión del manejo de los números, costos, venta.
9 Aprendizaje en el trato al consumidor, mejoras en las
presentaciones.
9 Integración a asociaciones de pequeños productores.

Capacidad organizativa y
de gestión.

9 Aprendizaje en administración y negociación.
9 Elaboración y gestión de proyectos.
9 Mejora la capacidad de expresión.

Comunicación

9 Animarse a plantear propuestas en el grupo.
9 Manejo de información
9 Más apertura, escucha, respeto, compromiso de cada una.

Valoración grupal

9 Solidaridad, compromiso, capacidad de compartir, amistad.
9 Sentimiento de pertenencia grupal.

75

�Mujeres que trabajan la tierra

Algunas respuestas características ante la pregunta:
Tipo de cambios

Otras

¿Qué cambios ocurrieron a nivel individual en las integrantes del
grupo?
9 Continuación de los estudios secundarios.
9 Aprendimos a valorar nuestra cultura.

En las encuestas, la experiencia de la participación en grupos parece
tener un fuerte impacto en la manera en que sus integrantes se perciben
a sí mismas. Estos cambios están mediados por la interacción grupal, que
les permitió comprender que muchos de sus problemas son compartidos,
y enriquecerse con la experiencia y el aporte de las otras. Les permite
mejorar su capacidad de expresión, usar la ʺpalabraʺ que generalmente
tienen vedada. Una señora lo expresa así: “ahora puedo ordenar mis ideas en
la cabeza y decirlas en grupo... aunque me equivoque”.
Las respuestas también dejan claro que estos cambios están
asociados al hecho, por un lado, de asumir que su trabajo doméstico y
reproductivo tiene un valor y, por otro, a la transformación de su
identidad de ʺayudanteʺ a “productora” en las actividades del predio, ya
que no eran plenamente conscientes del aporte que realizan. Tal como lo
expresó una de las respuestas: “Aprendimos a valorarnos más, que tenemos
muchas fuerzas para luchar, que no sólo somos amas de casa sino productoras y
artesanas”.
En las entrevistas surge que la participación en la vida del grupo
llevó a muchas mujeres a mejorar su capacidad de liderazgo, lo que se
expresó no sólo al interior del grupo sino también en las relaciones con
sus propias familias, con sus hijos y sus maridos y dentro de la
comunidad32.
El fortalecimiento de su autoestima aparece en las encuestas
derivado, en parte, de la mejora de los ingresos, como resultado de
actividades tales como la producción de huerta, la tejeduría, la
elaboración de dulces y otras actividades artesanales. Las mujeres se
sienten más diestras para la presentación de sus productos en ferias, con
un visible mejoramiento de su capacidad de expresión (verbal y
corporal) y más sueltas en su interacción con otros grupos. La
ampliación de sus conocimientos, cambio mental y progreso personal
fueron algunos de los rasgos que se señalaron. También, una conciencia

32

Al asumir compromisos, las mujeres se sobrecargan de trabajo y esto implica que deben redistribuir
y organizar su tiempo para lograr construir una vida con participación en los espacios públicos.

76

�Capítulo III: Los grupos de mujeres rurales en la Argentina

más clara de su posición de género: valoran los derechos de las mujeres y
se sienten más fuertes para afirmar y sostener los mismos.
En aquellos grupos donde se ha trabajado con el eje de los derechos
humanos, las mujeres pueden reconocerse como ciudadanas. El conocer
las declaraciones y convenciones internacionales sobre los derechos
humanos en general y de las mujeres rurales en particular, la no
discriminación y la eliminación de la violencia contra las mujeres, abre
una nueva perspectiva que las reposiciona frente a sí mismas, su pareja,
su familia y la comunidad33.
Cabe destacar el proceso de valoración de la identidad cultural que
mencionan los grupos. Este resulta en un reconocimiento del “ser
campesina” o del pertenecer a una etnia; como una transición cuyo
punto de partida es el sentimiento de discriminación y la baja
autoestima, pasando a la construcción valorativa de una identidad de
etnia o clase. Del total de grupos relevados en el año 2006, el 24% se
reconoce como perteneciente a un pueblo originario, Kolla, Guaraní,
Mapuche, Diaguita Calchaquí, Toba, Wichí, Chorotes, Chulupíes, Chané.
En la provincia de Salta hay grupos interétnicos, integrados por mujeres
de diferentes pueblos que participan de la misma organización.

11. Los cambios en el ámbito grupal
La pregunta “¿Qué cambios ocurrieron en el ámbito grupal?”
agrega precisiones de interés acerca del balance de la experiencia
compartida que efectuaron los grupos estudiados.
En la mayoría de las encuestas, los grupos percibieron muchos
cambios. Los principales pueden resumirse en la idea de que se
organizan mejor para trabajar, con mayor confianza para charlar
problemas del grupo y de las mujeres. Además, ganan seguridad para
asumir diferentes roles y funciones y tienen un mayor compromiso con
la tarea y el uso de los recursos. Por otro lado, se observa un aumento en
la capacidad para organizarse y respetar las pautas de división del
trabajo. En las percepciones de estos cambios, jugó un papel importante
el desempeño que los grupos tuvieron hacia fuera sobre todo cuando
fueron reconocidas y consultadas.

33

Existen experiencias de mujeres que a las cartillas y materiales utilizados en las capacitaciones
sobre derechos, los cuelgan de las paredes de su casa o, intencionalmente, los dejan a la vista para que
los vea el marido.

77

�Mujeres que trabajan la tierra

Como puede observarse en el cuadro siguiente, las respuestas a esta
pregunta pueden agruparse más comprehensivamente en las que
destacaron las ventajas de la sociabilidad grupal y sus efectos positivos
en el plano personal y colectivo y las que se focalizaron en la mayor
capacidad de organización para fines prácticos, entre los cuales
incluimos tanto la gestión para la producción como la defensa de los
propios derechos.
Cuadro N° III.11
Tipos de cambios a nivel del grupo

Tipo de cambios

Algunas respuestas características ante la pregunta
¿Qué cambios ocurrieron en el ámbito grupal?
9 Conciencia como grupo. Se decide mejor. Mejoran los lazos
solidarios. Posibilidad de resolver conflictos

Integración, participación,
solidaridad y confianza en
sí mismas para tomar
decisiones

9 Se comparte en comunidad. Ayuda mutua y auto ayuda.
9 Comprensión del grupo como compañía
9 Poder de negociación.
9 Renovación de dirigentes y pérdida de los liderazgos
históricos

Mejoras en la organización
para gestionar proyectos,
negociar y defender
derechos

9 Mejora la capacidad de gestión.
9 Organización para comprar insumos y para producción.
9 Hemos aprendido a defendernos y a luchar por lo que queremos.
9 No nos ponemos de acuerdo fácilmente.

Dificultades y cambios
negativos

9 Más conflictos que instancias positivas
9 El grupo sufrió desgranamiento, pero luego se estabilizó.

En este proceso los grupos también registran transformaciones que
fueron vistas como negativas: disminución de su tamaño o conflictos
internos. Algunos grupos disminuyeron sensiblemente en cuanto a su
número de integrantes, pero las que quedaron se afianzaron y
organizaron democráticamente. Si bien son frecuentes los conflictos
internos, la confianza en el grupo aumentó luego que los mismos fueron
enfrentados y superados. Esto puede resumirse en la idea de que si el
grupo resiste la instancia conflictiva y las dificultades de lograr consenso,
termina fortalecido por la prueba.

78

�Capítulo III: Los grupos de mujeres rurales en la Argentina

12. Las ventajas de la organización grupal
La mayoría de las respuestas a la pregunta “¿Cuál fue la principal
ventaja por estar organizadas?” describieron dos o más rasgos, por lo
que el total de aspectos considerados fue sensiblemente más numeroso
que los hallados en las preguntas anteriores. Se reiteraron las nociones de
crecimiento personal y grupal generado por la experiencia participativa
y las que destacan la capacidad operativa del grupo en términos de
objetivos de gestión concretos que surgieron en los ítems precedentes,
pero que agregaron precisiones de interés que vale la pena comentar.
Cuadro N° III.12
Tipos de ventaja de estar organizadas
Algunas respuestas características ante la pregunta
¿Cuál es la principal ventaja de estar organizadas?

Tipo de ventaja

Sociabilidad, valoración.

9

Animarse a opinar, darse fuerza mutua.

9

Haberse conocido, trabajar entre vecinas, compartir.

9

Mejora la participación, el debate.

9

Autoconfianza, participación, solidaridad y enriquecimiento
personal.

9

Escuchar y respetar las ideas del/a otro/a.

9

Las mayores enseñan a las jóvenes sus saberes.

9

Construcción de un proyecto colectivo.

9

Aprender a negociar y desarrollar capacidades para la
autogestión.

9

Conformar una cooperativa para trabajar y producir
organizadamente.

Organización del grupo y
mejora de la capacidad
9
de gestión

Potenciar la capacidad de gestión del grupo, planificación de
un proyecto productivo diversificado.

Tener un espacio físico propio
Articulación y alianza con otros grupos de mujeres y organizaciones
mixtas.
Participación en encuentros regionales y nacionales.

9
9
Reconocimiento del
grupo en la comunidad, y 9
contactos externos
9

Capacitación y asistencia
técnica

Comunicación entre mujeres.
Participación en ferias y encuentros de intercambio.
Mejora la relación con los vecinos.
Que siendo un grupo armado logramos hacernos escuchar y que
nos valoren.

9

Manejo de información.

9

Trabajo en la huerta

79

�Mujeres que trabajan la tierra

9

Algunas respuestas características ante la pregunta
¿Cuál es la principal ventaja de estar organizadas?
Capacitación.

9

Aprendimos muchas cosas

Tipo de ventaja

Créditos y subsidios

Acceso a créditos para mejorar producción para autoconsumo

9

Acceso a las ayudas que ofrece el PSA y PROINDER.

9

Compra de herramientas e insumos más baratos.

Comprar mejor. Ahorro de dinero en las compras

Producción y
comercialización,
ingresos

9

Concentración de la oferta de un producto totalmente
artesanal para poder vender al turismo.

9

Aprendimos a ser nuestras propias patronas

9

Apoyo a la economía familiar y comunitaria

Defensa de los derechos de la mujer.

Derechos Humanos

Otras

9

Evitar embarazos no deseados.

9

Lucha por la calidad vida (vivienda, agua, tierra,
alimentación, salud, vestido, etc.)

9

Defensa de las tierras y el territorio

9

Estar bien en los momentos difíciles.

9

Realizar algo distinto de la tarea cotidiana.

9

Compartir el trabajo con los maridos.

9

Contención frente a problemas personales y familiares.

9

Solidaridad frente a casos de violencia.

Intentando resumir las respuestas anteriores, se observa que las
mismas pueden agruparse en tres ítems: i) las relacionadas a variables
económicas (Aprendimos a ser nuestras propias patronas), ii) las
relacionadas a lo político (la defensa del territorio, alianza con otras
organizaciones) y; iii) las que mencionan aspectos subjetivos (“animarse a
opinar y darse fuerza…”; “haberse conocido, trabajar entre vecinas compartir”).
Con respecto al primero, se destacaron como ventajas los adelantos
directamente relacionados con la producción y la comercialización y los
mayores ingresos generados; el acceso a créditos y subsidios y los
beneficios derivados para las familias en términos de mejoramiento
concreto de los niveles de calidad de vida.
La capacitación recibida aparece nuevamente como beneficio muy
apreciado, que aumenta el conocimiento y la información para los
proyectos que el grupo ha emprendido.

80

�Capítulo III: Los grupos de mujeres rurales en la Argentina

13. Los problemas de los grupos
Casi el 30% de los grupos manifestaron no tener problemas y un
11% no respondieron a esta pregunta. Por lo tanto, más de la mitad de
los grupos estudiados identificaron los problemas principales que los
afectaron. De ellos, 34% consignaron un solo problema y el 25,7% de los
grupos señalaron que tenían varios problemas. En el cuadro siguiente se
presentan únicamente los problemas enfrentados por los grupos.
Cuadro N° III.13
Principales problemas enfrentados por los grupos
Problemas

%

Mala administración del dinero

9,2

Competencia en el liderazgo

21,3

Chismes

34,0

No cumplimiento de los acuerdos

28,0

El grupo quedó sin acompañamiento

7,5
Total

100,0

Como puede apreciarse, los problemas más extendidos son los
chismes (34,0%) y el no cumplimiento de los acuerdos (28,0%), seguidos
por la competencia en el liderazgo (21,3%), la mala administración del
dinero (9,2%) y el quedar sin acompañamiento (7,5%).
Aunque sólo un 30% de los grupos contestó el ítem sobre “Otros
problemas del grupo”, las respuestas dadas a esta pregunta abierta
contribuyeron a aclarar los aspectos identificados como problemáticos
expuestos anteriormente.

81

�Mujeres que trabajan la tierra

Cuadro N° III.14
Otros tipos de problemas del grupo
Tipo de problema

Del propio grupo

Externos al grupo
(comunitarios o
institucionales)

Familiares

Falta acompañamiento o
asistencia técnica

Inasistencia

Algunas respuestas características
9

Liderazgo muy marcado que obstaculiza la participación

9

Malos entendidos, dificultad para los acuerdos

9

Falta de experiencia para compartir en grupo

9

Divisiones religiosas, familiares, políticas

9

Desgranamiento

9

Desacuerdos en las compras

9

Falta de solidaridad, de confianza. Individualismo

9

Miedo por falta de experiencia. Miedo a tomar crédito

9

El desafío de aprender a ser la propia patrona

9

Cuesta que las mujeres salgan de las casas

9

Por influencias clientelísticas institucionales e individuales

9

Interferencias políticas partidarias

9

Falta de apoyo de la comunidad o de las instituciones.
Interferencias de los varones.

9

La pobreza.

9

Peleas entre familias

9

En la comunidad hablan mal de las mujeres

9

Los maridos no le dan permiso

9

No tienen con quien dejar a los hijos/as o animales.

9

Cuesta delegar las responsabilidades del hogar.

9

El grupo quedó sin acompañamiento y no se reunió

9

El grupo no se reunió

9

Dificultades de acceso a las reuniones por la distancia o la
falta de dinero para el traslado

9

Demora en la ejecución por tardanza de entrega de fondos o
reducción de financiamiento

9
Económicos, productivos
9
o de comercialización

Otros

82

Falta de venta de productos
Falta de recursos económicos, financieros, maquinaria,
tiempo, etc

9

Fracasos en la experiencia productiva

9

Falta de lugar para reunirse, o para trabajar

9

Desánimo por falta de oportunidades

9

Incendio del galpón, problemas del clima.

9

Robo de los fondos por parte de una compañera o una
persona ajena al grupo

�Capítulo III: Los grupos de mujeres rurales en la Argentina

Los principales problemas que afectan a los grupos tienen que ver
con su propia dinámica y las dificultades para manejar las propias
tensiones y conflictos. La inexperiencia y eventualmente la existencia de
liderazgos autoritarios que dificultan la expresión de las ideas y la
participación han sido señalados en algunos casos. Por otro lado, las
mujeres frente a los conflictos ponen en juego las emociones.
Un obstáculo adicional es que como resultado de las dificultades
para organizarse se produce el retiro de alguna de sus integrantes.
Las dificultades para llegar a las reuniones es el justificativo más
frecuente para las inasistencias, ya sea por las distancias o el dinero
necesario para el traslado. Otros problemas se refirieron a la débil
vinculación de los grupos al mercado, la falta de ventas y el consecuente
desánimo que en muchos casos se atribuyó a la crisis económica.
La ausencia de actividades conjuntas, ya sea por la carencia de una
conducción adecuada o por la falta de identificación del grupo con
objetivos orientadores, resulta asimismo un obstáculo para su
supervivencia. A ello deben sumarse otros problemas externos, tales
como las demoras en la obtención de financiamiento o el alejamiento de
animadores o promotores que efectúan el acompañamiento.
La falta de apoyo de la comunidad se expresa en las preguntas ¿en
qué andan estas mujeres?, ¿de qué hablan? o las acusan de chismosas y de
perder el tiempo. A nivel familiar, la ausencia del respaldo para la
participación se expresa en las dificultades para delegar el cuidado de
los/as hijos/as o de los animales u otra actividad que sea de su
responsabilidad. Y en otros casos el marido, directamente no les da
permiso a participar.

14. Las demandas de los grupos
Debido a la diversidad de los temas contenidos en las respuestas, en
éste, igual que en otras preguntas abiertas, al procesarlas se efectuó una
tilde múltiple en las categorías correspondientes.

83

�Mujeres que trabajan la tierra

Cuadro N° III.15
Las demandas de los grupos de mujeres
Algunas respuestas características ante la pregunta
ʺ¿Cuál es actualmente la principal demanda del grupo de mujeres?ʺ

Demandas

Resolución de problemas
estructurales

Recursos para la
producción (insumos,
herramientas,
instalaciones)

Créditos y subsidios

Trabajo y organización

Mercado

Capacitación y
asistencia técnica

Servicios: salud,
educación, transporte y
vivienda

84

9

Regularización de la tenencia de la tierra, escrituración.

9

Agua para riego.

9

Sistemas de captación y almacenamiento de agua.

9

Materiales para costura y tejido.

9

Equipamiento productivo que simplifique el
(moledoras de granos, envasadoras, husos, telar, etc).

9

Insumos (semillas, fertilizantes, botiquín veterinario)

9

Mejorar el manejo de suelo.

9

Locales para producción y reuniones.

trabajo

9

Créditos de apoyo a la producción.

9

Ampliar la cartera de crédito disponible para beneficiar
nuevas socias.

9

Subsidios.

9

Trabajar y vivir en el campo. Ampliar la zona de cultivo,
sembrar, forestar, criar.

9

Organizarse con más grupos, promover la participación,
fortalecer redes.

9

Participar en encuentros, realizar pasantías.

9

Alivio de las tareas reproductivas

9

Mejorar la comercialización, vender mejor, tener un puesto de
venta.

9

Sacar marca del producto para poder comercializar.

9

Certificación de productos.

9

Capacitación en el tema mujer, género, derechos de las
mujeres, prevención de la violencia, procreación responsable.

9

Asistencia legal y capacitación para el tema tierras.

9

Asistencia técnica para la producción y comercialización.

9

Capacitación para fortalecer la organización, la producción,
negociación, autoconsumo, venta, y promoción de salud.

9

Asistencia en la resolución de conflictos grupales.

9

Asistencia médica.

9

Luz eléctrica, fuentes de energía alternativas.

9

Mejorar las viviendas rurales, baños, cocina.

9

Caminos y transporte público.

9

Educación: planes de alfabetización, becas para jóvenes.

�Capítulo III: Los grupos de mujeres rurales en la Argentina

Algunas respuestas características ante la pregunta
ʺ¿Cuál es actualmente la principal demanda del grupo de mujeres?ʺ

Demandas

Otras

9

Seguridad.

9

Atención a víctimas de violencia. Contención familiar.

9

Equidad de género.

9

Que los beneficios sean para toda la comunidad.

9

Conservar la identidad cultural.

9

Abordar la problemática del alcoholismo

Mirando el cuadro, la amplitud de demandas es grande, quizás la
principal sea la vinculada con los problemas de tierra, agua y trabajo. Las
mujeres piden apoyo para la producción, la comercialización y por
medio de créditos o subsidios para el mejoramiento de las condiciones
de la finca (equipamiento y adquisición de máquinas y herramientas de
trabajo y para la construcción de instalaciones). Sus demandas están
vinculadas principalmente a la preocupación del mantenimiento del
hogar y es por eso que solicitan también capacitación y asistencia técnica
en aspectos productivos, además de temas inherentes a la familia, la
vivienda, la salud y a la condición de género.

15. El ciclo de vida de los grupos
Al analizar el ciclo de vida de los grupos, es posible encontrar
diferentes alternativas que estos siguen desde su formación. De Dios
(2000), las presenta en el siguiente diagrama.

85

�Mujeres que trabajan la tierra

Diagrama N° III.1
El ciclo de vida de los grupos voluntarios
Crecimiento

Formación

Consolidación

Formalización

Crisis

del Grupo
Estancamiento
o latencia

Disolución

Burocratización

Refundación

Fuente: De Dios, 2000.

Como ocurrió en varios de los grupos analizados, la ejecución de un
proyecto resultó en un camino de crecimiento del grupo en la medida
que se alcanzaron los objetivos esperados y se consolidaron las
relaciones de cooperación entre sus integrantes. En estos casos, la
aparición de conflictos y su resolución dejó como saldo un aumento de la
cohesión grupal. La continuidad del grupo se asegura con el planteo de
nuevos objetivos (en general, expresados en un nuevo proyecto) que
recrean el deseo de sus integrantes de mantener su condición de grupo.
En algunos casos, esto puede estar acompañado con la discusión y
acuerdo acerca de normas o reglamentos compartidos a los que deben
sujetarse y, aunque como se vio ocurre en un bajo porcentaje, puede
aparecer la necesidad de una mayor formalización. En general, la
adopción de alguna figura jurídica ocurre cuando el grupo se expande
tanto en número de integrantes, como en la cantidad y complejidad de

86

�Capítulo III: Los grupos de mujeres rurales en la Argentina

los posibles proyectos productivos a ejecutar en relación con otros
actores sociales o en articulación con otros grupos campesinos.
Otro camino posible que se observa, es la conformación del grupo a
partir del ofrecimiento de un programa que ofrece crédito o subsidio. La
posibilidad de acceder a recursos actúa como motivador. La ejecución de
un proyecto simple que busque mejorar la situación productiva
mediante la realización de pequeñas inversiones prediales puede
conducir a la maduración del grupo como tal, o puede resultar en una
apropiación de beneficios por parte de cada integrante, sin trabajar hacia
una construcción conjunta. En este caso, una vez ejecutado el proyecto,
no surgirá el deseo de recrear objetivos y crecer en autogestión,
despegándose paulatinamente de la institución que dio origen al grupo,
y de esta manera es probable que se estabilice en una situación de
estancamiento, para disolverse finalmente.
En general, los acuerdos que hace un grupo para el trabajo conjunto
pueden tener diferentes grados de complejidad según pacten entre sus
integrantes a una menor o mayor interacción y a una menor o mayor
formalización del contrato establecido. Cuando los grupos son capaces
de diseñar y poner en práctica propuestas de trabajo más complejas, y
alcanzar resultados exitosos según la perspectiva de sus propios
integrantes, es probable que deriven en un crecimiento, consolidación y
formalización creciente. Lo contrario ocurrirá cuando los grupos no
encuentren la tarea que los convoque y puedan resolver los dilemas que
les demande la ejecución de prácticas asociativas simples. De esta
manera el grupo tenderá a disolverse o a transformarse.
Existen coyunturas sociales, políticas y económicas que impulsan a
la conformación de grupos. En la década del noventa en Argentina, las
áreas rurales actuaron como refugio ante el desempleo y muchos grupos
se conformaron para buscar alternativas laborales o para la realización
de actividades productivas para la generación de ingresos o para el
autoconsumo. Por lo contrario, existen otras coyunturas en las cuales no
hay ningún tipo de apoyo a las organizaciones de base o mismo se
cuestiona la participación y los grupos se estancan o disuelven.
Este enfoque desde la coyuntura no debe dejar de lado el avance
que significa en el tejido social de las regiones rurales, la difusión de
formas de asociación grupal. Aunque ellas forman parte de formas
organizativas comunitarias preexistentes, cuya rica tradición aparece en
toda la historia de la cultura rural de Argentina, han sido estas últimas
décadas escenario de la difusión de un nuevo paradigma del rol de las
mujeres.
87

�Mujeres que trabajan la tierra

Al mismo tiempo, la coyuntura nacional e internacional propone
una redefinición del pacto de la ciudadanía con el Estado, lo que está
asociado a un aumento de la conflictividad social, y de una vocación
explícita por la paridad, la equidad, y la elevación del nivel de calidad de
vida. La organización grupal de las mujeres rurales desde una mirada de
género, concierne tanto a aspectos subjetivos, como a la cultura política,
las relaciones de poder y al desarrollo humano.

La Asociación de Mujeres Warmi Sayajsunqo
La Warmi es una asociación conformada por mujeres kollas que tiene sede en
Abrapampa en la puna jujeña. Su nombre en quichua significa Mujeres
Perseverantes. Surge en el año 1995 impulsada por 10 mujeres, lideradas por
Rosario Quispe.
Comenzaron con la construcción de un salón comunitario y hasta el momento
han desarrollado numerosos emprendimientos, han crecido en el número de sus
integrantes y han recibido apoyo de diversas fuentes de financiamiento.
Actualmente la asociación está integrada por 3500 personas varones y mujeres
que son representantes de un grupo familiar. Han conformado 89 fondos
comunales distribuidos por cinco departamentos de la puna y valles salteños,
que cuentan con dinero y otorgan préstamos a los/las integrantes de los
mismos. Se han llevado adelante proyectos de diversa índole como la
instalación de una estación de servicio en Abrapampa, un cyber o un colectivo
para el transporte público, además de los emprendimientos tradicionalmente
agrícolas y ganaderos como los invernaderos o la cría de llamas.
Por estatuto, la comisión directiva de la asociación está integrada
exclusivamente por mujeres. Cada fondo comunal tiene dos delegados que son
un varón y una mujer y si bien los varones participan de la asamblea, no
pueden ser elegidos. Esta organización ya no es exclusivamente de mujeres,
pero merece ser considerada por el protagonismo de las mismas a lo largo del
proceso y el pasaje hacia la conformación de grupos mixtos.

88

�Capítulo IV: Los derechos humanos de las mujeres rurales

Capítulo IV
Los derechos humanos de las
mujeres rurales
El objetivo de este capítulo es describir el marco legal que protege
los derechos de las mujeres rurales en el Estado Argentino, intentando
objetivar el proceso de visibilización de sus derechos y describiendo
categorías que sirvan para su empoderamiento. Por ello, principalmente
está centrado en las mujeres rurales.
El título de este capítulo implica un recorte en dos dimensiones. En
cuanto al sujeto, se va a hablar del derecho de las mujeres rurales, es
decir, de aquellos aspectos particulares que buscan adecuar el sistema
jurídico general a las diversidades y desigualdades que reviste su
condición en el sistema jurídico. Por tanto, no se va a tratar, sino por
referencia, del sistema jurídico que rige a todos los habitantes del Estado
Argentino. Tampoco, se va a desarrollar el marco jurídico que protege a
los pueblos y las comunidades indígenas y sus miembros, de los que
muchas mujeres rurales son parte, que tiene un importante desarrollo en
nuestro país34. En cuanto a la materia, no se describen los sistemas
vinculados a la tenencia, posesión y propiedad de las tierras.35

1. De una sociedad patriarcal a los derechos humanos de las
mujeres
El sistema jurídico de los estados y de la comunidad internacional
se organizó en clave masculina. Se regulaba en forma universal los
derechos de todos los hombres, pero en la realidad se trataba del derecho
sólo de los varones, y si profundizamos más, el los varones propietarios.
Se organizaba –y aún se organiza– en el marco de un modelo de

34

Para el derecho de los pueblos indígenas cf. Bidart Campos (1996), Bazán, V. (2004); Canet, (2005‐III‐
1141).
35

Para la tenencia de la tierra cf. González (2000) y Obscchatko, Foti y Román (2006).

89

�Mujeres que trabajan la tierra

explotación patriarcal capitalista del trabajo y del trabajo reproductivo
de las mujeres.
En efecto, los estados se configuraron en el siglo XIX sobre el
derecho a la igualdad, entendida como la igualdad de todos los hombres
ante la ley. Pero, se trataba sólo de la igualdad de los varones, las
mujeres no tenían derechos civiles ni derechos políticos.
De la misma manera, las declaraciones internacionales de derechos,
hasta la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948),
regularon los derechos de los varones. Un ejemplo de los derechos
excluidos es el proyecto de declaración de derechos de las mujeres
elaborado por Olympe de Gouges, en París simultáneamente con la
proclamación de la célebre Declaración de los Derechos del Hombre. En
su artículo 4 dice: “La libertad y la justicia consisten en otorgar a todos
aquello [lo] que les pertenece. El ejercicio de los derechos naturales de la
Mujer no encuentra otros límites sino la tiranía perpetua a la que el
hombre la somete; estos límites deben ser reformados por la ley de la
naturaleza y la razón”.36
En la actualidad se definen los derechos humanos como aquellos
que toda persona posee y que tiene el derecho de disfrutar, simplemente
por su condición de ser humano, sin distinción de edad, raza, sexo,
nacionalidad o clase social. Si bien se suele distinguir entre derechos
civiles, políticos, económicos, sociales y culturales (o “generaciones de
derechos”), sin embargo, desde el punto de vista de su exigibilidad, son
integrales, interdependientes e indivisibles, en el sentido que conforman
un todo y no se puede sacrificar unos para defender otros. Su
universalidad no implica uniformidad, sino por el contrario, requieren
que su reconocimiento se enriquezca con todas las particularidades de
las diversas condiciones y circunstancias que revisten las mujeres y los
varones. Finalmente, los derechos humanos son jurídicamente exigibles,
aún sin ley que los reglamente.
Durante la Conferencia Mundial de los Derechos Humanos de 1993,
los estados reafirmaron en la Declaración de Viena,37 que los derechos

36

Perez Gallart (1998, p. 7). Para mayor abundamiento, se transcribe el artículo 6, que proponía: “La
ley debe ser la expresión de la voluntad general, todas las ciudadanas deben contribuir
perpetuamente, o a través de sus representantes a su redacción. Todas las ciudadanas y todos los
ciudadanos siendo iguales ante la Ley, deben ser igualmente admitidos en todos los cargos, lugares y
empleos públicos, según sus capacidades y sin otra distinción que nos sea aquella referente a sus
virtudes y talentos” (ibíd.)
37 “Un divisor de aguas en la agenda internacional contemporánea de los derechos humanos reside en
el reconocimiento, por II Conferencia Mundial de Derechos Humanos de Naciones Unidas (Viena,

90

�Capítulo IV: Los derechos humanos de las mujeres rurales

humanos nacen con la persona y que su protección es responsabilidad de
cada Estado. Su base es el principio fundamental de que todas las
personas poseen una dignidad humana inherente y tienen igual derecho
de disfrutarlos, sin importar su sexo, raza, color, idioma, nacionalidad de
origen o clase, ni sus creencias religiosas o políticas. En este foro se
reconocieron específicamente, los derechos humanos de las mujeres así
como las obligaciones de los estados de protegerlos y promoverlos,
incluyendo el de vivir libre de violencia. Ahora bien…
“La mayor parte de los sistemas y mecanismos nacionales,
regionales e internacionales para hacer valer los derechos humanos se
han desarrollado e implementado a partir de un modelo masculino. Por
lo tanto, hasta la fecha, el sistema de derechos humanos no ha tomado en
cuenta, de la manera más adecuada, la experiencia y las circunstancias
específicas de las mujeres. Sin embargo esta situación está cambiando.
Las personas y organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres
recurren, cada vez más, al enfoque de derechos humanos para exigir
compensaciones por las injusticias infligidas a las mujeres”.38

2. El derecho de las mujeres y la perspectiva de género
El derecho de las mujeres y la perspectiva de género para
interpretar los derechos humanos son el resultado de la lucha por
visibilizar la diferencia y la diversidad de las personas que obliga a un
ajuste del derecho a la igualdad. En este sentido, la doctrina argentina
coincide en afirmar que el derecho a la igualdad tiene un “contenido
real, histórico, sucesivo y progresivo”, en cuanto derecho personal, y no
se trata por tanto de una igualdad formal, sino de una “igualdad real de
oportunidades y de trato [que] exige tratar de modo igual a quienes se
hallan en igualdad de situación y de manera diferente a quienes se hallan
en situación también distinta”.39 Los avances en la doctrina
constitucional explican que el derecho a la identidad y el derecho a la
diferencia confluyen como dos aspectos del derecho a la igualdad.
La perspectiva de género y la especificidad del derecho de las
mujeres tienen un desarrollo específico en el derecho internacional de los
derechos humanos. La violencia y la discriminación contra las mujeres
junio de 1993), de la legitimidad de la preocupación de toda la comunidad internacional por la plena
vigencia de todos los derechos humanos”; Cancado Trindade (1996, p. xi).
38 Instituto Interamericano de Derecho Derechos Humanos‐Women (1997, p.8).
39 Bidart Campos, G.: op. cit., p. 1205.

91

�Mujeres que trabajan la tierra

son los principales ejes temáticos en torno a los cuales gira la protección
internacional.40
Dos son, en consecuencia, las nociones jurídicas a retener: derechos
de las mujeres y perspectiva de género.
Los derechos de las mujeres fueron pensados como un particular
dentro de los derechos humanos, bajo una concepción de las mujeres
como minorías que requieren una protección especial, producto de su
exclusión histórica, de la invisibilización de las diferencias, de las
especificidades y de las necesidades.
En tanto, como se dijo en el primer capítulo, la perspectiva de género
remite a las características de los varones y de las mujeres definidos
socialmente y moldeadas por factores socio‐económicos y culturales.
Puede definirse tal como lo hace el Instituto Interamericano de Derechos
Humanos como el enfoque que analiza la realidad y los diversos
fenómenos “a partir de la consideración de que es la sociedad quien se
encarga de asignar a las personas características fijas y el papel a
desempeñar [...] en función de su sexo; y por tanto, de haber colocado al
sexo femenino en una posición de subordinación histórica”41 respecto del
varón.
La lucha por alcanzar la igualdad recorre entonces, las distintas
circunstancias y situaciones de la vida de las mujeres; circunstancias que
requieren un tratamiento diferenciado a fin de generar condiciones de
igualdad, y también aquellas situaciones que en la conformación de la
sociedad desde el criterio masculino lesionan los derechos de las
mujeres.

3. Un Estado garantista
La reforma de la Constitución Nacional en 1994, ha representado un
paso importante para el logro de la igualdad real de las mujeres, ello por
cuanto se ha asignado jerarquía constitucional al derecho internacional
de los derechos humanos, así como por la incorporación de otras
importantes cláusulas. Los derechos humanos de las mujeres se plasman
en la Constitución Nacional en el artículo 75 inciso 23, en el artículo 37 y
en la cláusula transitoria segunda y, en el reconocimiento de la jerarquía
40

Para la perspectiva de género y la protección internacional de los derechos humanos de la mujeres
se puede consultar el curso autoformativo: “Utilización del Sistema Interamericano para la protección
de los Derechos Humanos de las Mujeres” en www.iidh.ed.cr: Centro de Recursos Pedagógicos/Aula.
41 Instituto Interamericano de Derechos Humanos (2004, p.76).

92

�Capítulo IV: Los derechos humanos de las mujeres rurales

constitucional del derecho internacional de los derechos humanos
(artículo 75 inciso 22).
Entre los tratados con jerarquía constitucional, son relevantes para
la promoción y protección del derecho de las mujeres los siguientes
instrumentos jurídicos: (a) en el orden internacional: los Pactos
Internacionales de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y de
Derechos Civiles y Políticos; la Convención Internacional sobre la
Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial; la
Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de
Discriminación contra la Mujer y la Convención sobre los Derechos del
Niño y, (b) en el orden regional: la Convención Americana sobre
Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica); el Protocolo
Adicional a la Convención Americana sobre Derechos Humanos en
materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Protocolo de San
Salvador) y la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y
erradicar la Violencia contra la Mujer (“Convención de Belem Do
Pará”).42
Y, en orden del cumplimiento de los derechos se ha establecido un
cambio de paradigma en nuestro Estado de derecho, a través de una
interpretación garantista del sistema jurídico que concibe los derechos
humanos como su fundamento y la carta constitucional como un pacto
político, social y económico, que “presenta a las garantías como un
elemento inescindible para su correcta conceptualización. Así sostengo –
afirma Ferreyra– que la Constitución del Estado democrático de Derecho
vale o valdrá lo que valen o valdrían sus garantías”.43
La hermenéutica garantista se estructura en torno al concepto de
contenido esencial del derecho, caracterizado por dos notas: (a) mínimo
de operatividad que garantiza su aplicabilidad, aun a falta de
reglamentación y (b) principio de razonabilidad que prohíbe “alterar” los
derechos y garantías en las leyes que reglamentan su ejercicio, o con
interpretaciones judiciales amplias y vinculantes”.
El garantismo escapa al monopolio de la norma y procura que el
derecho de la constitución subordine y someta todo el orbe
infraconstitucional del derecho y de la política, a través de diversas
42

Relevante es también la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, septiembre de 1995) que
produjo una amplia Plataforma de Acción, con miras a la emancipación de la mujer, que busca la
eliminación de “todos los aspectos que impiden a las mujeres ejercer un rol activo en todos los
dominios de la vida pública y privada”.
43 Ferreyra (2003, p. 12). Garantías definidas en “términos genéricos como el instrumento idóneo para
posibilitar y/o definir las pretensiones de vigencia de las disposiciones de la Ley Fundamental”

93

�Mujeres que trabajan la tierra

técnicas jurídicas. Es decir, la existencia de un derecho previo genera la
obligación de establecer, si no lo hubiera, un procedimiento que permita
su ejercicio. Es una consideración sugerente para el tema que estamos
tratando, por cuanto obliga al sistema jurídico a encontrar las formas de
proteger los derechos constitucionalmente establecidos. El garantismo
cuestiona la clásica afirmación: un derecho sin garantía es un derecho
inexistente; por el contrario afirma la existencia de una estrecha relación
entre derechos y garantías.
Antes de considerar este cambio sustantivo en la forma de nuestro
sistema jurídico, y sus consecuencias en el tema que nos ocupa, se
analizará la situación jurídica de las mujeres en el Estado Argentino.

4. Los derechos civiles y políticos de las mujeres argentinas
Recordemos que sólo la acción colectiva de las mujeres por los
derechos civiles y políticos –desde el feminismo y el sindicalismo–
permitió el acceso a la vida social y política.
En el Estado Argentino si bien la Constitución de 1853 consagró la
igualdad de todos los habitantes ante la ley (art. 16), la sanción del
Código Civil (1869), establece una incapacidad de hecho y de derecho
para la mujer casada con relación a la libertad de trabajar, a la patria
potestad de los hijos y a la administración de sus bienes propios y
gananciales. Así, la situación de discriminación civil de la mujer se
introduce vía el derecho de familia. Esta situación no cambia con la ley
de matrimonio civil, ni tampoco para las mujeres casadas, con la ley
Nacional N° 11.357 (1926), que es la primera ley que reconoce los
derechos civiles de las mujeres,44 y que sin embargo mantiene
restricciones a la capacidad de la mujer casada en muchos aspectos que
la subordinan al marido. Es recién con la reforma del Código Civil en el
año 1968 (Ley Nacional N° 17.711) que la mujer casada se sitúa en
igualdad de condiciones con su marido.
El proceso de reforma iniciado con el retorno de la democracia
mejoró sustancialmente los derechos de las mujeres, en especial, los
derechos civiles. Entre las leyes más importantes se pueden mencionar
las siguientes:

44

En su artículo 1 establece: “La mujer mayor de edad, cualquiera sea su estado, tiene plena
capacidad civil”.

94

�Capítulo IV: Los derechos humanos de las mujeres rurales

Ley Nacional N° 23.624 de “Patria potestad y filiación” (1985) que
otorga en forma conjunta la patria potestad a la madre y al padre,
reconociendo iguales derechos a ambos progenitores. Asimismo, elimina
la distinción y establece la igualdad ante la ley de los hijos
matrimoniales, extramatrimoniales y de adopción plena. Y, reconoce los
principios de la paternidad responsable y de la verdad biológica, que
favorecen, especialmente, a las madres solteras de los sectores de bajos
ingresos.
Ley Nacional N° 23.515 de “Matrimonio civil” (1987) que introduce
el sentido de democracia en las relaciones familiares y reconoce bajo
causales el divorcio de la pareja. La ley coloca a ambos cónyuges en
igualdad jurídica, en particular establece que los cónyuges “se deben
mutuamente fidelidad, asistencia y alimentos”. Subsiste sin embargo una
discriminación en cuanto la adquisición, administración y disposición de
bienes de la sociedad conyugal, por cuanto en el caso de bienes cuyo
origen no se pueda determinar, la administración está a cargo del
marido.
Ley Nacional N° 23.226 de “Derecho a pensión del conviviente en
aparente matrimonio” (1987), que otorga derecho a pensión a la cónyuge
o concubina reconociendo la convivencia estable como fuente de
beneficios previsionales.
Ley Nacional N° 24.347 (1994) que establece la posibilidad de las
amas de casa de aportar voluntariamente al sistema integrado de
jubilaciones y pensiones.
Ley Nacional N° 23.746 “Pensión inembargable y vitalicia para las
madres de más de siete hijos” (1989), cualquiera fuese su edad y estado
civil. El beneficio de la pensión ha significado un importante aporte para
la mujer rural, dada la elevada tasa de natalidad del área, pero también
ha promovido que las parejas tiendan a tener los hijos necesarios para
recibir la pensión.
Con relación a los derechos políticos, la Ley Sáenz Peña estableció
por primera vez el sufragio secreto universal y obligatorio, derecho que
sólo podían ejercer los ciudadanos nativos que vivían en provincias. Es
decir, quedaban excluidos las mujeres, los extranjeros y los habitantes de
los territorios nacionales.45

45

Argentina había cuadriplicado su población en 50 años (1860‐1910), representando los inmigrantes
entre el 50% y el 70% de la población total del país. En 1910 votaba sólo el 9% de la población; y el 20%
si se toma en cuenta solo los argentinos nativos. En la primera elección después de sancionarse la Ley
Sáenz Peña (1916) el porcentaje ascendió al 30% y 64% respectivamente. cf Germani (1966, pág. 225).

95

�Mujeres que trabajan la tierra

El derecho al sufragio se alcanza, recién en el año 1947 (Ley
Nacional N° 13.010), y es ejercido, por primera vez, en el año 1951.
Argentina fue el octavo Estado latinoamericano en reconocer la
participación política de la mujer. El proceso, diferente en cada Estado de
la región, fue condicionado por los diversos escenarios sociopolíticos y
económicos, pero, en todos fue relevante la presencia de las mujeres
organizadas para reclamar el derecho al sufragio en forma pacífica y
legal. En nuestro país, entre los años 1945 a 1952, se produjo un
importante movimiento político que dio origen al peronismo, y se
caracterizó por una fuerte participación de las mujeres de sectores
obreros y rurales, integrando en su gestación tres niveles de
participación: la política, la sindical y la femenina.
El ingreso de las mujeres al ejercicio del poder, se da por primera
vez en el poder legislativo nacional, durante la segunda presidencia de J.
D. Perón, con porcentajes del 17,6% y el 21,7% en la Cámara de
Senadores y de Diputados respectivamente. En tanto, en el poder
ejecutivo nacional, con la excepción de la presidencia ejercida por Estela
Martínez de Perón (1974‐1976), la incorporación de la mujer se hizo
efectiva, recién, en el año 1982 en el gabinete ministerial.
Actualmente el acceso de las mujeres a cargos electivos está
garantizado por la Ley Nacional N° 24.012 de Cupo Electoral (1991), que
establece que un mínimo obligatorio del 30% de los cargos debe ser
ocupado por mujeres. En el año 2005, el cupo se elevó al 50% para la
Cámara de Senadores. Esta ley permitió el incremento progresivo y
notorio del número de mujeres en el Congreso de la Nación y en otras
representaciones provinciales y municipales que adoptaron normativas
similares.46 El derecho alcanza reconocimiento constitucional en el art. 37
y la cláusula transitoria segunda de la Constitución Nacional.
Una muestra reciente de los procesos de cambio en las estructuras
jurídico‐políticas en relación con la incorporación de la mujer en los
ámbitos de decisión, es la designación como miembro de la Suprema
Corte de Justicia de la Nación, de las Dras. Elena Highton y Carmen
Argibay. A pesar de los cuestionamientos realizados por los sectores más
conservadores a la postulación de Carmen Argibay, en razón de su
conocida posición en pro del derecho de las mujeres, y en particular, de
los derechos sexuales y reproductivos, la reconocida jurista actualmente
integra el más alto tribunal del Estado. Hasta ese momento, sólo una vez,

46

96

El porcentaje debe calcularse tanto sobre el total como sobre el número probable de electos.

�Capítulo IV: Los derechos humanos de las mujeres rurales

otra mujer había integrado el alto tribunal, pero fue durante una
dictadura militar.

5. Hacia una igualdad real de derechos
El derecho a la igualdad real de las mujeres en trato y oportunidad
fue reconocido constitucionalmente, como se dijo, recién con la reforma
de 1994, a través del establecimiento de la jerarquía constitucional de los
tratados internacionales de derechos humanos, entre los que se
encuentra la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de
Discriminación de la Mujer (CEDAW) y la Convención Interamericana
para prevenir, sancionar y erradicar la Violencia contra la Mujer
(“Convención de Belem Do Pará”) generando la responsabilidad del
Estado de promover medidas de acción positiva para lograr que la
igualdad de hecho y de derecho se efectivice en las prácticas y la
reafirmación de la necesidad de un régimen especial de seguridad social
que ampare a la mujer durante el embarazo y la lactancia (art. 75, inciso
23).
De esta manera, Argentina se suma al concierto de los países
latinoamericanos que adoptaron igual criterio y que colocó a la región en
una posición de avanzada en materia de reconocimiento de la igualdad
real de las mujeres.
La CEDAW ofrece el marco a partir del cual la igualdad no supone
igualar a varones y mujeres, sino que considera que la ʺverdaderaʺ
justicia radica en el trato diferencial para aquellas personas que están en
situación de discriminación, reconociendo “el carácter intrínseco de la
subordinación y las estructuras económicas y sociales que la generan y la
perpetúan”. El impacto de la Convención ha trascendido el ámbito
específico de la igualdad de género permitiendo la reelaboración del
concepto de discriminación, aporte de beneficio universal para
numerosos grupos humanos, como los que demandan reconocimiento
por su opción sexual, de género y por su pertenencia étnica.
La CEDAW, aprobada por la Asamblea General de las Naciones
Unidas en 1979, entró en vigor en 1981, y fue ratificada por nuestro país
en 1985, por la Ley Nacional N° 23.179. Con la reforma constitucional de
1994, adquiere, como se dijo, jerarquía constitucional. La Convención
define la “discriminación contra la mujer” como:
“…toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo que
tenga por objeto o resultado menoscabar o anular el reconocimiento,
97

�Mujeres que trabajan la tierra

goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil,
sobre la base de la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos
humanos y las libertades fundamentales en las esferas políticas,
económica, social, cultural y civil o en cualquier otra esfera” (Art. 1).
La discriminación se configura tanto por actos realizados en forma
intencional como sin ella. Se trata de eliminar todas las formas de
discriminación y no sólo la discriminación sexual, es decir, se prohíbe
cualquier práctica que perpetúe la desigualdad de las mujeres. La
exclusión u otro acto que obstaculice el acceso a derechos ya declarados,
agrega a la discriminación un grado de vulnerabilidad que conlleva una
responsabilidad externa y de hecho la obligación de la acción pública por
parte del Estado.
Por ello, se exige a los estados “asegurar el pleno desarrollo y
adelanto de la mujer, con el objeto de garantizarle el ejercicio y el goce de
los derechos humanos y las libertades fundamentales en condiciones de
igualdad con el hombre” (art. 3 in fine).

5.1 La exigibilidad de los derechos humanos de las mujeres
El derecho internacional de los derechos humanos implica para el
Estado Argentino, la aceptación de procedimientos internacionales de
supervisión permanente y también, en algunos casos, de carácter
contencioso. A continuación se reseñarán algunos procedimientos
vinculados al derecho de las mujeres.
La CEDAW establece el Comité para la Eliminación de Todas las
Formas de Discriminación contra la Mujer (CETFDM), como órgano de
supervisión, compuesto por 23 expertas/os en los campos de la
Convención elegidos por los estados para trabajar a título personal por el
término de 4 años. El Comité estudia el informe elaborado por los
estados, que sirve para evaluar los compromisos asumidos por cada país
para realizar adecuaciones con relación a la convención. Es uno de los
mecanismos utilizados para mantener alerta la responsabilidad estatal,
pero es importante aclarar que el Comité no estudia quejas individuales.
Es ésta su principal limitación, por cuanto es el único procedimiento
internacional existente –junto con las recomendaciones generales– para
promover la implementación de la Convención. Resulta, por tanto,
insuficiente cuando se trata de establecer la responsabilidad de los
estados en circunstancias específicas.
En cambio, el Protocolo Facultativo introduce el derecho de petición
para los particulares, bajo determinadas condiciones. El procedimiento
98

�Capítulo IV: Los derechos humanos de las mujeres rurales

permite al CETFDM interpretar el significado de los artículos de la
convención en un contexto de hechos específicos y detallar las medidas
que deberían ser adoptadas para implementar los derechos en esas
situaciones. Esas medidas pueden incluir respuestas para casos
individuales de mujeres, por ejemplo compensación o medidas
sistémicas, tales como reforma de la legislación, la adopción de un cierto
tipo de política o de servicios particulares. Este procedimiento genera
jurisprudencia que podría ser utilizada para incidir en el desarrollo de
leyes nacionales.
En este sentido, uno de los aspectos pendientes más importantes, en
nuestro país, es la ratificación del Protocolo Facultativo incluido como
principal demanda en el documento presentado por las ONGs argentinas:
Asociación de Especialistas Universitarias en Estudios de la Mujer
(ADEUEM), Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Comité
Latinoamericano y del Caribe para la defensa de los derechos de la Mujer en
Argentina (CLADEM), Fundación para Estudio e Investigación de la
Mujer (FEIM), Feministas en Acción, Instituto Social y Político de la Mujer
(ISPM) y Mujeres en Acción quienes elaboraron el documento “Argentina:
efectos de la crisis en las mujeres. Contrainforme al Comité de la CEDAW”
(enero 2004).47
El Protocolo Facultativo fue firmado por el Estado Argentino el 28
de febrero de 2000, pero aún está pendiente su ratificación48. La Comisión
de Relaciones Exteriores y Culto del Senado de la Nación trató los
proyectos de ley respecto a la aprobación del Protocolo Opcional durante
2001 y dictaminó a favor de su aprobación. Sin embargo, en abril de 2002
el poder ejecutivo nacional, bajo presión de sectores conservadores,
solicitó el retiro del proyecto de ley que ratificaría el Protocolo,
exponiendo argumentos que demostraban una débil posición para poder
impulsar el debate.
Particular importancia reviste también el sistema interamericano de
derechos humanos, por los instrumentos y por los procedimientos que
instala. Entre los instrumentos se cuenta, como vimos, algunos
específicamente relacionados con los derechos humanos de las mujeres,
47

El equipo de redacción estuvo integrado por Cecilia Lipszyc, Leah Tendeter, Cristina Zurutuza,
Mabel Bianco, Noemí Aumedes, María José Libertino, Andrea Pochak, Soledad Aráoz, Antonia
Portaneri,
Romina
Ojagnan,
Ester
Nani
y
Susana
Pastor;
http://www.iwraw‐
ap.org/resources/pdf/argentine_SRt(S).pdf
48 Durante la edición del libro, fue aprobado por el Congreso de la Nación el Protocolo Facultativo de
la CEDAW, luego de la larga lucha del movimiento de mujeres, mediante la Ley Nacional N°26.171,
sancionada el 15 de noviembre de 2006, promulgada el 6 de diciembre y publicada el 11 de diciembre
del mismo año.

99

�Mujeres que trabajan la tierra

entre los que se destaca el relativo a la erradicación de la violencia contra
la mujer: la Convención de Belem Do Pará.
El sistema interamericano tiene varios órganos y procedimientos.
Los órganos para el tema que nos convoca son: la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos; la Corte Interamericana de
Derechos Humanos, y la Comisión Interamericana de Mujeres. Las
principales características de este sistema son: (a) sistema mixto, que
cumple funciones de promoción y de protección para casos concretos,
por procedimientos ante la Corte y la Comisión; (b) cualquier persona o
grupo puede presentar peticiones; (c) necesidad de agotar el
procedimiento de queja ante la Comisión antes de llegar a la Corte; (d)
solo la Comisión o la Corte pueden llevar un caso ante la Corte; (e)
importancia de las opiniones consultivas que emite; tiene un sistema
combinado de supervisión de las sentencias, que permite que la
sentencia se ejecute en el Estado y al mismo tiempo una sanción moral
por el incumplimiento (Convención Americana de Derechos Humanos,
art. 65).49

6. La situación de algunos derechos
Se analiza a continuación la situación de algunos derechos en
particular.

6.1. Derechos sexuales y reproductivos
Los derechos reproductivos se definen como el conjunto de
“derechos básicos de las parejas para decidir libre y responsablemente
sobre el número y espaciamiento de los hijos y para tener la información,
educación y medios para hacerlo”.50
Las Conferencias Internacionales sobre Población y Desarrollo de
las Naciones Unidas, desarrolladas desde 1994 han permitido un avance
importante en la formulación de leyes, políticas y programas
relacionados con estos derechos. Su debate ha permitido cambiar las
orientaciones de las políticas de población y salud, dando prioridad a
enfoques relacionados con derechos humanos, calidad de vida y
equidad. Los derechos sexuales y reproductivos forman parte de una

49
50

Instituto Interamericano de Derecho Derechos Humanos op. cit. (1997, p. 84).
Mujeres Latinoamericanas en Cifras (1993. p. 155).

100

�Capítulo IV: Los derechos humanos de las mujeres rurales

incipiente rama del derecho que desde hace muy poco tiempo se ha
comenzado a debatir en América Latina.
Argentina ha incorporado políticas en el campo de la sexualidad y
la reproducción con respaldo legislativo. Relevante, en este sentido, es la
Ley Nacional N° 25.673 de Salud Sexual y Procreación Responsable
(2002), que si bien tiene vigencia nacional requiere, por la organización
federal del Estado, que las provincias y la ciudad autónoma de Buenos
Aires sancionen leyes equivalentes o adhieran a la nacional. La mayoría
de las legislaciones provinciales han aprobado leyes que incluyen los
principios de derechos reproductivos o han adherido a la ley nacional,
incorporando la ejecución del Programa. Sin embargo, en algunas
provincias de las regiones del NOA y del NEA, existen dificultades para
hacer efectiva la adhesión legislativa.
Esta ley crea en el ámbito del Ministerio de Salud de la Nación, un
Programa destinado a la atención de la salud sexual y reproductiva, en
todo el territorio nacional. Contempla información para decidir
responsablemente respecto de la reproducción y asesoramiento a las
familias y a la población sobre anticonceptivos y su entrega gratuita en
todos los hospitales públicos. Siendo destinataria la población en
general, sin discriminación alguna, están comprendidos los adolescentes
a partir de los 14 años sin exigir compañía de un adulto y/o de sus
padres Además, prevé que se brinde educación sexual en las escuelas
públicas y la capacitación del personal de salud.
En el año 2004 y en consonancia con este tema, el Ministerio de
Salud de la Nación publica la Guía para la atención del parto normal51
dirigida a los equipos de salud del ámbito público y privado, cuyo
objetivo es mejorar y actualizar la calidad de atención y asistencia de las
mujeres y los recién nacidos sanos durante el período perinatal.
Los avances y los logros alcanzados no son suficientes para
garantizar salud sexual y reproductiva de las mujeres que habitan en las
zonas rurales, ya que existen serias falencias e inconvenientes para
adecuar el sistema de atención en ámbitos rurales. Las condiciones de
pobreza, vulnerabilidad y la falta de infraestructura sanitaria adecuada
son algunos de los problemas críticos de los sistemas sanitarios en las
provincias que tienen un alto porcentaje de población rural, como así
también la falta de capacitación y entrenamiento específico al personal

51

Resolución N° 647/2003 del Ministerio de Salud de la Nación publicada en el Boletín Oficial el 15 de
enero de 2004.

101

�Mujeres que trabajan la tierra

de salud que trabaja en las zonas rurales más aisladas de los centros
urbanos.
El Ministerio de Salud de la Nación ha readecuado los “Objetivos
del Milenio”,52 adaptándolos a la realidad y necesidades de nuestro país
y especialmente de las mujeres. Entre ellos se destaca la reducción para
el próximo quinquenio de la mortalidad materna e infantil y las
diferencias que existen entre las provincias.53 Esto es prueba de las
dificultades que enfrenta el país para poder asegurar el acceso a servicios
de salud materno infantil a toda la población, teniendo en cuenta
especialmente las condiciones que enfrentan las mujeres campesinas y
aborígenes.
Estos acuerdos fueron asumidos por todos los ministros de salud de
cada una de las provincias en el marco de la reunión del Consejo Federal
de Salud (COFESA),54 realizada en la Casa del Acuerdo en San Nicolás
de los Arroyos, Provincia de Buenos Aires en marzo de 2003, conocido
como Acuerdo Federal de Salud.

6.2. Derechos laborales
El cambio que como producto del modelo de globalización
dominante, se ha producido en el derecho laboral es una de las
características de las reformas de los países de América Latina, no sólo
en las leyes sustantivas, sino también en las reglamentarias y
administrativas. Los procesos de “flexibilización laboral” que exigen las
políticas neo‐liberales han excluido y han dejado sin protección a miles
de trabajadores y trabajadoras que se encuentran con relaciones precarias
de dependencia laboral.
En el orden normativo, Argentina dentro de sus garantías
constitucionales establece que “...el trabajo en sus diversas formas gozará
de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador:
condiciones dignas y equitativas de labor” y garantiza en la legislación
laboral vigente el principio de que “a igual trabajo corresponde igual
salario, sin distinción de sexo” (art. 14 bis).
Además, el Estado Argentino ha ratificado los Convenios de la
Organización Internacional de Trabajo (OIT) sobre igualdad de
52

Definidas por la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas el 8 de septiembre de
2000 (Resolución Asamblea General N° 55/2. Declaración del Milenio).
53 Moreno (2004). Según el informe Grossman, una cifra elevada de mortalidad materna tiene como
causa principal el aborto, por ejemplo, en Argentina el 29,1% (Grossman, 1998).
54 El COFESA fue creado por la Ley Nacional N° 22.373 (1981). Para consultar documentos ver
www.msal.gov.ar/htm/Site/cofesa.

102

�Capítulo IV: Los derechos humanos de las mujeres rurales

remuneración, prohibición de discriminaciones en el empleo, igualdad
de remuneraciones y de trato entre trabajadores y trabajadoras con
responsabilidades familiares y, protección de la maternidad, adoptando
estas disposiciones en la legislación laboral.55 Sin embargo, aún existen
en el país normativas que prohíben determinados trabajos a las mujeres56
contradiciendo de esta manera el principio constitucional que consagra
la igualdad de derechos de mujeres y varones, y la libertad de trabajo.
Sin duda, los avances en derecho laboral no han sido suficientes para
superar los estereotipos y prejuicios sexuales presentes en el trabajo,
especialmente los que están relacionados a empresas privadas que
establecen determinadas condiciones de ingreso o permanencia, que en
la mayoría de los casos discrimina a las mujeres en los períodos de
embarazo, parto u otras circunstancias relacionadas a su vida sexual o
reproductiva.
La condición de maternidad en el trabajo está debidamente
protegida, las mujeres embarazadas tienen estabilidad en el empleo
durante la gestación y en el desarrollo de sus obligaciones maternas,
sancionándose el despido por causas que estén directamente
relacionadas con estas situaciones de acuerdo a períodos establecidos en
la normativa vigente.
La Ley Nacional N° 25.674 de Cupo Sindical (2003), establece cupo
femenino no sólo para los cargos electivos, sino en los procesos de
negociaciones colectivas y paritarias normativa que ha permitido el
ingreso al espacio sindical y gremial a muchas mujeres en estos últimos
tiempos. Es de destacar la presencia de mujeres militantes en gremios y
sindicatos que han visibilizado, desde la perspectiva de género, las
demandas de las trabajadoras para ser debatidas al interior de estos
espacios, históricamente masculinos, como también en las negociaciones
colectivas.
Los avances en materia de derechos económicos ligados al
reconocimiento de los aportes de las mujeres a la economía nacional
están solamente legitimados a través de decretos y convenios específicos
como por ejemplo:
55

Se trata de los Convenios N° 100 sobre igualdad de remuneración, Convenio 103 sobre protección
de la maternidad, revisado por el Convenio N° 183 (2000), Convenio N° 111 sobre prohibición de
discriminaciones en el empleo; y Convenio N° 156 sobre igualdad de oportunidades y de trato entre
trabajadores y trabajadoras con responsabilidades familiares.
56 Ley de contrato de trabajo: prohibición de emplear mujeres en trabajos penosos, peligrosos o
insalubres (art. 176); prohibición de ejecutar tareas a domicilio por mujeres ocupadas en la empresa
(art. 175): nulidad del contrato cuyo objeto es una tarea prohibida (art. 40), presunción de culpa del
empleador en accidentes o enfermedad a consecuencia de tareas prohibidas (arts. 176 y 195).

103

�Mujeres que trabajan la tierra

– Ley Nacional N° 24.576 (1995) que modifica el título II de la Ley
de Contrato de Trabajo, al agregar el capítulo “De la Formación
Profesional” que establece la promoción profesional y la formación en el
trabajo en condiciones igualitarias en acceso y trato para todos y todas
los y las trabajadoras.
– Ley Nacional N° 24.828 (1997) de incorporación de las Amas de
casa al Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones; regímenes de
similares características anteriores a esta ley cuentan las provincias de
Catamarca, Chubut, Entre Ríos, La Rioja, Misiones y Santiago del Estero.
– Creación de la “Comisión Tripartita de Igualdad de Trato y
Oportunidades entre Varones y Mujeres en el mundo laboral”, en el
ámbito del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social integrada
por el sector gubernamental, el sector sindical y el sector empresario.57

6.3. Otros derechos
En los tiempos posteriores a la reforma constitucional se han
producido avances normativos que refuerzan algunos derechos, a saber:
– Ley Nacional N° 24.417 de “Protección contra la violencia
familiar” (1994) que junto con la Convención Interamericana para
Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer”, tienden a
proteger la integridad personal de las mujeres frente a las agresiones
físicas o psíquicas que puedan ocasionar cualquiera de los integrantes
del grupo familiar.
– Ley Nacional N° 25.864 “Registro único de aspirantes con fines
adoptivos (2004), habilita un registro único de aspirantes, que ha
comenzado a implementarse en septiembre del año 2005, en el ámbito
del Ministerio de Justicia de la Nación, conforme al Decreto N° 383/2005.
– Ley Nacional N° 25.871 de ʺMigraciones” (2003), que deroga la ley
dictada durante la dictadura militar. Garantiza el derecho a la educación
y a la salud de todos los migrantes; elimina la obligación de denunciar a
todo inmigrante en situación irregular y facilita la migración intra
MERCOSUR.
– Ley Nacional N° 25.808 (2003) que modifica el artículo 1º de la Ley
Nacional N° 25.584, estableciendo que los directivos o responsables de
los establecimientos oficiales y privados de educación pública no podrán
adoptar acciones institucionales que impidan la prosecución normal de

57

Creada por Acta Acuerdo N° 57 celebrada en el ámbito del Ministerio de Trabajo, Empleo y
Seguridad Social el 28 de octubre de 1998.

104

�Capítulo IV: Los derechos humanos de las mujeres rurales

los estudios a las estudiantes en estado de gravidez o durante el período
de lactancia, y a los estudiantes en su carácter de progenitores.
Desde la perspectiva de género es también relevante el proyecto de
ley que establece la licencia por paternidad para varones, que cuenta con
media sanción en la Cámara de Diputados de la Nación. Está situación sí
está contemplada en la Ley Marco N° 25.164 de Regulación del Empleo
Público Nacional (1999) y el Convenio Colectivo de Trabajo para la
Administración Pública Nacional homologado por el Decreto Nacional
N° 66/99, que conceden cinco días de licencia por paternidad.

7. La situación jurídica de las mujeres rurales
A pesar de los avances normativos de los últimos 12 años con
relación al reconocimiento y visibilización de la mujer como ciudadana y
sujeto de derecho, la problemática de las mujeres rurales aún no tiene su
debido reconocimiento. Este déficit sumado a la falta de políticas
socioeconómicas
que
contemplen
los
diferentes
papeles,
responsabilidades y contribuciones por género de los grupos campesinos
y específicamente de los pequeños productores y productoras evidencian
la exclusión de las mujeres campesinas y de sus familias.
La referencia normativa de mayor jerarquía está incluida en la
CEDAW, que en su parte III, artículo 14 establece:
“Los Estados partes tendrán en cuenta los problemas especiales a
que hace frente la mujer rural y el importante papel que
desempeñan en la supervivencia económica de su familia, incluido
su trabajo en los sectores no monetarios de la economía, y tomarán
todas las medidas apropiadas para asegurar la aplicación de las
disposiciones de la presente Convención a la mujer de las zonas
rurales”.
En el apartado 2, se agregan recomendaciones al Estado en orden a
“eliminar la discriminación contra la mujer en las zonas rurales a
fin de asegurar, en condiciones de igualdad entre varones y
mujeres, su participación en el desarrollo rural y en sus beneficios
y, en particular, a asegurar los siguientes derechos:
‐ Participar en la elaboración y ejecución de los planes de desarrollo
a todos los niveles;
‐ Tener acceso a servicios adecuados de atención médica, inclusive
información, asesoramiento y servicios en materia de planificación
de la familia;
105

�Mujeres que trabajan la tierra

‐ Beneficiarse directamente de los programas de seguridad social;
‐ Obtener todos los tipos de educación y de formación, académica y
no académica, incluidos los relacionados con la alfabetización
funcional, así como, entre otros, los beneficios de todos los servicios
comunitarios y de divulgación a fin de aumentar su capacidad
técnica;
‐ Organizar grupos de autoayuda y cooperativas a fin de obtener
igualdad de acceso a las oportunidades económicas mediante el
empleo por cuenta propia o por cuenta ajena;
‐ Participar en todas las actividades comunitarias;
‐ Obtener acceso a los créditos y préstamos agrícolas, a los servicios
de comercialización y a las tecnologías apropiadas, y recibir un
trato de igual en los planes de reforma agraria y de reasentamiento;
‐ Gozar de condiciones de vida adecuadas, particularmente en las
esferas de la vivienda, los servicios sanitarios, la electricidad y el
abastecimiento de agua, el transporte y las comunicaciones”
La descripción del capítulo II sobre las condiciones de vida de las
mujeres rurales, encuentra en el artículo 14 de la CEDAW un marco
jurídico suficiente para implementar políticas y medidas de acción
positiva, en procura de promover y garantizar, entre otros, los derechos
a la salud, la educación, la vivienda, el trabajo y la seguridad social, la
tierra y el desarrollo sustentable, la asociación y la participación. No se
ha dictado ninguna normativa que regule el acceso a estos derechos por
parte del Estado Nacional ni de los estados provinciales.
El Comité de la CEDAW al examinar el quinto informe argentino
expresó su preocupación por la situación de las mujeres de las zonas
rurales, particularmente habida cuenta de “su extrema pobreza y su falta
de acceso a la atención de la salud, la educación, las posibilidades de
obtención de crédito y los servicios comunitarios” e instó al Estado
Argentino a que “preste especial atención a las necesidades de las
mujeres de las zonas rurales, velando porque participen en los procesos
de decisiones y tengan pleno acceso a la salud, la educación y el
crédito”.58

58

Informe sobre el quincuagésimo noveno período de sesiones, suplemento N°38 (A/59/38), 2004, al
examinar el informe de seguimiento del quinto informe periódico de la Argentina
(CEDAW/C/ARG/5/Add1, N° 376 y 377, en Naciones Unidas, 2005. p. 48.)

106

�Capítulo IV: Los derechos humanos de las mujeres rurales

En el orden nacional y específicamente en lo relacionado al trabajo
rural, los trabajadores y trabajadoras del campo se rigen por el Régimen
Nacional del Trabajo Agrario, Ley Nacional N° 22.248 (1980).
La ley prevé un capítulo especial (Capítulo V) sobre protección de la
mujer que prohíbe el trabajo penoso, peligroso o insalubre para mujeres
y menores (art. 112) en el que prima la suposición de la falta de
discernimiento de las mujeres, asimiladas a los menores, para poder
evaluar la clase de trabajo que pueden desempeñar. Esta condición
generada en el marco de la ley puede ser utilizada para estigmatizar el
tipo de trabajo que pueden realizar las mujeres y reducir oportunidades
laborales. El régimen relativo a la maternidad se regula en los artículos
113 al 118. Para las demás situaciones comprendidas en el ámbito laboral
rigen las normativas contenidas en la Ley de Contrato de Trabajo.
Un antecedente legislativo en orden a reconocer la condición
diferenciada de las mujeres que habitan en el campo, lo constituye la Ley
N° 25.431 (2001) en la cual el Congreso de la Nación instituye la
conmemoración del Día de la Mujer Rural, el 15 de octubre de cada año,
otorgándole reconocimiento oficial y adhiriendo de esta manera a
idénticas iniciativas adoptadas por otros gobiernos a nivel mundial.

8. Conclusiones
Argentina a pesar de los graves problemas devenidos de la crisis
socio económica de 2001, ha avanzado durante el período del último
gobierno democrático (2003) en la readecuación e implementación del
marco normativo del derecho de las mujeres; si bien se encuentra
pendiente la incorporación a la agenda pública de mecanismos que
garanticen el debate y la inclusión del tema género en los ámbitos
gubernamentales de manera transversal. Los avances en materia de
derechos han demostrado una explícita voluntad política del gobierno
nacional de dar respuesta a las demandas de las mujeres. Estas
demandas fueron y son producto del trabajo de las organizaciones de
mujeres y su participación activa, responsable y constante en la lucha por
los derechos y el reconocimiento de la equidad, como así también de
organizaciones no gubernamentales y de diversas instituciones que
históricamente luchan en este mismo sentido.
La visibilización alcanzada ha generado el debate público de estas
demandas y su necesaria correspondencia con políticas que garanticen el
cumplimiento de los compromisos que Argentina suscribió a lo largo de
estos últimos 10 años. Esta correspondencia entre demanda colectiva,
107

�Mujeres que trabajan la tierra

incorporación a la agenda pública y la consiguiente decisión de generar
los mecanismos necesarios para su implementación harán posible los
avances que se proponen en este escenario.
Las diferencias de género en materia legislativa han sido y son
motivo de largas discusiones entre los ʺhacedoresʺ del derecho y las
organizaciones de mujeres, fundamentadas básicamente en la definición
estructural de lo que se considera sujeto de derecho. Pero la construcción
del camino que conduzca al ejercicio de una ciudadanía efectiva para las
mujeres rurales, hace pensar en “las estrategias que podrían llevar a la
plenitud del ejercicio ciudadano de las mujeres de todos los sectores
sociales, etnias, razas...” (Bareiro, 1998). Los desafíos radican en
reconocer la diversidad y dar cuenta de ella y de los contextos socio‐
culturales desde donde surgen.
Los diversos instrumentos internacionales han permitido
importantes avances y modificaciones en los supuestos del orden
jurídico dominante, que limitaba a la mujer en el ejercicio de derechos
fundamentales. Pero aún existen espacios y grupos sociales que
permanecen invisibilizados en materia de derecho y legislación.
En otras palabras, el marco normativo, si bien requiere un
desarrollo, es suficiente para avanzar en la implementación de los
derechos humanos de las mujeres y, en especial, de las mujeres rurales.
No es un problema jurídico, sino político, en cuanto depende de las
nuevas prácticas que se vayan construyendo y que generen condiciones
de desarrollo para las mujeres rurales en todos los sentidos y les
permitan posicionarse en la lucha por el ejercicio de sus derechos.
Ahora bien, en esta tarea política hay un componente jurídico que es
necesario atender. El derecho debe hacer un aporte en capacitar a los
operadores jurídicos en estos nuevos estándares que provee el derecho
internacional de los derechos humanos y en los procedimientos para
hacerlos operativos entre los que se debe incluir la presentación de casos
concretos individuales o colectivos en los que estos derechos son
vulnerados, a fin de por vía judicial alcanzar su efectivo reconocimiento
y cumplimiento y afianzar socialmente su legitividad.
Hay por delante, además, una importante tarea educativa. El
ejercicio pleno de los derechos de las mujeres en igualdad real de trato, y
en especial de las mujeres rurales requiere un cambio cultural
significativo en la sociedad argentina conformada desde patrones
culturales sexistas; los valores y costumbres usados como normas
paralelas no escritas persisten en las interpretaciones y aplicaciones del
sistema jurídico reduciéndolo a su aspecto formal.
108

�Capítulo IV: Los derechos humanos de las mujeres rurales

Las condiciones de exclusión de las mujeres campesinas y
aborígenes en las agendas de políticas públicas están en directa relación
con su condición y posición como mujeres y su ámbito de residencia,
vida y trabajo considerado de relativa importancia y con poca incidencia
de presión en el ámbito político. Ambas situaciones asociadas a la
insuficiente producción de estudios e investigaciones que puedan reflejar
datos concretos de los impactos de la pobreza y la exclusión que afecta a
las mujeres campesinas y aborígenes refuerza su invisibilización.
Por ello, es necesaria la inclusión en las agendas públicas de
medidas positivas que contemplen las condiciones de vida de las
mujeres campesinas y aborígenes y garanticen mecanismos de
participación adecuados a su realidad. Ello permitirá aliviar la pobreza
en el ámbito rural, y garantizar el ejercicio de los derechos humanos para
las mujeres y los varones que habitan en el campo.

109

�Mujeres que trabajan la tierra

110

�Capítulo V: Instituciones y Programas con acciones diferenciadas hacia las mujeres rurales

Capítulo V
Instituciones y programas con
acciones diferenciadas hacia las mujeres
rurales
La búsqueda de la igualdad de oportunidades entre varones y
mujeres, como asunto de derechos humanos, se ha instalado de manera
progresiva y creciente en las agendas de instituciones, programas y
movimientos sociales. Así como se observan avances en el campo de la
legislación, en los ámbitos académicos se produce una verdadera
revolución epistemológica a partir de la incorporación de la categoría
género en la investigación. En los movimientos sociales se destaca la
participación femenina, y las instituciones públicas y privadas, de orden
nacional, regional o internacional comienzan a ocuparse del tema y
buscan a través de diferentes estrategias promover, acompañar o
fortalecer procesos encaminados hacia la equidad de género. Este
escenario se encuentra en permanente cambio y en estos últimos años, se
visualiza una creciente sensibilización y validación social respecto de la
necesidad de considerar a esta problemática, que convive a la vez con
profundas resistencias, propias de los cambios culturales.
Este proceso, se ha visto influido por la priorización de estos temas
en las agendas internacionales, en las cumbres mundiales y en los
organismos de financiamiento, como así también por las acciones
llevadas adelante por los movimientos de mujeres.
Los enfoques estratégicos al interior de las estructuras
institucionales son diversos: conviven aquellos que incorporan el
componente mujer dentro del programa o proyecto, con un área
específica que aborda el tema, con otros casos en los que se busca la
transversalización del tema género en todas las instancias institucionales.
Los distintos mecanismos de focalización de este tema no dependen
necesariamente de las recomendaciones incluidas en el programa, sino
de factores que están vinculados a las personas que conforman los
equipos, a sus experiencias en relación con el tema y sus
111

�Mujeres que trabajan la tierra

sensibilizaciones. Se establece entonces una distancia en el proceso de
implementación de los criterios definidos en la letra del programa y su
intencionalidad y las necesidades o prioridades que se definen en cada
equipo técnico.
En este capítulo, se presenta una caracterización general del campo
institucional que desarrolla acciones dirigidas específicamente hacia las
mujeres rurales pobres, focalizando en algunas de estas experiencias. No
es el objetivo presentar un análisis exhaustivo de la situación, sino tener
la posibilidad de contar con una mirada general del mismo. La
información recogida proviene de diversas fuentes, tales como los
websites de los programas e instituciones, documentos y entrevistas
personales59.
Dentro de este campo de análisis se puede hacer una primera
clasificación en donde se distinguen las instituciones que dependen del
Estado ya sea nacional, provincial, o municipal; las organizaciones no
gubernamentales; los organismos de financiamiento (incluyendo
agencias internacionales, embajadas e iglesias), y los gremios u
organizaciones que nuclean a trabajadoras rurales o pequeños/as
productores /as agropecuarios.

1. Instituciones del Estado Nacional
El Estado Nacional implementa desde hace varios años, numerosos
programas sociales donde es necesaria la asociación de los/as pobladores
para lograr los beneficios de los mismos. Esto desencadenó un proceso
de organización de las comunidades en distintas zonas del país, aunque
no ha alcanzado al total de la población rural.
Este tipo de intervención impulsó a las mujeres a la participación en
actividades comunitarias, sobre todo cuando las tareas propuestas eran
netamente del ámbito femenino (por ejemplo, los proyectos caprinos).
Las instituciones, programas y proyectos del Estado Nacional se
encuentran anclados en la esfera de los Ministerios de Economía,
Desarrollo Social, Trabajo y Educación. La Secretaría de Agricultura,
Ganadería, Pesca y Alimentos del Ministerio de Economía tiene diversos
ámbitos con alguna direccionalidad hacia las mujeres rurales.

59

Las mismas fueron realizadas a personas vinculadas a los programas e instituciones en el año 2002.

112

�Capítulo V: Instituciones y Programas con acciones diferenciadas hacia las mujeres rurales

1.1. Proyecto Mujer Rural
A partir del año 1989, la Dirección de Desarrollo Agropecuario de la
Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos (SAGPyA), lleva
adelante un trabajo sistemático con mujeres rurales60. Estas acciones
comenzaron a partir de una experiencia piloto que se desarrolló en la
región Noroeste, con financiamiento del Fondo de las Naciones Unidas
para el Desarrollo de la Mujer (UNIFEM), que alentó la conformación de
grupos de mujeres, comenzando con un grupo en cada provincia del
NOA y que se denominó Proyecto Mujer Rural.61.
Posteriormente las actividades se ampliaron a otras regiones, a
partir de estrategias de alianzas con instituciones estatales y
organizaciones no gubernamentales; con financiamiento de la SAGPyA,
del Programa de Desarrollo de Pequeños Productores Agropecuarios
(PROINDER), y del Centro de Promoción Rural (CEPRU), entre otros.
Desde el Proyecto Mujer Rural se busca un apoyo diferenciado que
tienda al empoderamiento de las mujeres rurales, con espacios propios
de participación y reflexión; consideradas como sujetas de derechos. A
su vez ha promovido la conformación, el seguimiento y la consolidación
de la red TRAMA (Red de Técnicas e Instituciones que trabajan con
Mujeres Rurales) cuyo funcionamiento se explicará más adelante.
Los objetivos que el proyecto Mujer Rural se propone son visibilizar
el trabajo de las mujeres rurales y su reconocimiento como productoras,
mejorando sus condiciones de trabajo. A su vez busca lograr que las
mismas accedan a los beneficios de los programas de desarrollo rural, a
través del fortalecimiento de la participación y la promoción de la
organización de las mujeres. En otro orden, desarrolla acciones para
sensibilizar a decisores de políticas, a equipos técnicos, funcionarios y
productores/as en la perspectiva de género, tendientes a alcanzar el
diseño e implementación de políticas de desarrollo rural con esta
perspectiva.
Un eje central es la estrategia de capacitación en temas como género,
salud, organización, autoestima, identidad, derechos y en técnicas
agrícolas, ganaderas, forestales, labores artesanales, gestión y
comercialización. El otro eje es la promoción de la organización, a partir
de encuentros a nivel local, regional, nacional e internacional. Se procura
la participación en la toma de decisiones de manera horizontal, con
trabajo en equipo y estímulo al compromiso social y solidario a través de
60
61

La denominación rurales incluye a las mujeres campesinas y a las aborígenes.
Esta experiencia se encuentra sistematizada en Basco y otros/as (1992).

113

�Mujeres que trabajan la tierra

la inserción en instituciones comunales. Para esto es clave el ejercicio de
la representación entre pares y frente a autoridades.
Entre los logros y resultados de este trabajo se puede destacar la
sostenibilidad en el tiempo de los grupos de mujeres; la autovaloración
de las mujeres en sus ámbitos de trabajo y en el seno de la familia; la
mayor capacidad de gestión y protagonismo de las mujeres en sus
comunidades; el mejoramiento de la dieta alimentaria y del
autoconsumo; un aumento de la capacidad en nuevas alternativas
productivas; un más amplio conocimiento de los recursos de que
disponen y de los ingresos que generan; una mayor participación en el
ámbito local (organizaciones campesinas, escuelas, iglesias, comunas,
cooperativas, otras); el efecto multiplicador de las capacitaciones que
reciben; y la participación de las mujeres como co‐responsables en la
Revista Campesinas que edita el CEPRU (Centro de Promoción rural). La
SAGPyA ha adherido al Día de la Mujer Rural (15 de octubre) a partir
del año 1998 y a la Ley N° 25.431 del Congreso Nacional sobre el mismo
tema.

1.2. Programa Social Agropecuario (PSA)
Este programa se propone contribuir al mejoramiento de las
actividades productivas y los niveles de ingreso de los productores
minifundistas; generar un espacio de participación que facilite la
organización de los pequeños agricultores para que puedan asumir su
propia representación y desarrollen su capacidad de gestión y
promuevan su participación en las decisiones de políticas, programas y
proyectos a nivel local, provincial y nacional.
El PSA gestiona créditos para los agricultores a través de dos líneas
de financiamiento:
1) fortalecimiento del autoconsumo, y
2) emprendimientos productivos asociativos conocidos también como
EPAs.
Para la primera línea, los objetivos están relacionados con
actividades que “permitan mejorar las condiciones de vida de los
productores/as, a través de nuevos bienes alimenticios y consecuentemente
disminuir el nivel de gastos de las familias, priorizando propuestas tecnológicas
de producción orgánica”62. La duración de este tipo de proyectos es de
aproximadamente un año calendario.
62

Reglamento para la línea de créditos del PSA.

114

�Capítulo V: Instituciones y Programas con acciones diferenciadas hacia las mujeres rurales

La segunda línea (EPAs) propone estimular la reconversión
productiva del sector a través del mejoramiento gradual del sistema
productivo e implica distintas alternativas:
a) intensificación de la producción,
b) diversificación de la misma tanto para la canasta de cultivos como de
los productos finales,
c) incorporación de valor a través de tratamientos postcosecha y
agroindustriales,
d) cambios de rubros productivos hacia rubros no tradicionales.
En base a estos criterios se pueden identificar tres líneas básicas
para la presentación de proyectos de créditos: a) tradicionales, b)
innovadores y c) de sostenibilidad o experimentación adaptativa.
La diferencia entre los denominados créditos tradicionales e
innovadores está en relación al tipo de actividades. El primero responde
a aquellas que se realizan frecuentemente en un modelo tradicional y el
segundo está dirigido a proyectos que planteen nuevas actividades que
le sumen valor a la producción.
Analizando información del Programa Social Agropecuario del
período comprendido entre el 01/06/1993 y el 31/03/2006, se observa que la
participación de las mujeres titulares de crédito constituye el 29,3% sobre
el total de beneficiarios/as del país. Neuquén es la provincia que
proporcionalmente tiene mayor cantidad de mujeres titulares con un 46,
2%, seguida de Misiones, Jujuy y Chubut, que tienen alrededor del 38%.
En el otro extremo se encuentra la provincia de Chaco con apenas un
13% de participación femenina63.

1.3. Programa de Desarrollo de Pequeños Productores
Agropecuarios (PROINDER)
Se encuentra en su etapa final, habiendo iniciado sus actividades en
1998. Tiene dos componentes principales:
1) Apoyo a las Iniciativas Rurales (AIR) ejecutado por el PSA, y
2) Fortalecimiento Institucional ejecutado por la Dirección de Desarrollo
Agropecuario.
Para el primer componente, el propósito está centrado en mejorar
las condiciones de vida de 40.000 familias rurales pobres de Pequeños
Productores Minifundistas y Trabajadores Transitorios Agropecuarios,

63

Elaborada a partir de información del programa en la web: www.sagpya.mecon.gov.ar/new/0‐
0/programas/desarrollo_rural/psa

115

�Mujeres que trabajan la tierra

mediante la financiación de iniciativas productivas agropecuarias o en
actividades conexas64. La estrategia desarrollada para el componente AIR
combina criterios de selección para la población objetivo, priorizando
áreas geográficas con índices elevados de pobreza rural, como así
también procura garantizar la incorporación y rescatar el rol de los
grupos vulnerables al interior de la pobreza rural agraria.
Las mujeres están incluidas en los enunciados principales de los
lineamientos programáticos dentro del área denominada “grupos
vulnerables del Programa”, junto a los jóvenes y aborígenes.
Se cuenta con una grilla de evaluación65 para los proyectos de
acuerdo a la tipología presentada, en la cual se ponderan los criterios de
elegibilidad en relación con los objetivos del programa, entre los que se
encuentra el referido a grupos vulnerables.
En esta grilla y en directa relación al tema mujer, se otorga puntaje a
la proporción de mujeres incluidas en el proyecto, en relación al total de
beneficiarios de cada grupo. A mayor porcentaje de mujeres corresponde
una puntuación mayor.
El financiamiento tanto para las inversiones agropecuarias, como
para la asistencia técnica que se demanda, no es reembolsable, y está
destinado a la ejecución de seis tipos de subproyectos:
a) Subproyectos de promoción y preinversión “P”;
b) Producción para autoconsumo “A”;
c) Producción de bienes o servicios “B”;
d) Apoyo a la producción a través de obras de infraestructura de uso
comunitario “C”,
e) Asistencia técnica a la comercialización “D” y
f) Mujeres rurales “F”.
En los enunciados generales, y específicamente en la descripción de
la población objetivo, se pone énfasis en las mujeres rurales dentro de la
caracterización de grupos vulnerables en lo que se considera pobreza
rural, mientras que en los principales criterios de elegibilidad de los
subproyectos no se hace mención al mismo.
Los Subproyectos “F” se incorporaron en la etapa final del
PROINDER, a mediados del año 2005 y están destinados a brindar
financiamiento y asistencia técnica a mujeres rurales para la
64

Proyecto de Iniciativas Rurales, PROINDER: Resumen del Proyecto. SAGPyA. Dirección de
Desarrollo Agropecuario, Unidad Técnica de Preparación del Proyecto. Buenos Aires, diciembre de
1997.
65 PROINDER – Criterios de Evaluación ex‐ante de los subproyectos. Fuente: Unidad de
Coordinación Nacional. PROINDER.

116

�Capítulo V: Instituciones y Programas con acciones diferenciadas hacia las mujeres rurales

incorporación de tecnologías sustentables para actividades domésticas.
Sus destinatarias son mujeres rurales, independientemente de si ellas o
algún integrante de su familia hayan recibido financiamiento
anteriormente.
Sus objetivos son mejorar las condiciones de trabajo de las mujeres y
lograr una mayor eficiencia en el aprovechamiento de los recursos
naturales y energéticos. Las donaciones están destinadas exclusivamente
a la adquisición de insumos, bienes o equipos que aumenten la eficiencia
en el aprovechamiento de la energía (solar, eólica, térmica) y que
signifique un ahorro y alivio del trabajo doméstico de las mujeres. Este
subproyecto ha financiado 269 proyectos de mujeres en el país hasta
mediados del año 2006.

1.4. Programa de Desarrollo Rural (PRODERNOA y
PRODERNEA)
El PRODERNEA es un programa de inversiones en el área rural cuyo
propósito es contribuir a superar las condiciones que generan la pobreza
rural, a través del aumento sostenible del ingreso y de la capacidad de
autogestión de pobladoras y pobladores rurales e indígenas de las
provincias del noreste argentino, que realicen emprendimientos
productivos agropecuarios o no agropecuario. Para ello brinda asistencia
técnica y financiera, apoyo en la gestión de proyectos y capacitación para
aumentar y diversificar las explotaciones existentes, facilitar cambios
tecnológicos y capitalizar a las pequeñas unidades productivas y de
negocios. El mismo se desarrolla en las provincias de Formosa,
Corrientes, Chaco y Misiones. Siendo sus objetivos específicos:
a) Aumentar el ingreso proveniente de las actividades productivas de las
mujeres y varones rurales, tanto agrícolas como no agrícolas, a través de
la diversificación de la producción, el cambio técnico y el aumento de la
productividad.
b) Minimizar los costos económicos y sociales que implica la
reconversión productiva necesaria para adecuarse a las nuevas políticas
económicas y a los cambios institucionales del país. En particular, se
busca disminuir los costos y riesgos que para el pequeño agricultor tiene
la inserción en nuevos mercados.
c) Promover y consolidar las organizaciones de pequeños productores a fin
de fortalecer la institucionalidad local y apoyar la sustentabilidad de las
experiencias asociativas y autogestionarias en áreas como el acopio y la

117

�Mujeres que trabajan la tierra

comercialización, la compra de insumos, la transferencia de tecnologías, el
manejo de fondos rotatorios.
d) Contribuir a la conservación a largo plazo del medio ambiente, a
partir del manejo de los recursos naturales renovables.
e) Ayudar a mejorar las condiciones de vida y la conservación de los
valores culturales de las etnias aborígenes, y a mantener y reforzar su
dominio sobre sus territorios y recursos.
f) Fortalecer las instituciones públicas y privadas de desarrollo rural de
la región.
La perspectiva de género atraviesa todos sus niveles y acciones y el
objetivo es lograr una mayor igualdad de oportunidades entre hombres
y mujeres en el acceso a los servicios del Programa. Específicamente se
apunta a promover la activa participación de las mujeres en la gestión de
sus proyectos y la del Programa; lograr un mayor nivel de participación
y autogestión de las mujeres beneficiarias; potenciar la capacidad de
gestión y demanda de las pobladoras rurales; instalar en el sector público
la perspectiva de género en las acciones de apoyo a los pequeños
productores y reforzar la capacidad de oferta de servicios especializados
del sector privado, de apoyo a la resolución de la problemática de género
de las familias de pequeños productores rurales.
El porcentaje de mujeres titulares de crédito en el PRODERNEA es
del 8,1% del total66.
En las provincias del noroeste argentino, funciona desde hace
menos de cuatro años el PRODERNOA, el cual también es un proyecto
de inversión en actividades productivas y de servicios que busca
potenciar los recursos disponibles de los pequeños productores y de los
grupos. Al igual que el PRODERNEA, brinda asistencia técnica y
financiera, apoyo en la gestión de proyectos y capacitación. Está
destinado a las provincias de Catamarca, Jujuy, Salta y Tucumán, pero
actualmente se ejecuta en las provincias de Catamarca y Tucumán.
Sus objetivos específicos son introducir mejoras en la productividad
de actividades agropecuarias, agroindustriales y otras actividades
económicas rurales no agropecuarias; diversificar las actividades
económicas; fortalecer la capacidad de autogestión y de organización de
los beneficiarios e impulsar mejoras en la gestión empresarial, el
desarrollo de negocios y las vinculaciones con los mercados. A su vez
busca facilitar el saneamiento de títulos fundiarios; establecer
mecanismos sustentables para la provisión de servicios de información,
66

Manzanal (2005).

118

�Capítulo V: Instituciones y Programas con acciones diferenciadas hacia las mujeres rurales

asesoría y promoción de negocios a los beneficiarios; asistir a grupos
focalizados de las provincias, caracterizados por carencias extremas y
fortalecer la perspectiva de género y la integración socio‐productiva de
los jóvenes a través de las actividades del proyecto.
Al igual que el PRODERNEA, la perspectiva de género atraviesa
todos sus niveles y acciones conteniendo los mismos objetivos.

1.5. Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA)
Desde su creación en 1956, el INTA fue una institución pionera en el
diseño y ejecución de programas de investigación y extensión dirigidos
al desarrollo rural, incluyendo a la familia rural y la vida comunitaria.
Para ello aplicaba la metodología de la extensión agropecuaria a través
de una amplia red de estaciones experimentales y agencias de extensión,
coordinadas por 10 centros regionales que dependían de la Oficina
Central, en Buenos Aires.
El INTA aplicó un sistema de administración centralizada
combinado con un fuerte anclaje regional; se ejercitó tempranamente la
participación de los productores agrupados en consejos asesores.
En sus primeros años, uno de los objetivos del servicio de extensión
del INTA consistía en “ayudar a las amas de casa a mejorar los aspectos
sociales, económicos y sanitarios del hogar y la vida familiar”, a través de los
llamados Clubes de Hogar Rural. En 1966 funcionaban 407 en los que
participaban 7.640 mujeres.
Otro objetivo era “trabajar con la juventud para su desarrollo como
ciudadanos, ayudarlos a encontrar soluciones adecuadas para sus problemas
individuales, y crear en ellos una actitud favorable hacia el uso de la nueva
tecnología”. Su expresión fueron los Clubes 4‐A. Para la misma fecha
había 423, con la participación de 8.749 jóvenes de ambos sexos (Informe
del INTA publicado en Fienup, 1972).
En la actualidad, la Unidad de Proyectos de Minifundio del INTA
se propone mejorar la competitividad productiva, promover la
diversificación y la integración a procesos agroindustriales, y fortalecer
las organizaciones, como medios para acceder con éxito a diferentes
mercados, siendo la familia la destinataria de sus acciones.
El INTA ha creado recientemente el Instituto de Investigación y
Desarrollo Tecnológico para la Pequeña Agricultura Familiar que tiene
entre sus ejes de acción el tema género.
Otro programa ligado al INTA, el ProHuerta, se propone promover
prestaciones básicas para que familias y grupos o entidades de la
119

�Mujeres que trabajan la tierra

comunidad generen sus propios alimentos frescos de huertas y granjas
familiares o comunitarias, brindando capacitación a promotores
voluntarios de la misma comunidad o de otras instituciones. Las mujeres
participan activamente de las acciones del ProHuerta, sin haber
incorporado la perspectiva de género de manera sistemática.

1.6. Otras reparticiones públicas
Dentro del Ministerio de Desarrollo Social y del Ministerio de
Trabajo existen programas de empleo o destinados a emprendimientos
productivos, que están dirigidos a varones y mujeres que habitan tanto
en el ámbito urbano como rural, y que son gestionados generalmente por
los gobiernos municipales.
En el año 1992, se crea el Consejo Nacional de la Mujer,
dependiendo en su primera etapa de la Jefatura de Gabinete de Ministros
de Presidencia de la Nación, para pasar luego a ser un área que depende
del Ministerio de Desarrollo Social. Si bien no cuenta entre sus líneas de
acción con programas específicos destinados a la población rural, el
Consejo apoya proyectos gestionados por Organizaciones no
Gubernamentales (ONGs) que trabajan con comunidades campesinas en
diferentes provincias.
También existen algunos planes sociales que significan ingresos
adicionales a la familia, como los que proveen alimentos en forma
mensual a los hogares más pobres o los programas de apoyo al
autoconsumo o de microcrédito. Como ya se ha mencionado en otros
capítulos, numerosas mujeres se benefician con el subsidio para madres
de siete hijos ($300 por mes), aun cuando no es generalizado.

2. Instituciones privadas y gremiales
Las organizaciones no gubernamentales que conciernen a este
informe son entidades civiles de bien público que orientan su trabajo de
promoción y desarrollo humano hacia pequeños/as productores/as
agropecuarios, concepto general que se expresa en distintas modalidades
y énfasis sociales, culturales o productivos.
Por lo común, se encuadran en la figura legal de una Fundación, o
una Asociación Civil sin fines de lucro. Su número ha ido creciendo y se
encuentran en todo el territorio nacional, aunque hay una mayor

120

�Capítulo V: Instituciones y Programas con acciones diferenciadas hacia las mujeres rurales

concentración en el norte del país debido a la alta densidad de población
campesina e indígena.
La mayoría de estas organizaciones han ido incorporando la
perspectiva de género en sus programas institucionales.
Entre ellas podemos mencionar a Prodemur (Promoción de la Mujer
Rural‐NOA), Cepru (Centro de Promoción Rural), API (Jujuy),
Fundación Hueche (Neuquén), Fundación Niwok (Formosa), El Ceibal,
SEPyD (Santiago del Estero), Aretede (Salta), Ceres (Jujuy), Fundapaz,
InCuPo, Indes (NEA), Bienaventurados los Pobres (NOA), sin pretender
hacer una lista exhaustiva. Estas instituciones reciben financiamientos de
programas del Estado Nacional como así también de organismos
internacionales y cada una de ellas tiene diferentes estrategias para la
incorporación de las mujeres o de la perspectiva de género en sus
actividades.
De las experiencias con más antigüedad se destaca la del Centro de
Promoción Rural (Cepru).67 Los ejes principales de su trabajo se pueden
sintetizar en: mujer–género–desarrollo, entendiendo a éste último en sus
distintos planos: personal, familiar, laboral, social. La estrategia de esta
institución para el trabajo con mujeres parte de considerar que “es
necesario crear un espacio propio, que ayude a las mujeres a iniciar un
camino, un proceso de toma de conciencia que las lleve a darse cuenta
del lugar que le han asignado y que ocupa en la sociedad, que sin lugar a
dudas es de subordinación e inferioridad”. Organiza dos reuniones
anuales con mujeres delegadas de organizaciones de distintas provincias
del país para el intercambio de experiencias con vistas a la
transformación de la realidad de las mismas. La institución edita la
revista Campesinas, que se publica desde 1995, con dos o tres números
anuales que sistematizan información de las reuniones y contienen
noticias de la vida de los grupos y de su cultura, a través de las cartas,
noticias, poesías, y recetas. Tiene un tiraje de 800 ejemplares.
Dentro de las estructuras gremiales, la Unión Argentina de
Trabajadores Rurales y Estibadores conformó, durante el año 2001, la
Red Nacional de Mujeres de la UATRE, la cual depende del Instituto de
Capacitación y Empleo. Esta red brinda un espacio específico para las
mujeres dentro del gremio y lleva adelante estrategias de articulación
interinstitucional.
La Federación Agraria Argentina es una entidad privada, de
carácter gremial y de servicios que nuclea a pequeños y medianos
67

Entrevista a Beatriz Nocetti

121

�Mujeres que trabajan la tierra

productores. Dentro de su estructura existen los grupos de Mujeres
Federadas en varias localidades del país.

3. Los movimientos sociales y redes
Por fuera de las estructuras institucionales, y como parte de un
movimiento creciente existen diferentes formas de asociación y acción de
grupos diversos que han sido analizados en el capítulo III, y que crecen
en la búsqueda de reivindicaciones por el derecho a la tierra, al agua, o a
la producción. Resulta notable la participación femenina activa,
“poniendo el cuerpo a las topadoras”, o enfrentando a los poderes.
Existen algunas organizaciones de mujeres rurales de segundo
grado, que reúnen a delegadas de grupos de base, y también hay
organizaciones mixtas que tienen su espacio específico para las mujeres o
distintos sistemas para garantizar la representatividad de las mismas.
El MUCAAR (Mujeres Campesinas y Aborígenes Argentinas) es
una organización de mujeres rurales que surge en el año 2004 a partir de
las reuniones de delegadas organizadas por el Cepru. Actualmente
funciona como un equipo coordinador provisorio, con representantes de
varias regiones del país y busca conformar una red de organizaciones de
mujeres.
Existen experiencias de articulación internacional, como por
ejemplo la Red Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras Rurales,
que cuenta con representaciones en muchos países del continente y que
ha organizado recientemente el II Encuentro de Mujeres Trabajadoras
Rurales que, se realizó en el año 2005 en Tlaxcala, México y donde la
Argentina estuvo representada por un grupo de mujeres campesinas y
asesoras. La red se propone vincular diferentes grupos, organizaciones y
movimientos que integran a las mujeres rurales del continente
latinoamericano y caribeño. Apoyamos y denunciamos, construimos y
encaminamos reivindicaciones y proposiciones. Actuamos en articulaciones con
políticas en nuestros países y en la Red; en defensa de nuestros derechos como
mujeres y como ciudadanas. La RED LAC prestará y buscará la solidaridad
junto a otras compañeras del mundo en la lucha contra la explotación y la
injusticia social, que hoy más que nunca, no respeta las fronteras. Esta
solidaridad respetará la autonomía y la diversidad, así como el trabajo
desarrollado por todas las mujeres rurales68. Una campesina y una técnica
68

Las conclusiones del II Encuentro de Mujeres Rurales de América Latina y el Caribe se puede
consultar en http://www.enlacprensa.org/content/view/130/101/

122

�Capítulo V: Instituciones y Programas con acciones diferenciadas hacia las mujeres rurales

argentinas integran la coordinación de la Red Latinoamericana y del
Caribe de la Mujer Trabajadora rural.
En nuestro país, desde hace más de veinte años se realizan
anualmente los Encuentros Nacionales de Mujeres que se instalan en
cada oportunidad en una ciudad diferente y convocan a miles de
mujeres de distintos sectores de la sociedad y que asisten por diferentes
intereses. Allí la presencia y la voz de las trabajadoras rurales se han ido
incorporando en los talleres que se arman sobre esta temática.
Tal como se ha mencionado anteriormente, TRAMA es la Red
Nacional de Técnicas e Instituciones que trabajan con Mujeres Rurales ha
sido constituida en mayo de 1996 con el objetivo de coordinar acciones y
estrategias para abordar la problemática de las mujeres rurales y
aborígenes en el marco del Desarrollo Rural. La misma fue convocada
por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos a través
de la Dirección de Desarrollo Agropecuario, Proyecto Mujer Campesina,
donde actualmente funciona la Coordinación General.
La modalidad de trabajo permite a sus participantes compartir dos
encuentros anuales, en los cuales se analiza y reflexiona sobre las
prácticas de trabajo con grupos en los que participan mujeres rurales,
desde una perspectiva de género.
Es de destacar que las técnicas que integran la red pertenecen a
diferentes profesiones y disciplinas, lo que le confiere al espacio una
riqueza interdisciplinaria y la posibilidad de analizar y debatir desde
miradas integrales las diversas problemáticas que ocurren en el campo
del trabajo rural. Actualmente participan alrededor de sesenta técnicas
de todo el país.
TRAMA ha organizado a lo largo de estos años, diferentes
actividades dirigidas a las mujeres rurales como los Encuentros
Provinciales, Regionales y el Encuentro Nacional de Mujeres realizado
en la Ciudad de Buenos Aires en octubre de 2003 donde se reunieron 450
mujeres de todo el país69.
TRAMA se plantea la necesidad de revertir aspectos socioculturales
que inciden en la situación y condición de vida en el ámbito rural, con
énfasis en las mujeres pequeñas productoras, campesinas y aborígenes.
Se propone otorgar mayor relevancia al desarrollo rural en el debate
público, específicamente sobre la situación de los pequeños productores
y la posibilidad de plantear en este tema una perspectiva de género.
69

Las conclusiones del Encuentro Nacional están en el Anexo N° 3 de esta publicación.

123

�Mujeres que trabajan la tierra

TRAMA considera que la ciudadanía es un asunto político y que su
ejercicio es parte de un proceso a construir por toda la sociedad, en
donde se reconozcan las diversidades, la pluralidad y la igualdad de
oportunidades y derechos tanto para mujeres como para varones.
Desde este punto de vista es necesario:
- fortalecer las instancias de participación de las campesinas y
aborígenes en la sociedad civil;
- instalar en la agenda política para el sector, la necesidad de un
desarrollo rural con perspectiva de género donde existan
políticas y programas específicos para los grupos de mujeres;
- y legitimar sus demandas y necesidades, identificándolas como
sujetos económicamente activos que sostienen el tejido familiar y
social de los sectores más vulnerables.

124

�Capítulo VI: Propuestas de lineamientos políticos, estrategias y acciones

Capítulo VI
Propuestas de lineamientos políticos,
estrategias y acciones para la equidad de
género en las áreas rurales
En este estudio se analiza información de diversas fuentes,
buscando dar cuenta de la situación y realidad de las mujeres que viven
en las áreas rurales de nuestro país. En el primer capítulo, se realiza una
descripción de la vida cotidiana y de los trabajos de las mujeres, basada
en información recogida en talleres y encuentros de mujeres rurales. En
el segundo capítulo, se analizan los datos del Censo Nacional de
Población 2001 y, en el tercero, se presenta la información de las
encuestas realizadas a grupos de mujeres que desarrollan sus actividades
a lo largo de todo el territorio nacional.
Toda esta información refleja parte de la complejidad de la
problemática y el dinamismo existente en el sector agropecuario, donde
se observan transformaciones que muestran que el número de personas
y hogares en el área rural ha decrecido y que, sin embargo, las
organizaciones (al menos las de mujeres) aumentaron sensiblemente
como resultado de las estrategias de los programas llevados adelante por
el Estado e instituciones de la Sociedad Civil. La organización social
surge no sólo como estrategia ante las amenazas que vive el sector frente
a los avances de la frontera agrícola y sus consecuencias sobre el medio
ambiente, los mercados locales y las comunidades más pobres, sino
también como respuesta a la precariedad económica de los hogares de
las áreas campesinas y aborígenes.
El objetivo de este capítulo es retomar algunos de los ejes
problemáticos más relevantes que surgen del estudio, para trazar a
continuación propuestas de acciones y estrategias que favorezcan la
equidad de género dentro de una política de desarrollo rural.

125

�Mujeres que trabajan la tierra

1. Los ejes estratégicos
1.1. Las mujeres en las estadísticas
La invisibilidad de las mujeres en las estadísticas oficiales es uno de
los primeros obstáculos a resolver para la elaboración de políticas con
perspectiva de género. Esto es un problema a solucionar en todo el
continente porque de los 13 millones de mujeres que se registran
“oficialmente” en América Latina y El Caribe como parte de la Población
Económicamente Activa (PEA), se suman 24 millones de productoras
invisibles cuyo trabajo no es reconocido por las estadísticas oficiales
(FAO, 2002).
Se necesita información más detallada diferenciada por sexo,
aquella que indique además las desigualdades entre los varones y las
mujeres en relación con el acceso a los recursos, como por ejemplo al
financiamiento que a la hora de definir programas o políticas permitan
focalizar las acciones hacia los sectores en desventaja.
Las definiciones censales atentan contra la identificación de las
mujeres trabajadoras. La mayor parte de las mujeres analizadas en este
estudio aparecen dentro de la categoría de inactivas, asimilándolas a
los/as jubilados/as, estudiantes, enfermos/as o discapacitados/as. Si es
necesario diferenciar a las mujeres amas de casas de otros inactivos para
poder elaborar políticas específicas hacia la población femenina en
general, para las mujeres rurales esto es imprescindible porque estas
amas de casa son en casi todos los casos, productoras agropecuarias de
cultivos y animales para el consumo familiar (ingreso del hogar no
monetario), cuyos excedentes son para el mercado. El no considerar la
actividad doméstica de las mujeres limita el conocimiento de los ingresos
de las agriculturas familiares y de la dinámica económica del área rural,
además del no reconocimiento de su trabajo.
Para eliminar este subregistro de las tareas domésticas y
productivas de las mujeres, que es producto de la escasa conciencia que
estas actividades constituyen un aporte económico, es necesario un
relevamiento censal/estadístico efectuado con instrumentos de medición
adecuados para captar el trabajo que realizan las mujeres rurales.

1.2. Las diferencias entre las mujeres rurales
Especialmente en los capítulos II y III se puede apreciar las
diferencias existentes dentro de la población femenina rural, que reflejan
126

�Capítulo VI: Propuestas de lineamientos políticos, estrategias y acciones

la gran diversidad de situaciones en que se encuentran insertas las
mujeres. Esta pluralidad se relaciona con la edad, la pertenencia a una
etnia, los niveles de instrucción y educación alcanzados, la ocupación, el
tipo de sistema productivo en el cual están insertas, la región
agroecológica, entre otras. La ocupación es una categoría trascendente de
diferenciación de las mujeres rurales porque las políticas o programas
deben ser distintos si las mujeres son productoras agropecuarias o
asalariadas agrícolas temporales o pobladoras rurales sin tierra que se
dedican a la venta en ferias o tienen empleos municipales. Es importante
reconocer esas diferencias porque las mismas encubren desigualdades en
las oportunidades de acceso a recursos y a los programas de desarrollo.
Dentro de esta diversidad, hay casos concretos donde la necesidad
de acciones específicas se relaciona con la fragilidad de los hogares y sus
integrantes. Por un lado, están las mujeres en familias pobres que por la
cantidad de hijos/as menores precisan acciones dirigidas a la seguridad
alimentaria y a la salud reproductiva. Por otro, están los hogares con
jefatura femenina que pueden presentar una importante concentración
de pobreza, tanto por insuficiente mano de obra para el trabajo
agropecuario o para la generación de ingresos extraprediales o porque
las mujeres tienen escasa o nula experiencia en gestión y dificultades
para acceder, por ejemplo, a los servicios de extensión y crédito.
Finalmente, están aquellos en zonas donde existe una importante
migración de la población joven, quedando casi siempre mujeres adultas
a cargo de las actividades productivas y de mercadeo y de los/as
ancianos/as.
En el mismo marco, los problemas y necesidades de las mujeres que
son exclusivamente asalariadas agrícolas son diferentes tanto a los que
tienen las trabajadoras familiares sin remuneración como los de las
campesinas a cargo del predio por migración masculina.
El reconocer estas diferencias permite distinguir programas de
capacitación, de apoyo a la producción y de crédito según la situación de
las mujeres y sus familias.

1.3. Las organizaciones campesinas
La mayor parte de las instituciones y programas sociales
presentados en el capitulo V alientan a los/as campesinos/as a
organizarse y a participar en las instancias de toma de decisiones. Este
proceso no es fácil, sobre todo cuando se encuentra amenazado por
lógicas clientelistas.
127

�Mujeres que trabajan la tierra

Las organizaciones campesinas, por lo general, no tienen acciones
dirigidas a promover la participación femenina, de manera tal que
tengan las mismas oportunidades en los espacios de toma decisión que
los varones. La existencia de propuestas de sensibilización y capacitación
en la perspectiva de género hacia las organizaciones campesinas de parte
de programas o proyectos de desarrollo rural como desde las ONG
aparece como una necesidad para el logro de la equidad.
La estrategia de conformación de grupos donde participan
exclusivamente mujeres es, en determinados contextos culturales,
imprescindible para permitir que ellas asuman su condición y su
posición femenina. Desde la perspectiva de género, las integrantes de los
grupos de mujeres comparten la misma historia de subordinación,
producto de un modelo patriarcal, donde generalmente los varones
tienen el dominio la palabra. Es por esto que, para promover procesos
que permitan descubrir que muchos mandatos son solamente culturales,
para recuperar la autoestima, y el vencer el miedo y la vergüenza a
hablar, es necesario en muchos casos la existencia de una primera etapa
en la cual el varón no esté presente. De esta manera, los grupos se
constituyen en un espacio que, con acciones positivas, permite el
desarrollo de las potencialidades de las mujeres.
El objetivo a mediano plazo de estos grupos de mujeres es generar
un proceso personal que permita el fortalecimiento de cada una de sus
individualidades para que logren participar luego en otros espacios. El
punto de inflexión, entonces hacia un cambio en las relaciones de género
es cuando los grupos logran ingresar en una dimensión política al
participar en los espacios públicos, tanto al convertirse en interlocutoras
de los políticos e instituciones locales en reclamo de sus necesidades o
cuando son parte en la toma de decisión de las organizaciones
campesinas o de pequeños/as productores/as. Este paso es parte del
proceso de un desarrollo rural con perspectiva de género, que se
relaciona con el empoderamiento de las mujeres, el ejercicio de la
ciudadanía y la posibilidad de demandar un lugar en los espacios de
decisión. Este momento no puede ser ajeno a las políticas institucionales
gubernamentales y no gubernamentales que trabajan en el medio rural, y
dichas políticas implican necesariamente una estrategia institucional.
La incorporación de la perspectiva de género en grupos mixtos, es
una estrategia necesaria para lograr la equidad y, aunque no han sido
objeto del presente estudio, se conocen experiencias exitosas en este
sentido. Los procesos son más lentos, pero permiten que los cambios se
128

�Capítulo VI: Propuestas de lineamientos políticos, estrategias y acciones

den en forma simultánea entre varones y mujeres, siendo los/as niños/as
y los/as jóvenes más permeables en ese sentido.

1.4. La capacitación
La incorporación de la perspectiva de género precisa de programas
de capacitación específicos, que tiendan a la sensibilización de la
problemática. Al ser una temática construida culturalmente, está
naturalizada e invisibilizada, de manera tal que sólo creando espacios de
reflexión y análisis, es posible problematizarla para dar origen a un
proceso de deconstrucción de los mandatos sociales internalizados. Estos
programas deben apuntar a todos los agentes del desarrollo rural, desde
los niveles políticos, técnicos, hasta las organizaciones de beneficiarios/as
involucrados en el mismo.70
La capacitación es clave en el proceso de incorporación de la
perspectiva de género. La temática suele generar una serie de
resistencias en los equipos de los proyectos –generalmente ligadas a
cuestiones personales– que deben ser tratadas con el mayor cuidado y
respeto posible.
Un enfoque facilitador del abordaje de la problemática lo constituye
la mirada de la ciudadanía y los derechos humanos, que no sólo permite
la visualización de las desigualdades, sino que también es motivador
para construir estrategias dirigidas a disminuir la brecha de
oportunidades existente entre varones y mujeres. Es necesario abordar, a
su vez, el análisis de los diferentes campos donde operan las relaciones
de dominación, que resultan en un acceso y control diferenciado de los
recursos materiales y simbólicos. La autoestima, la sexualidad y la
reproducción, la división del trabajo por género en los sistemas
productivos y en la esfera doméstica, el uso del tiempo de trabajo y del
tiempo libre, el acceso a la educación, a la salud, al crédito, la violencia,
la toma de decisiones, son elementos que ayudan a la comprensión del
tema.
El acceso de las mujeres a los procesos de desarrollo necesita casi
siempre el apoyo de las instituciones presentes en el medio rural y la
sensibilización en las instituciones para lograr la equidad en los procesos
de desarrollo, es una decisión política. Tal como los organismos
financieros logran en la última década que los proyectos presentados por
las instituciones gubernamentales y no gubernamentales tengan una
70

Por ejemplo, el Proyecto Mujer Rural de la SAGPYA se debe en parte a un proceso de capacitación
y sensibilización que comenzó en 1988 con una intervención de UNIFEM.

129

�Mujeres que trabajan la tierra

perspectiva de género, es necesaria la decisión política para que las
acciones y actividades de desarrollo rural también tengan esa
perspectiva.

1.5. El asalariamiento extrapredial
La importancia de las actividades extraprediales para la estabilidad
de las agriculturas familiares ha sido estudiada en casi todos los países
con población campesina, reconociendo que en muchos casos son los
ingresos generados fuera del sector los que permiten su permanencia en
las áreas rurales.
En nuestro país, el asalariamiento es una estrategia muy común en
determinados momentos del año, que tiene el objetivo de complementar
los ingresos provenientes de las actividades agropecuarias de las
familias; por ejemplo, los pequeños productores tabacaleros de Tucumán
trabajan en la cosecha del limón antes de comenzar la siembra del tabaco.
También es una opción para los/as más jóvenes en algunas regiones, que
siguen viviendo en el predio familiar y trabajan fuera del mismo,
realizando un aporte económico sistemático al hogar rural.
Desde la perspectiva de género, el asalariamiento masculino
impacta en la vida de las mujeres rurales cuando las pone a cargo del
predio familiar por migración temporal de los maridos, padres o
hermanos, recargando sus responsabilidades en el hogar.
Por otro lado, las posibilidades de asalariamiento para las mujeres
han crecido en algunas regiones del país, sobre todo en aquellas donde
existen trabajos y cultivos que prefieren mano de obra femenina. En
general, son trabajos temporales y las condiciones en algunos casos son
precarias, existiendo situaciones donde las asalariadas tienen una alta
exposición a los agroquímicos.
Tal como se planteó en el capítulo IV, los procesos de
“flexibilización laboral” han desprotegido a una parte importante de
los/as trabajadores/as, aunque las mujeres están aún más expuestas por
su rol reproductivo que las discrimina para la estabilidad laboral. Por lo
tanto, es necesario mecanismos que aseguren el cumplimiento de las
garantías constitucionales de nuestra legislación y de los convenios sobre
la prohibición de discriminaciones en el empleo, sobre igualdad de
remuneraciones y de trato entre trabajadores y trabajadoras con
responsabilidades familiares y, sobre protección de la maternidad.

130

�Capítulo VI: Propuestas de lineamientos políticos, estrategias y acciones

1.6. Las migraciones
La migración del campo a la ciudad, analizada en el Capítulo II, es
un proceso que tiene características globales. Sin embargo, si la mayor
masculinidad en las áreas rurales se relacionan a la mayor carga laboral
que las mujeres deben enfrentar en el ámbito doméstico, a las menores
oportunidades de asalariamiento o la poca especificidad de las acciones
de los programas de desarrollo rural en cuanto a la direccionalidad del
crédito, capacitación o asistencia técnica, es necesario buscar las
estrategias que permitan que las mujeres: mejoren su calidad de vida y el
acceso a los servicios; encuentren actividades productivas generadoras
de ingresos y mejoren sus actividades de autoconsumo y sean
beneficiarias específicas de las acciones de desarrollo rural.

1.7. Las actividades de autoconsumo
En el análisis realizado en el capítulo III, se visualiza la importancia
de las actividades de autoconsumo, sobre todo en lo que se refiere al
cuidado de las huertas familiares y la producción de granja y ganado
menor. Aunque en las entrevistas no se valoran este tipo de actividades,
es posible aseverar que las familias que aseguran el autoconsumo se
encuentran en mejores condiciones que aquellas que por razones
diversas no pueden hacerlo.
Sin embargo, es necesario reconocer que las actividades de
autoabastecimiento implican generalmente una sobrecarga de trabajo
para las mujeres, sobre todo en aquellas zonas pobres desde el punto de
vista agroecológico, donde tienen dificultades para el acceso al agua y
siendo ésta imprescindible para la huerta y el ganado menor. Por otro
lado, la estrategia necesaria a la luz de un cambio en las relaciones de
género debería implicar el objetivo de que no sólo sean las mujeres las
responsables de las actividades relacionadas con el autoconsumo.
Por lo tanto, la estrategia de apoyo a la seguridad alimentaria es una
acción necesaria en las políticas de desarrollo rural, buscando
alternativas para que no signifique una sobrecarga de trabajo de las
mujeres.

1.8. La asistencia crediticia
Como se aprecia en el Capítulo III, una forma de apoyar a los
hogares rurales en su proceso productivo es por medio de la oferta de

131

�Mujeres que trabajan la tierra

crédito. Sin embargo, y aunque no es posible generalizar, el acceso a este
recurso por parte de las mujeres es restringido y no ha sido ni es fácil.
Una de las limitaciones que se presenta es cuando los créditos de
programas de desarrollo rural se destinan a un solo miembro del hogar,
el cual es casi siempre el jefe del mismo o el miembro varón de la familia
dejando sin posibilidades a las mujeres. Por lo tanto, una dificultad a
resolver es que las mujeres sean destinatarias del crédito, lo cual se
puede facilitar a través de la fijación de cupos que garanticen una
representación femenina y con instrumentos y reglamentaciones
especialmente dirigidos a este sector de la población. Otra posibilidad es
reconocer que los problemas y las necesidades de varones y mujeres son
diferentes y ofrecer líneas de crédito adecuadas para los requerimientos
de ambos.
Superada esta dificultad, puede ocurrir que las mujeres no soliciten
los créditos o no los acepten cuando se los ofrecen, ya sea porque los
maridos no se lo permiten o porque la propia percepción de sí misma y
de sus capacidades, se lo impide. El problema se relaciona con el lugar
que ocupan las mujeres rurales en las familias tradicionales y como ellas
mismas se autoidentifican y se autodefinen, lo cual trae como resultado
las posibilidades reales de tomar una decisión. Por lo tanto, en el acceso
al crédito se visibiliza la falta de igualdad de oportunidad existente entre
varones y mujeres. Adecuar los sistemas de extensión relacionados con el
financiamiento para un acceso equitativo significa una modificación
estructural en la perspectiva de género de un programa que ofrece
crédito como herramienta para el desarrollo rural.
Por otro lado, un porcentaje importante de mujeres no tienen
garantías prendarias porque no poseen títulos de propiedad ni otros
tipos de bienes prendarios y esto elimina la posibilidad de acceso a
créditos formales bancarios. Por lo tanto, la titulación de la propiedad de
la población femenina es imprescindible. A esto hay que sumarle la
necesidad de mejorar el nivel de instrucción, si este no fuera equitativo
entre varones y mujeres, y promover la obtención de documentos
cuando es preciso.
Existen avances en este tema en relación a combatir la pobreza por
medio del acceso de mujeres a los servicios financieros, como son los
fondos de capitalización productiva no reembolsable o los pequeños
“bancos” o “cajas rurales”. Aunque, al igual que con otros temas, es
necesario seguir buscando estrategias que adecuen el crédito a la
situación específica de la población femenina rural teniendo en cuenta
los montos de préstamo adecuado y el tipo de inversiones que les
132

�Capítulo VI: Propuestas de lineamientos políticos, estrategias y acciones

permitirán salir de la pobreza y/o mejorar su calidad de vida. La
capacitación en aspectos organizativos y en manejo financiero es sin
duda el esfuerzo más importante para que las mujeres superen la
problemática específica de género con respecto a entrar en un espacio
que históricamente ha sido destinado a los varones.
Finalmente, los subsidios otorgados para facilitar el trabajo
doméstico no sólo representan una acción afirmativa hacia las mujeres,
sino que además: a) reducen el tiempo de trabajo doméstico y mejoran
las condiciones en que éste se realiza; b) implican condiciones positivas
para la participación de las mujeres al alivianar el trabajo doméstico; c)
facilitan la sensibilización de género en las beneficiarias, sus familias y
los/as técnicos porque significan un reconocimiento del trabajo
doméstico; y d) mejoran la capacidad de gestión cuando los fondos se
utilizan para obras comunitarias y las mujeres deben organizarse.

1.9. La legislación
La realidad agraria y, en particular, del sector dedicado a la
agricultura familiar no tiene un tratamiento exhaustivo en la legislación
nacional.
Los marcos regulatorios provinciales tienen diferentes grados de
inclusión en la participación democrática de los habitantes del medio
rural, en los gobiernos locales y es necesario un esfuerzo conjunto para la
construcción de una identidad ciudadana, teniendo en cuenta las
diferentes realidades sociales, culturales y potencial productivo del
sector. Esto se refleja básicamente en los gobiernos locales en los que
existen diferencias en relación a la representación política, mecanismos
de elección de gobierno y categorización de municipios o comunas. Hay
provincias donde las municipalidades rurales tienen un manejo de
presupuesto propio y elecciones directas de los concejales e intendente.
En otros casos, dependen de las ciudades próximas que extienden su
ejido y en otros cuentan con un comisionado o representante municipal
que es designado por el poder ejecutivo provincial.
Se requiere buscar garantías para una participación ciudadana
legitima, la que llevará a reforzar la necesidad de una legislación
adecuada para los habitantes del área rural, que son parte de los/as
excluidos del contexto social y económico actual con una significativa
falta de reconocimiento de sus problemáticas particulares. Los y las
ciudadanas del ámbito rural, campesino y aborigen deben tener
garantizados los derechos de representación en los espacios
133

�Mujeres que trabajan la tierra

gubernamentales y legislativos para elevar sus demandas a la agenda de
políticas públicas.
En el capítulo específico que analiza los avances en materia de
derechos de las mujeres se recalca la necesidad de legislar, diseñar e
implementar políticas y programas gubernamentales que reflejen la
decisión política y económica de visibilizar a las mujeres rurales y
aborígenes como sujetas plenas de derecho, garantizándoles
accesibilidad y cobertura en materia de salud, educación, tierra, trabajo,
salarios y justicia entre otras demandas expresadas en las conclusiones
del 1º Encuentro Nacional de Mujeres Campesinas y Aborígenes71
Los avances legislativos deben ir acompañados de programas que
contemplen las demandas prácticas y estratégicas desde una perspectiva
de género y derechos para las mujeres campesinas y aborígenes. Las
limitaciones actuales y los obstáculos a los que se enfrentan diariamente
están en directa relación con su condición de pobreza y exclusión de
género, clase, etnia y lugar de residencia.
En este sentido es importante mencionar que las recomendaciones
elaboradas por el Plan Nacional contra la Discriminación (Villalpando,
2005) propone entre otros puntos:
‐ Hacer efectiva la transversalización del enfoque de género en
todas las políticas públicas y asignaciones presupuestarias.
‐ Jerarquizar y profesionalizar las Áreas Mujer de las provincias,
creándolas allí donde no existan, con el objetivo de desarrollar políticas
transversales para erradicar la discriminación contra las mujeres en todo
el país.
‐ Hacer efectivo el cumplimiento de las leyes sobre violencia
doméstica en todas las provincias en que existen tales leyes. Sancionar
leyes en las provincias donde no existen. Exigir la aplicación de las leyes
de exclusión del hogar de los varones violentos.
‐ Desarrollar programas de prevención, sanción y erradicación de la
violencia doméstica en todo el país que incluya la asesoría legal, el
tratamiento médico y psicológico, planes de inserción laboral y
profesional de las mujeres para que puedan superar las situaciones de
dependencia económica. Todas estas acciones deberán ser llevadas a
cabo por profesionales especializados en la materia.
‐ Crear casas de refugio o de tránsito para mujeres víctimas de
violencia familiar en situaciones de crisis, dotadas de personal
especializado. Se sugiere incluir en estos programas acciones destinadas
71

Ver Anexo N° 3

134

�Capítulo VI: Propuestas de lineamientos políticos, estrategias y acciones

a trabajar con varones violentos, estableciendo la obligatoriedad del
tratamiento para los varones golpeadores.
‐ Arbitrar los medios para mejorar el funcionamiento del Consejo
Consultivo de Organizaciones Sociales del Programa Nacional de Salud
Sexual y Procreación Responsable.
‐ Diseñar acciones concretas, efectivas, mensurables y culturalmente
aceptables para reducir la mortalidad infantil y mortalidad materna, la
desnutrición, los embarazos adolescentes y la incidencia de
enfermedades de transmisión sexual, en el marco del Programa de Salud
para Pueblos Indígenas y del Programa Nacional de Salud Sexual y
Procreación Responsable, estimulando la participación activa de las
mujeres.
‐ Hacer efectiva la implementación del Programa Nacional de Salud
Sexual y Procreación Responsable en todo el territorio nacional,
dotándolo de los insumos, la capacitación necesaria de los profesionales
y propiciar, en este marco, un amplio debate social sobre el aborto no
punible.
‐ Desarrollar campañas masivas de prevención del VIH/SIDA y las
enfermedades de transmisión sexual que respeten los enfoques de
género y orientación sexual.
‐ Capacitar mediante la realización de talleres al personal de las
instituciones de salud a fin de erradicar el maltrato y trato
discriminatorio de género, particularmente hacia mujeres indígenas,
mujeres migrantes, ancianas, mujeres con abortos sépticos, embarazadas
y parturientas pobres multíparas, etc.
‐ Arbitrar los medios para que en los hospitales existan centros
especializados, con personal especializado para la recepción y la atención
de denuncias de casos de violación y otros delitos sexuales.
‐ Arbitrar los medios para que los mecanismos legales e
institucionales sean efectivos para garantizar el aporte a la obligación
alimentaria y de mantenimiento y sostén de los hijos de padres
separados, sancionando el incumplimiento.

1.10. Los problemas de posesión de la tierra
Los conflictos actuales sobre la propiedad de las tierras son parte de
un proceso de privatización y de concentración de las mismas que se
vino gestando desde los años noventa, posibilitado en parte, por la falta

135

�Mujeres que trabajan la tierra

de regularización de la tenencia de los/as pequeños/as productores/as72 y
la ampliación de la frontera agrícola sojera. Si bien este es un problema
que tiene muchos años, se ha agudizado en muchas provincias por la
expansión de capitales sobre tierras productivamente marginales En este
sentido, la Constitución Nacional de 1994 brinda una mayor protección a
las comunidades aborígenes que a las campesinas por cuanto reconoce la
propiedad comunitaria de las tierras en las que habitan tradicionalmente,
dando título constitucional a la posesión.
Es necesario poner en marcha un proceso de debate social que
impulse la regularización de la propiedad, con la participación de
campesinos/as y aborígenes; partiendo de sus necesidades, generando
una política de titulación de tierras que contemple nuevas figuras
jurídicas y que permita el acceso a la propiedad en condiciones
favorables para el autodesarrollo o la consolidación productiva; ya que la
propiedad por sí misma no es suficiente.

1.11. La salud, la educación, los servicios
Los servicios de salud y educación en las áreas rurales son claves
para el proceso de desarrollo de un territorio. No sería posible dejar de
lado aspectos tan sensibles a las necesidades de las comunidades y en
particular de las mujeres.
Un punto de partida a considerar son las culturas locales. Los
programas de salud y educación deben tener en cuenta las características
particulares y los saberes que cada región tiene para la adecuación de los
programas.
La capacitación para la promoción de la salud y prevención de las
enfermedades es una acción que impacta en el corto plazo ya que
permite disponer de herramientas básicas para la resolución de
problemas frecuentes, prevenibles o con tratamientos accesibles con los
recursos locales. De esta manera se pueden prevenir en parte, el
problema de las diarreas, resfríos, catarros, así como enfermedades
infectocontagiosas que resultan preocupantes para las familias.
El sistema de atención primaria de la salud debe contemplar que los
servicios de las áreas rurales deben ser de calidad, con personal idóneo, y
72

Las mujeres de Misiones contaron que gran parte de las tierras de su provincia se vendieron a
capitales extranjeros. Estas empresas desmontaron los bosques naturales para plantar pinos, rodeando
las pequeñas fincas: “… es decir, cercando a los pequeños productores y obligándolos a vender sus tierras y
emigrar a las ciudades a esperar los planes y cajas de ayuda” Extraído de la Memoria del Encuentro
Regional de Mujeres Campesinas del Noroeste Argentino. Paraná (Entre Ríos), 7 y 8 de agosto de 2003.
Memoria por Pody Muttigliengo.

136

�Capítulo VI: Propuestas de lineamientos políticos, estrategias y acciones

disponer de la posibilidad de resolver cuestiones de diversa complejidad
hasta lograr la derivación.
Es necesario que se realicen campañas de prevención de Chagas,
controles y desinfestación de viviendas articulando las acciones de la
Nación con las provincias y municipios. Asimismo se debe fomentar la
investigación en esta área.
La atención de mujeres víctimas de violencia, precisa una
adecuación a las áreas rurales con la posibilidad de acceder a la atención
de personal especializado en la policía, centros de salud y la justicia.
Debido a que el acceso a la educación en las áreas rurales se vio
afectado por la Ley Federal de Educación, es necesario buscar los
mecanismos para garantizar la asistencia de los niños y las niñas a los
diferentes niveles del EGB y Polimodal. Ya que en la mayoría de los
casos para ir al 3º nivel de EGB y al Polimodal deben alejarse de sus
hogares, es preciso un sistema de becas que cubra sus necesidades y que
se distribuya con equidad. Es necesario a su vez, el restablecimiento de
los programas de alfabetización de adultos/as, dado que como
consecuencia de las largas crisis que ha padecido el país ha aumentado el
número de jóvenes y adultos/as analfabetos/as73.
Por lo tanto, como se ha visto, la población rural tiene problemas
estructurales de acceso a los servicios, lo que afecta particularmente a las
mujeres, y que hace necesario un abordaje integral que permita mejorar
la calidad de vida de los pobladores del campo. Estos problemas
determinan que la vida en el campo sea más sacrificada y con menos
oportunidades que en la ciudad y, en consecuencia, alientan la
migración. Es clave la resolución con un marco legal regulatorio y una
política de Estado que de manera integral articule los distintos
programas y sectores, buscando mejorar los sistemas de riego, el acceso a
los servicios de electricidad y agua potable, la ampliación y
mantenimiento de la red vial, el acceso a servicios de calidad en salud y
educación, a planes de vivienda rural y, principalmente, a la
regularización de la propiedad sobre la tierra. A su vez, es necesario que
se respeten las leyes de protección del medio ambiente para controlar los
desmontes indiscriminados, la contaminación del agua y el uso de los
agroquímicos, cuestiones que afectan directamente a los/las pequeños/as
productores.

73

Los problemas de las mujeres relacionados con la salud y la educación se encuentran detallados en
la Memoria del Encuentro Nacional de Mujeres Rurales y Aborígenes 2003.

137

�Mujeres que trabajan la tierra

2. Las acciones específicas para un cambio en las relaciones de
género en las distintas etapas de un proyecto
2.1. En la etapa de diseño y formulación de la estrategia de
desarrollo rural
Cuando se va a implementar una estrategia de desarrollo rural con
un enfoque de equidad de género, se necesita que desde el inicio del
diseño del proyecto se fundamenten las consideraciones de equidad de
género de modo de asegurar la posterior operacionalización en su fase
de ejecución. Esto implica que en la etapa de formulación se realicen
estudios y diagnósticos con la población del territorio para conocer la
inserción de los varones y de las mujeres en las actividades productivas,
en la comercialización y en la generación de ingresos extra prediales para
comprender la posición diferenciada de cada uno de ellos frente a los
procesos de desarrollo, definir las estrategias y determinar los recursos
disponibles y necesarios.
Para que la estrategia de desarrollo rural tenga una real perspectiva de género
en la ejecución, las mujeres deben ser beneficiarias directas. Si la acción se
centra en la familia, es probable que los sujetos de los servicios del proyecto
terminen siendo los varones y –a lo sumo– las mujeres jefas de hogar. De esta
manera, quedan sin acceso directo a las oportunidades de desarrollo los/as
restantes integrantes. Para evitar esto, es recomendable definir, desde la misma
formulación del proyecto, la cantidad de varones y mujeres integrantes de las
familias del territorio que se beneficiarán con la estrategia de desarrollo rural.
De esta manera, el proyecto considerará a cada uno de los miembros de la
familia rural en los diferentes roles que ejecutan en las actividades productivas
dentro de la finca, en los procesos de transformación y venta y, en general, en
las diferentes fuentes de ingresos familiares que sean identificadas.
Se recomienda la intervención en el diseño, formulación y ejecución
de –al menos– una persona cuya función sea asegurar la participación
equitativa de los varones y las mujeres en las acciones de la estrategia de
desarrollo rural y en el acceso a las oportunidades de desarrollo.
La persona responsable de que se cumpla la propuesta de equidad
de género, deberá enfocar y resolver los problemas que impiden una
incorporación más efectiva de las mujeres en los diferentes componentes
138

�Capítulo VI: Propuestas de lineamientos políticos, estrategias y acciones

del proyecto, buscando soluciones para los mismos; y preocuparse de
que los esfuerzos para disminuir la brecha de oportunidades entre
varones y mujeres no resulten en acciones aisladas.
Esta decisión es necesaria porque más allá de la buena voluntad o
interés de los equipos técnicos de lograr una participación equitativa de
varones y mujeres, las urgencias del cotidiano de los proyectos no permiten
que esa preocupación se cristalice en acciones concretas que aseguren la
equidad.
En el diseño de la estrategia de desarrollo rural, debe buscar un
abordaje integral de la realidad y considerar los lineamientos para el
seguimiento de los resultados de equidad de género en los proyectos que
se ejecuten. Corresponde definir una estrategia de género para cada una
de sus acciones, con indicadores específicos cuantitativos y cualitativos
para cada uno de sus objetivos. Esta estrategia debe tener un
seguimiento y evaluación sistemática.

2.2. Diagnósticos participativos y diseño de proyectos de
generación de ingresos
En la etapa de los diagnósticos participativos, las consideraciones de
género en las diferentes metodologías que se utilicen permitirán conocer
los problemas y necesidades específicas de los varones y de las mujeres
como las perspectivas de cada uno sobre las posibles causas y las
propuestas de solución. También permitirá saber quién hace, quién
decide y cuál es la división de trabajo en la unidad familiar, tanto en las
actividades agrícolas y pecuarias como en las extra prediales y no
agropecuarias y en las organizaciones económicas y sociales de la
comunidad.
Esta instancia es un espacio importante para conocer y reconocer el
trabajo femenino, el cual suele ser invisible para los varones, para los y
las técnicos/as y para las propias mujeres.
Un complemento de los diagnósticos participativos son los estudios
de caso y el relevamiento de experiencias de proyectos con participación
de mujeres o con perspectiva de género existentes en el territorio.
Existen experiencias donde las mujeres son beneficiarias de
programas de desarrollo, con proyectos productivos que no son
rentables. En estos casos generalmente se aumenta la carga de trabajo de
las mujeres y no mejora su situación económica. Es por esta razón, que es
necesario realizar estudios de prefactibilidad y factibilidad de manera
rigurosa, para evitar la condena al fracaso económico y la consecuente
139

�Mujeres que trabajan la tierra

profundización de la inequidad, porque la participación de las mujeres
no siempre implica que se cumplan los objetivos de género.
Por otro lado, existen proyectos exclusivos para mujeres
relacionados a las tareas femeninas “tradicionales”, como los talleres de
costura, panaderías, etc. Este tipo de actividad precisa especialmente de
estudios de factibilidad, además de un proceso de capacitación con
recursos financieros para asegurar que solucionen en el corto plazo los
problemas de pobreza de sus participantes. Más allá de lo anterior, estos
proyectos, tienen el riesgo de excluir a las mujeres de las principales
actividades de la estrategia de desarrollo rural, comprometiendo un
futuro con equidad.
Si se generan actividades agroindustriales o artesanales o cualquier
otra que se relacione con las actividades domésticas de las mujeres, se
recomienda la realización de estudios de preinversión. Al mismo tiempo,
deben apoyarse con capacitación, financiamiento y extensión aquellos
proyectos que aseguren a la unidad familiar un ingreso económico
mayor que el existente al momento del estudio, además de ser
sostenibles y con mercados seguros.
En las unidades familiares existen actividades a cargo de las
mujeres que son consideradas de menor importancia porque, generalmente
son un complemento de los ingresos del hogar o resultan generadoras de
insumos para el autoconsumo. El aumento de la productividad de estas
actividades por incorporación de innovaciones tecnológicas puede
incrementar los ingresos del hogar beneficiario y/o contribuir a la
seguridad alimentaria y al mejoramiento de los niveles de nutrición.
La participación de las mujeres en propuestas rentables y
sostenibles en las actividades para el mejoramiento de los ingresos
implicará la creación de condiciones para un acceso equitativo a servicios
o mercados financieros.

2.3. En el camino hacia la equidad
Las experiencias indican que no es suficiente ofrecer a los varones y
mujeres un igual acceso a los servicios y beneficios del proyecto y que es
necesario crear condiciones específicas para asegurar un acceso
equitativo a las oportunidades de desarrollo.
La determinación de estas condiciones dependerá de factores
culturales, sociales y económicos, que deben ser analizados en los
diagnósticos participativos o en estudios previos del territorio.

140

�Capítulo VI: Propuestas de lineamientos políticos, estrategias y acciones

A continuación, se enumeran algunas propuestas o acciones
facilitadoras para el acceso equitativo de varones y mujeres.
a) La adecuación de los horarios y lugares de reunión para que
tanto varones y mujeres puedan asistir a los procesos de capacitación, de
diagnósticos participativos, de extensión y de transferencia tecnológica,
es un requisito sencillo que facilitará una participación equitativa.
b) Esto debe ser complementado con formas de comunicación y
metodologías participativas adecuadas a la presencia de varones y
mujeres, considerando desde la no utilización de modismos
discriminatorios en el lenguaje y en los materiales de capacitación como
el respeto por las diferencias de nivel de instrucción o de capacitación
formal e informal existente entre los participantes de ambos sexos.
c) Realizar convocatorias a cada uno de los integrantes de la unidad
familiar también es una forma de facilitar la participación equitativa en
las acciones de un proyecto.
d) Las acciones ahorradoras de trabajo doméstico y la existencia de
espacios para el cuidado de los/as niños/as facilitan la participación de
las mujeres en una estrategia de desarrollo rural, además de reducir en
horas y esfuerzo las actividades domésticas.
En muchos casos, es necesario ayudar a las mujeres a que participen
activamente en el proyecto por medio del mejoramiento de su
autoestima y la capacitación para que puedan solicitar los beneficios del
proyecto y participar en la toma de decisiones.
Cabe destacar el papel protagónico que tienen los equipos técnicos
que trabajan en terreno en programas del Estado o de las ONGs como
agentes para la búsqueda de la equidad entre los géneros. Es por esto
que las acciones que impulsan la articulación, capacitación e intercambio
de experiencias resultan transformadoras.
Los encuentros de mujeres organizados a nivel local, provincial,
regional o nacional, crean un espacio de intercambio y enriquecimiento
de las experiencias personales y grupales, a la vez que fortalecen lazos de
solidaridad entre las mismas. De la misma manera las pasantías entre las
distintas regiones permiten conocer las experiencias de otras
organizaciones y zonas, siendo igualmente beneficiosas.
La búsqueda de propuestas para solucionar problemas relacionados
con la unidad familiar –como la alimentación, la salud y la educación de
los/as hijos/as– son motivadores para una participación progresiva de las
mujeres en espacios públicos, además de mejorar la calidad de vida de

141

�Mujeres que trabajan la tierra

las poblaciones pobres, cuando se comienza un proceso de desarrollo
rural con equidad de género74.
La estrategia de Género en Desarrollo es aquella que implique el
acceso igualitario de las mujeres y de los varones a las oportunidades de
desarrollo y busque construir una sociedad más equitativa. Esto significa
ofrecer a las mujeres las mismas oportunidades que a los varones,
reconociendo las limitaciones que culturalmente las han colocado en
lugar de desventaja e incorporando acciones de discriminación positiva
cuando esto sea necesario.
El logro de la equidad de género es un proceso que depende en
gran parte de una decisión política que asegure sus resultados y su
celeridad. La incorporación de la perspectiva de género en las políticas
destinadas al sector rural se fundamentan en los acuerdos
internacionales sobre derechos humanos, que tiene su expresión más
cabal en la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de
Discriminación contra la Mujer (CEDAW, 1979) y, específicamente, en su
artículo N° 14 donde se hace referencia a los derechos de las mujeres
rurales y que hoy tiene rango constitucional. El sustento de esta
estrategia en los derechos ubica al Estado frente a una responsabilidad
indelegable y a las/os ciudadanas/os como titulares de derecho.

74

Sobre acciones relacionadas a seguridad alimentaria, la experiencia de ProHuerta es importante de
ser considerada, tanto para mejorar la alimentación y nivel nutricional como para aumentar la
disponibilidad de los ingresos del grupo familiar por las posibilidades de autoconsumo.

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Ley 23.226: Derecho a Pensión de la cónyuge de hecho
Ley 23.264: Patria Potestad y Filiación
Ley 23.515: Matrimonio o divorcio vincular
Ley 23.746: Pensión para madres de más de siete hijos
Ley 24.012: Ley de Cupos
Ley 24.347: Aportes de las mamas de casa al Sistema Integrado
de Jubilaciones y Pensiones
Ley 24.417: Protección contra la Violencia Familiar
Ley 24.632: Aprobación de la Convención Interamericana para
prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer
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�Anexo 1

Anexo 1
Tabla Nº 1.1:
Población rural en las diferentes provincias discriminadas por sexo y por rural
dispersa y agrupada según CNP 2001

Fuente: Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda de 2001 (INDEC, 2005)
Elaboración propia

151

�Mujeres que trabajan la tierra

Tabla Nº 1.2:
Población rural en las diferentes provincias discriminadas en el año 1991 y 2001

152

�Anexo 1

Fuente: Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda 1991 y 2001 (INDEC)
1

Porcentaje de la disminución de la población rural entre los dos censos con respecto a la población
rural existente en 1991,
2 Cantidad de mujeres rurales en el año 2001 menos la existente en 1991,
3 Porcentaje de la disminución de la cantidad de mujeres rurales entre los dos censos con respecto a la
cantidad de mujeres rurales existente en 1991,

153

�Mujeres que trabajan la tierra

Tabla Nº 1.3:
Población rural en las diferentes provincias discriminada sexo y grupos de edad

Fuente: Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda de 2001 (INDEC, 2005)
Elaboración propia
154

�Anexo 1

Tabla Nº 1.4:
Porcentaje de varones y mujeres en las diferentes provincias del país por grupo de
edad

Fuente: Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda de 2001 (INDEC, 2005)
Elaboración propia

155

�Mujeres que trabajan la tierra

Tabla Nº 1.5:
Población que asiste a algún establecimiento educacional discriminada por edad,
sexo y lugar de residencia

Fuente: Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda de 2001 (INDEC, 2005)
Elaboración propia

156

�Anexo 1

Tabla Nº 1.6:
Mujeres de 14 años y más discriminadas por provincia en hogares rurales y loc, de
2000 a 5000 habitantes según condición de ocupación

Fuente: Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda de 2001 (INDEC, 2005)
Elaboración propia
157

�Mujeres que trabajan la tierra

Tabla Nº 1.7:
Mujeres ocupadas mayores de 14 años, discriminadas por área de residencia,
provincia y condición de NBI

Fuente: Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda de 2001 (INDEC, 2005)
Elaboración propia
158

�Anexo 1

Tabla Nº 1.8:
Total de mujeres de 14 años y más discriminadas de áreas rurales y localidades de
2000 a 5000 habitantes según condición de ocupación en hogares con NBI

Fuente: Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda de 2001 (INDEC, 2005)
Elaboración propia

159

�Mujeres que trabajan la tierra

160

�Anexo 2

Anexo 2
Tabla Nº 2.1:
Nombre de los grupos según provincia. Relevamiento 2001.
PROVINCIA

NOMBRE DEL GRUPO

Buenos Aires

Vuelta de Obligado

Santa Lucía

Catamarca

Grupo de mujeres Colonia de
Valle

Mujeres Artesanas Virgen de Las Abejitas
Belén

Mujeres Dulceras La Aguada

Tía Juana

Segundo Amancay

Mujeres Agropecuarias

Unión de Mujeres
Campesinas

Mariposa

Un Mañana Mejor

Nosotras y Ellos

Mujeres La Matanza

Salto La Vieja 2

Nuevas Mujeres del
Boquerón

Pensamiento

Encarnación Siete Arboles

Alegría

Santa Catalina

Salto La Vieja

Fátima

Esperanza de Campo Roffo

Santa Rosa de Lima del
Curundú

Inmaculada

Mujeres Trabajadoras

Las Mujeres de la Unión

Mujeres de Fe

Casa de la Artesana Amuan
Ño Rucamo

Jefas de Familia

Grupo de Mujeres de Lepa

Club de Madres “Niñas de
Ayohuma”

Córdoba

La Orgánica

Huerta Amanecer

Huerta Villa Rossi

Entre Ríos

Futuro

El Reencuentro

Las Sorenitas

Cooperativa Las Lomas
Chaco

Chubut

Aldea Escolar

Las Grandes del Futuro

Pimpollos

Amanecer

Mujeres en el Campo

Ternura

Esquebito

Bendita Tu eres

América

Nueva Esperanza

Las Luchadoras

Los Claveles

La Amistad

Comunitario

Santa María

Renacer

Mujeres Campesinas del
Guajhó

Mujeres Campesinas de la
Disciplina

Esperanza
Formosa

Jujuy

Equipo de Mujeres
Campesinas

Mujeres Campesinas de Monte San Antonio
Quemado

Nuevo Amanecer

Grupo de Tejidos

Fondo Comunal de
Orosmayo

Fondo Comunal de Casa
Colorada

Suyay

Fondo Comunal de
Doncellas

Fondo Comunal de
Coyaguhoyma

Grupo de Costura de Yavi

Fondo Comunal de
Quichagua

Fondo Comunal San Juan
Misa Rumi

Asociación de Mujeres
Puneñas

Fondo Comunal de La
Intermedia

Fondo Comunal de Paicone

Asociación Civil Juntas por la
Vida

Fondo Comunal Huacalera

Fondo Comunal de
Rinconadillas

161

�Mujeres que trabajan la tierra

Fondo Comunal Arbolito
Nuevo

Fondo Comunal de
Cochinoca

Comunidad Quebradeña

AYFACO

Fondo Comunal Nueva
Pirquitas

Fondo Comunal de Cerro
Negro

Huayco Sonco

San José de Miraflores

Fondo Comunal de Coranzulí

Fondo Comunal de Lumara

Fondo Comunal de
Tambillos

Fondo Comunal de Ciénaga
de Apicone

Mujeres Hilanderas de
Chaguama

Fondo Comunal de Pueblo
Viejo

Fondo Comunal de Ciénaga
Grande

Flor del Cardón

Fondo Comunal Provincias
Argentinas

Fondo Comunal del Tolar

Fondo Comunal Santuario
Tres Pozos

Las Vicuñitas

Fondo Comunal Pumahuasi

Fondo Comunal San Francisco Fondo Comunal de Puesto
de Alparcito
del Marqués

Fondo de Queta

Fondo Comunal de Santo
Domingo

Fondo Comunal de
Cochagaste

Fondo Comunal de
Lagunillas del Farallón
Cordillera

Fondo Comunal de Casa
Colorada de Rinconada

Fondo Comunal de Aguas
Blancas

Fondo Comunal de El
Cóndor

Fondo Comunal Cusi Cusi

Fondo Comunal de Liviara

Fondo Comunal Pan de
Azúcar

Fondo Comunal Loma Blanca Fondo Comunal Chocoite
Fondo Comunal Sausalito

Fondo Comunal Cangrejillos

La Pampa

Witru‐che

Las de Puelches

La Rioja

Asociación Mujeres de
Anjullon

As. de Mujeres por una Vida
Mejor

Mendoza

CIRAMAR

Vanesa Sarmiento

Misiones

Neuquén

162

Fondo Comunal Warmi

El Pastal II

Cocinando con Carina

Animadoras Ruta 20

Chivilcoy

El Carmen I

Manantial

Santa María de Oro

Los Olmos

El Pastal

Mujeres en Marcha

La Estrella

Manos Unidas

Rosa

Unión y Tabajo

Unión y Fuerza

Con empeño

Las Marus del Futuro

Chacras del Sol

Armonía

Las Reposteras

Las Compuestas

Nueva Esperanza

El Progreso

Sub Grupo Esperanza
Fortaleza

Unión y Progreso

Esperanza Viva

Unidas Luchamos

Pinares

Grupo Florida Unión y
Progreso

Unidas Venceremos

San Isidro

Luchando para adelante

Feria Franca El Alcazar

Las Rosas

Mujeres de Alegría

Sub Grupo Sol Naciente

Unidas para vencer

Esperanza Nueva ‐ Km 48

Sub Grupo Sol Poniente

Siempre Unidas

Unidas para un Futuro Mejor

Esperanza Mujeres de San
Lorenzo

Sol Naciente

El Progreso

Feria Franca San Pedro

Damas Unidas

S.G. Damas de Fortaleza

Orden y Progreso

Mujeres Campesinas

Che Hueney

Grupo de costura de Aguada Abriendo surcos
del Sapo

�Anexo 2

Grupo Mujeres de la
Comunidad Mapuche RAMS

Mapuche ñaña

Loan Mahuida

Amulen

Centro de Capacitacion
Laboral N° 138

Artesanas Los Bollilos

Cerro Policía ʺAʺ

La Flor del sur

Amancay

Jerusalén

Miliglio Huitral

San Bartolo

Santa Rita

Mujeres Criollas de Capitán
Pa

Grupo de Mujeres de San
Isidro

La Esperanza

Asociación de Mujeres de El
Espinal

Grupo de Mujeres Wichi

Santa Rosa

Santa Teresita (El Barrial)

Guarmis Guapis

Santa Teresita (Chicoana)

La Unión para Crecer

La Esperanza

Esperanza

Nuevo Milenio

Colonia Fernández

Andacollo Arbol verde

Frutos del Quinto Cuartel

Inti Huasi

Guadalupe

Manos Doradas

Crecer

Cooperativa Sol y Frutos
Sanjuaninos

Unidas para el Progreso

San Luis

Las Pollas

La Esperanza

Santa Fe

Caminemos Juntas

La Esperanza Helveciana

Renacer

La Buena fe

Las emprendedoras

Las Obreras

El Progreso

Reflejos del sol

Rio Negro

Salta

Mujeres Artesanas de El
Barrial
San Juan

Sgo del Estero Club Colo Colo Femenino

Grupo de Mujeres de
Quimilioj

La Suerte

Club Colo Colo Femenino

Club El Puesto Femenino

Teleras de la OCCAP

Costurero de Cáritas

Club de Madres

Costurero San Juan

Taller de Cáritas

Club Lucerito

Juntas Triunfaremos

Club Estrellas Juveniles

Grupo Mujeres Campesinas
OCCAP

Grupo de Mujeres de San
Vicente

El Progreso

El porvenir

Asociación de Mujeres de
Jumial Grande

La Esperanza

Grupo de Mujeres de Bajo
Sequeira
Tucumán

As. Civil Grupo de Mujeres El El Nogalito
Sacrificio

Miskita

Valle de Trancas

Los Tunales

Comedor Ingeniero Lules

163

�Mujeres que trabajan la tierra

Tabla Nº 2.2:
Nombre de los grupos según provincia. Relevamiento 2006.
PROVINCIA

NOMBRE DEL GRUPO

Buenos Aires

PRO.FA.PPE Productoras Familiares del Parque Pereyra

Catamarca

Grupo de mujeres Colonia de Mujeres Artesanas Virgen de Puccara
Valle
Belén

Chaco

Chubut

Córdoba

Corrientes

Entre Ríos

164

Cooperativa Las Lomas

Tía Juana

Artesanas Belenistas

Asociación de Hilanderas y
Tejedoras Fray Mamerto
Esquiú

Verde Esperanza

Mujeres de El Quimilo

Productoras de Ancasti

Tinku Kamayu

Dulceras de Andalgalá

Mujeres Agropecuarias

Mujeres de Fe

Mujeres La Matanza

Un Mañana Mejor

Nuevas Mujeres del
Boquerón

Fátima

Salto La Vieja 2

Alegría

Mujeres Trabajadoras

Salto La Vieja

Inmaculada

Santa Rosa de Lima del
Curundú

Casa de la Artesana Amuan
Ño Rucamo

Aldea Escolar

La Esperanza

Club de Madres “Niñas de
Ayohuma”

La Amistad

Ruca Lamngnen (Casa de las
Hermanas)

Mujeres de la Aguadita

25 de Mayo

Las Mujeres

Las Vecinas

Victoria

Las Martinetas

Las Marías

Las Gaviotas

Mujeres Unidas de Cañada y
Agua de Ramón

Mujeres Organizadas de las
Pirguas

Las Cotorras

Las Dulceras

Las Luchadoras

Las Quebrachitas

Las Sureñas

Mujeres Campesinas de
Cachiyuyo

Las Hormiguitas de los
Escalones

El Duraznal

Alpargatas Yeso – K

Anahi

22 de Mayo

Grupo Colonial

Santa Lucia

Dulce Vida

Alegría

Consorcio Doña Juana

El Reencuentro

La Providencia

Cooperativa La Curtiembre

Nuestro Pan

La Nueva Esperanza de Ibira
Pita

Por un Futuro Mejor

Vivero Caa Cati

Ruta 19

Fuerza Femenina

Futuro

El Reencuentro

Nueva Esperanza

Las Grandes del Futuro

Pimpollos

La Amistad

Mujeres en el Campo

Ternura

Renacer

Bendita Tu Eres

América

Alborada

Las Luchadoras

Los Claveles

Las Marías

Comunitario

Santa María

Las Golondrinas

Esperanza

Las Sorenitas

Las Estrellas

Chaprohver

Hormiguita

Las Dalias

�Anexo 3

Maria del Rosario

Las Marías

Los Laureles

Esperanza

Primavera

Los Tosqueros

Buscando Futuro

Nueva Esperanza

Macieguita

La Costa del Tigre

Rincón del Charrua

Las Tocallas

Armonía

Sabiduría

Sembrando Futuro

El Desafío

La Unión

Esperanza

Renacidas

Sonrisas

Sol Naciente

En Acción

Maria Reina

Las Grandes del Futuro

San Nicolás

Los Triunfadores

Sin nombre (Colonia
Avigdor)

Las Mujeres

Mujeres de Colonia Nueva

Raicerito

Esperanza

El Chavito

Sobrevivir

El Amanecer de Mojones

Manos Laboriosas

Los Paraísos

Estrella Fugaz

Manos a la obra

El Trébol

Las Bonitas

Reproducir

Las Cotorras

El Progreso de Aviador

Las delicias

Productoras

Nuevo Amanecer

Rinconcito

Sagrado Corazón de Jesús

La Amistad

Los Girasoles

Nueva Esperanza de los
Tocos

Las Rosas

Mariposita

La Alegría

Las Cosecheras

Las Comadres

Progresos

El Talita

Paraje Roca

El Progreso de Mulas

Laguna Larga

Futuro Mejor

La Victoria

Los Pinares

Los Pimpollos de la Laguna

El Milagro

Equipo de Mujeres
Campesinas

Mujeres Campesinas del
Guajhó

Nuevo Amanecer

Mujeres Campesinas de
Monte Quemado

San Antonio

Mujeres Campesinas de la
Disciplina

Añaguitas

Casti

Mujeres de Ocumazo

AYFACO

Comunidad Quebradeña

Grupo de Costura de Yavi

Las Vicuñitas

Mujeres Hilanderas de
Chalguamayoc

Huayco Sonco

Clavel del Aire
Formosa

Siwanʹi
Jujuy

La Pampa

Flor del Cardón

Flor de Iro – Mujer Rural

Las de Puelches

Las Madres del Arbolito

Las Marías

Artesanas De Puelches

Alegre

Las Guapas de la Curva

Agrupación de Mujeres
Rurales Unión y Trabajo

San Pedro

Virgen del Valle

Mollaco

La Esperanza del Balde de la Regionales Añogasta
viuda

Los Hornos
La Rioja

Sagrada Familia

La Muyuna

Las Emprendedoras

Las Hermosas de la
Quebrada

Santa Rita del Quemado

165

�Mujeres que trabajan la tierra

Mendoza

Misiones

Neuquén

Santa María de Oro

Mujeres de Ugarteche

Mujeres en Marcha

Mujeres Unidas

Almit
Petrolandia

Rosa

Virgen del Rosario

Feria Franca El Alcazar

Con empeño

Primavera

Buenas Vecinas

Armonía

Mujeres Federadas
Remolinos de Aserrín
Argentinas (Gral. San Martín)

El Progreso

Unidas para Vencer

Luchando para adelante

Sub Grupo Sol Naciente

Sol Naciente

Mujeres de Alegría

Sub Grupo Sol Poniente

Damas Unidas

Esperanza Nueva ‐ Km 48

Esperanza Mujeres de San
Lorenzo

Mujeres Campesinas

Unidas para un Futuro Mejor

Feria Franca San Pedro

Protegernos

Unidas Luchamos

Orden y Progreso

El Arrozal

Siempre Unidas

SubGrupo Damas de Fortaleza Unión y Progreso

Juntos Podemos

Sub Grupo Esperanza
Fortaleza

San Isidro

Amanecer Aprendiendo

Che Hueney

Mapuche ñaña

Abriendo surcos

Caiu Folil Michi

Centro de Capacitación
Laboral N° 138

Calfu rayen zomo

Amulen

La Esperanza de la Ovejas

Suyai

El Progreso

Rayem Zomo

Traw Leain

Grupo Mujeres de la
Comunidad Mapuche RAMS
Rio Negro

Salta

166

Cerro Policía ʺAʺ

La Flor del Sur

Jerusalén

Miliglio Huitral

Primavera

Conservas Corralito

Mujeres de Miércoles

El Arroyito

Unión Vecinal Autoconsumo
2

Queme Lahuen

Neli Zona Trugken

La Unión de Coquelen

Mencué

SUMU, elaboración
comunitaria

Las Criollitas

Grupo de Mujeres Wichi

Mujeres de la Red de
Comercialización

Asociación de Mujeres de El
Espinal

Santa Ana

Por un Futuro Mejor

Las Campesinas del Norte

Buena Esperanza

La unión de Capiazuti

Grupo de Mujeres Wavawuk

Grupo de Mujeres de San
Isidro

Mejorando lo nuestro II:
luchando por nuestro
derecho

Ikira Unido

La Fortaleza

Peña Morada

Todas en Lucha

Grupo de Mujeres del Taller
de Memoria Etnica

Mejorando lo nuestro

Mujeres Solidarias

Askan

Cheiru

Fowlit

Taperigua

Mujeres Tobas

Yanderu Tumpa

La Who

Organización de las Sietes
Etnias

Kilie

Ofotas

El Nuevo Amanecer

�Anexo 3

San Juan

Flor de Liz

Mujeres de Cachi adentro
Banda Sur

Las Rosas

La Primavera

Mujeres en Unión

Welo (luna)

Mujeres Feriantes

Mejorando nuestra casa

Las Estrellas de Luz

Los Olmos

Sueños de las Mujeres

Las Margaritas

Las Amancayas

La Nueva Esperanza de la
Poma

Mujeres en Progreso

Mujeres en Acción

Las Kelloticas

El Faldeo de las Yerbas
Buenas

Las Amencayas del Abra

las Gamotas del Abra Verde

Las Rosas II

Las Maravillas

Las Manas

La Nueva Esperanza de
Amblayo

Medalla Milagrosa

Esperanza

Amanecer

Mujeres de Tomuco I

Mujeres de Tomuco II

Las Rosas de Payagastilla

Chuscha

Bueno Ventura

Mujeres del Valle Calchaquí

El Manantial

Flor de Durazno

Virgen del Carmen

Virgen del Milagro

La unión hace la fuerza

Unidas para siempre

Las Maranatas

Las Soñadoras

Las Raíces de Pasión

Las Mañas de Radio

Mujeres de Campo Lujan

La Merced

Mujeres de Chañar II

Mujeres de la Represa

San Cayetano de Matensilla

Banda Unida

Mujeres unidas de Cabrera

Sol Toldeño

El Milagro de Coronel Juan
Sola

Mejorando por el campo

La Laguna

Lhawo

Iwella

Coema

Cheiru ʺMujeres de Cheiruʺ

El Chañar de Coronel Juan
Sola

Club de Madres San Carlos

Silicua

Club de Madres de Lipeo

Mujeres Unidas del Coleto

Los Claveles del Abra de
Macoyita

Las Criollitas

Las mujeres

Club de Madres Virgen de
Lujan de El Arazay

Club de Madres de Baritu

María la Brillosa

Club de Madres Virgen del
Lujan El Abra

Club de Madres Los Toldos

Club de Madres La Frontera

Las Rosas de la OCAN

Las Amancaycas de la OCAN Santísima Trinidad de la
Misión

Las Clavelinas de Lizoite

Santa Teresita del Rodeo

Virgen del Rosario

Por una vivienda mejor

La Candelaria

Mujeres del Milagro

La Flor de los Claveles

Las Incansables

Crecer Mejor

Andacollo Árbol verde

Frutos del Quinto Cuartel

Crecer

Guadalupe

Manos Doradas

Ave Fénix

Cooperativa Sol y Frutos
Sanjuaninos

Unidas para el Progreso

La represa

Nuevo Milenio

Inti Huasi

Las Lomitas

Santa Cecilia

Las norteñas

Productoras de Esperanza

Pie de la Cuesta

Mujeres del Dique

San Roque
San Luis

Mujeres de los Baldes

167

�Mujeres que trabajan la tierra

Mujeres de Ojo de Río
Santa Fe

La Buena Fe

La Esperanza

Reflejos del Sol

Nuestras Raíces

Las Emprendedoras

Creciendo Juntas

Las Comadres

Asociación de Feriantes y
Artesanas

La Providencia
Sgo del Estero Warmis Sinchis

Tucumán

Santa Rita
Juntas Triunfaremos

La Esperanza

Club de Madres

Grupo de Mujeres de San
Vicente

Grupo de Mujeres de Colonia
Española

Club Lucerito

Asociación de Mujeres de
Jumial Grande

Grupo de Mujeres de San José

Grupo Mujeres Campesinas
OCCAP

Costurero de Cáritas

Grupo de Mujeres de Colonia
Argentina

Grupo de Mujeres de
Quimilioj

Taller de Cáritas

Grupo de Mujeres La Costa

Teleras de la OCCAP

Club Estrellas Juveniles

Grupo de Mujeres del Nuevo
Simbolar

Costurero San Juan

El Progreso

Tejiendo la Vida

Las Arañitas

Ashpa Paraiko (Por la Tierra) Sin nombre (Localidad
Yanacón)

Virgen del Rosario

Renacer

Unidas para Vivir

As. Civil Grupo de Mujeres El Miskita
Sacrificio

Los Tunales

Ropero Comunitario ʺLa
Soledadʺ

Kusi Sonko

Mujeres de la Chilca

La Cascada

Maria Auxiliadora

Mujeres en Marcha

Cuesta la Chilca

Pacará

San Lucas

Las Crespinas

Granja Oran

Las Bulacio

Plumitas

San Cayetano de Acheral

La Rueca

Milagro Sur

Sin nombre (Tafi del Valle)

Adobe

Sin nombre (EL Bañado – Tafi Taller la Esperanza
del Valle)

168

Don Pepe y sus productores

�Anexo 3

Anexo 3
Conclusiones del Encuentro Nacional de Mujeres Campesinas
y Aborígenes “Aquí estamos y queremos ser escuchadas”
En la ciudad de Buenos Aires entre los días 15 y 17 de octubre de
2003, se reunieron 400 mujeres provenientes de las 23 provincias del país
con el objetivo de intercambiar experiencias y por sobre todo hacer
escuchar su voz silenciada, ante los sectores de decisión. “Se busca
incorporar la problemática de la mujer rural en la agenda pública, analizando las
distintas realidades locales y provinciales, los avances y los obstáculos en el
proceso de desarrollo rural. A su vez contribuir a la visibilidad de las mujeres
campesinas. En tanto sujetos sociales y políticos activos poseen potencialidades y
capacidades para contribuir al diseño y ejecución de políticas dirigidas al sector,
desde el marco del desarrollo rural sustentable”.
Este encuentro fue organizado por la red Trama, que está
conformada por instituciones y personas que acompañan a mujeres
campesinas y aborígenes en procesos de desarrollo desde una
perspectiva integral. La red está coordinada por el Proyecto Mujer
Campesina de la Dirección de Desarrollo Agropecuario de la Secretaría
de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de la Nación. Esa
coordinación le da un carácter especial por que sí bien se trabaja en
forma paralela en varias áreas como en salud, educación, producción,
etc., el marco de esas acciones es necesariamente el del Desarrollo Rural.
Un desarrollo rural que puede tener muchos calificativos, pero se resume
en mejorar la calidad de vida de las personas que viven, trabajan y
producen en áreas rurales. Un desarrollo rural para el cual la acción del
Estado es ineludible. Un desarrollo que, además de proyectos
focalizados, incluya políticas con equidad de género, que abarquen al
conjunto de las mujeres y varones que viven en áreas rurales.
Este Encuentro surge como resultado y demanda de más de
trescientos grupos conformados exclusivamente por mujeres en el
campo, que con el apoyo de diversas instituciones y programas
gubernamentales y no gubernamentales han promovido su
protagonismo y estimulado su organización. Esto significa que las
cuatrocientas delegadas presentes en el encuentro representan alrededor
de 600.000 mujeres campesinas de la Argentina.

169

�Mujeres que trabajan la tierra

Para arribar a esta instancia, se han realizado reuniones de los
grupos en el espacio local, reuniones zonales, encuentros provinciales y
regionales en los cuales las mujeres comenzaron a debatir sobre sus
problemáticas específicas, confluyendo en la decisión de concurrir a la
Ciudad de Buenos Aires para encontrarse. Un encuentro para
intercambiar, debatir y hacerse presentes allí donde se toman las
decisiones que definen las políticas públicas de la Nación Argentina.
Los temas que se trataron en este Encuentro abarcan los principales
problemas del sector: el acceso a la tierra, el acceso a la salud pública de
calidad, la educación, medioambiente, producción, trabajo, identidad,
vida cotidiana y los derechos de las mujeres.
A continuación se presentan las conclusiones de las propuestas
trabajadas en los talleres integrados exclusivamente por las mujeres
participantes del encuentro.
“Lo proponemos desde la dignidad de los derechos y no desde la lástima”.

Salud
1. Educación para la salud, teniendo en cuenta la necesidad de la gente
con lenguaje sencillo y claro en escuelas, iglesias y comunidades en
forma gratuita y continua a través de talleres, charlas y mensajes en
los medios de comunicación.
2. Educación sexual para padres, madres, adolescentes y niños en:
sexualidad, incesto, abuso sexual, menopausia, enfermedades de
transmisión sexual, anticoncepción.
3. Que haya en el campo centros de salud que cuenten con personal
suficientemente capacitado durante las 24 horas, medicamentos,
antídotos (sueros antiofídicos) equipamientos, alimentos para los
internados y acompañantes, medios de traslado y comunicación.
4. Que la atención médica, estudios y análisis de alta complejidad,
medicamentos en los hospitales sean gratuitos y se dé prioridad a los
campesinos en los turnos.
5. Mejoramiento en caminos, comunicación y transporte.
6. Prevención en droga, alcoholismo y tabaquismo.
7. Que se hagan campañas de prevención sobre Chagas, controles y
desinfección de viviendas.
8. Que las mujeres que sufren violencias sean escuchadas. Que se les
brinde el apoyo que necesitan por parte del personal especializado
en la policía, centros de salud y la justicia. QUE SE HAGA JUSTICIA.

170

�Anexo 3

9. Buen trato, con respeto y sin discriminación a las mujeres, en especial
en maternidad.
10. Que se elaboren y se hagan cumplir leyes que protejan los recursos
naturales (plantas medicinales).
11. Que se aplique el programa de Salud Reproductiva en áreas rurales.
12. Que el gobierno apoye, promocione y defienda la producción y
consumo de alimentos orgánicos.
13. Que se haga un verdadero relevamiento de la desnutrición materno –
infantil, que se entreguen leche y alimentos en cantidad suficiente y
capacitación a las madres y seguimiento a los niños.
14. Plan alimentario para ancianos.
15. Que la Salud no tenga color político.
16. Que haya atención especial a los discapacitados.
17. Que haya atención odontológica y no sea sólo de extracción.
18. Capacitación en primeros auxilios.
19. Reconocimiento y capacitación de parteras tradicionales.
20. Que las familias tengan agua potable.
21. Informar, investigar y capacitar sobre medicina casera.
22. Que el Estado financie los diagnósticos y tratamientos de los casos de
intoxicación cuando las grandes empresas fumigan con agrotóxicos.
23. Que las guardias médicas se realicen en el Hospital y no en la casa
del médico.
24. Solicitamos una ley en la cual tengamos participación los interesados
que garantice: a) que las mujeres pequeñas productoras campesinas
y aborígenes tengan una buena salud publica y que tanto el trabajo
domestico y del campo sea tomado en cuenta en la obtención de un
seguro de vida, jubilación y sepelio. Que se apoye mediante una
pensión a discapacitados.

Educación
1. Que las instituciones educativas respondan a las demandas de la
comunidad (ejemplo: partir de la cultura de cada comunidad,
capacitar a los estudiantes para producir en su comunidad y
mejorarla).
2. Que los Estados provinciales contemplen los recursos que garanticen
la implementación efectiva de la EGB rural.
3. Que se legisle la obligatoriedad del nivel polimodal en todo el país.
4. Que se mejore la calidad de la educación rural (control de gestión de
directores, supervisores y de la comunidad). Que el Estado garantice
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�Mujeres que trabajan la tierra

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la capacitación permanente de los docentes, que los docentes
promuevan el uso de los libros y que las bibliotecas estén abiertas a
la comunidad).
Que se amplíe el programa de becas especiales para zonas rurales,
teniendo en cuenta la condición social, el compromiso del alumno y
de la institución.
Que sean sancionados los docentes que abusan de nuestros hijos/as
ya que si son trasladados vuelven a hacer lo mismo.
Que haya en la comunidad talleres para las madres dónde se les
enseñe educación sexual para que ellas puedan transmitir a sus hijas.
Que los talleres de capacitación para la mujer tengan validez. O sea
que se los legalice para tener constancia de esa capacitación.
La educación es obligatoria, pero que sea gratuita, por que es un
derecho.
Los oficios, como gastronomía, entre tantos otros, que se dicten en las
Universidades y que sean gratuitos.
Que en las becas que llegan a los hijos de los productores no se mire
tanto el puntaje de los alumnos sino la situación económica (es por
que los alumnos tiene mala base desde los primeros pasos de la
escuela)
Que cuando los alumnos terminen el ciclo primario terminen con un
oficio.
Que se restablezcan los planes de alfabetización de adultos.
Que las becas de estudio no se entreguen con favoritismo político.
Que los maestros bilingües no trabajen en negro.
Maestros bilingües, que enseñen sobre culturas originarias para que
los chicos no se avergüencen.
Control de las faltas de los docentes y licencias.

Tierra
1. Ley de reforma agraria desde las necesidades y con la participación
indígena y campesina.
2. Excención de cargas impositivas y o tasas diferenciadas a los
campesinos (precedente jurídico: ley 23312 indígena)
3. Financiamiento flexible y accesible para favorecer la producción para
campesinos e indígenas.
4. Reglamentar la extracción de recursos naturales. Participar en
políticas públicas que afectan nuestro territorio, generando
mecanismos de consultas ante emprendimientos varios (represas,
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minas, forestales, etc.). Detener el avance de la siembra de cultivos
genéticamente alterados, con el uso de herbicidas que contaminan el
suelo, el aire y el agua causando enfermedades y muertes.
Política de titulación de tierras, saneamiento de títulos. Frenar la
extranjerización de la tierra. Que la distribución de la tierra sea
acorde a las posibilidades de cada familia o región, sin favoritismos
partidarios. Frenar todo intento de desalojo y atropellos a
campesinos y aborígenes, en caso de familias desalojadas que el
gobierno se haga cargo de devolverle la tierra.
Para los campesinos que no tienen tierra: loteo de tierras fiscales con
crédito blando a largo plazo.
Que el Estado financie la mensura y otros gastos de titulación.
Que haya una ley de alquiler de tierras que contemple costo y
duración.
Investigar la entrega y venta de títulos de tierra y las condiciones en
que se hicieron.
Exigirle a las instituciones y programas nacionales y provinciales
(INTA; PSA; INAI) que trabajen con los campesinos y comunidades
indígenas que se comprometan e involucren de manera directa en la
demanda por los derechos a la tierra.
Políticas agropecuarias nacionales para mejorar la producción de los
pequeños productores y aborígenes, Planes de vivienda rurales,
capacitación y difusión sobre el derecho a la tierra y derechos
humanos en general (Desarrollo sustentable)
Acceso al agua y a las herramientas, reglamentación de los recursos
hídricos
Continuidad de los programas de apoyo a los pequeños productores.
Que las provincias cumplen lo previsto en la constitución nacional y
convenios internacionales sobre derechos indígenas (convenio 169 de
la OIT, convenio sobre biodiversidad).
Mejorar los mecanismos de control que regulan y norman la creación
de cooperativas de producción y trabajo.
Para las organizaciones: Buscar información en los organismos que
corresponda sobre al situación legal de las tierras. Acuerdos
comunitarios en la zona avalados por las autoridades para hacer
cumplir los accesos al agua y pastoreo. Hacer un documento firmado
por las autoridades que reconozca los derechos de los pequeños
productores: recuperar, ocupar, producir y resistir para reafirmar
nuestro derecho a la tierra.
Crear una coordinadora nacional de mujeres campesinas e indígenas.
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�Mujeres que trabajan la tierra

Identidad y vida cotidiana
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174

Políticas de desarrollo rural claras para las campesinas y con
financiamiento.
Programas de capacitación para conocer los derechos de las mujeres
rurales, que lleguen a los hombres también.
Que sigan haciendo los encuentros de mujeres rurales, ya que son
nuestros espacios para aprender juntas, no son gastos sino
inversiones.
Que haya capacitaciones remuneradas para la mujer, a través del
salario caído.
Planes jefes de hogar que contemple capacitaciones en lo rural para
que nos quedemos en el lugar de origen.
Que se amplíe el cupo de mujeres dirigentes en los espacios de
dirigencia política.
Reclamamos una jueza (mujer) defensora de la mujer.
Que se trate y se promulgue la ley de salud sexual y reproductiva en
todas las provincias.
Que exista una ley para que en los hospitales públicos se haga el adn
sin cargo para definir la identidad.
Respeto a nuestra identidad aborigen.
Que se revea la ley federal de educación porque destruye a los niños
del campo.
Que haya igualdad de oportunidad y calidad educativa para los
chicos del campo y de la ciudad.
Mas horas de clase bilingüe en idiomas étnicos.
Pensión para mujeres rurales (50 años) agilización de jubilaciones y
pensiones.
Programas de capacitación para personas de la justicia policial y
hospitales.
Capacitaciones en planificación familiar y salud reproductiva.
Necesitamos albergues donde ir a quedarse o a consultar cuando
somos violadas, golpeadas y amenazadas por el hombre.
Que las autoridades provinciales declaren nuestros productos de
interés.
Mayor capacitación en temas y problemas que tenemos nosotras
como mujeres.
Que los medios de comunicación (escritos, orales y televisivos) no
agredan a las mujeres y no sean groseros con nosotras.

�Anexo 3

21. Que dediquen espacios a las mujeres rurales (costumbres, trabajo,
producción) y sean un nexo para llegar a otros ámbitos (por ejemplo
gobierno).
22. Que desde todos los ámbitos se informe y difunda la historia, las
luchas y los derechos de las mujeres, los decretos, leyes,
convenciones, tratados, (provinciales, nacionales e internacionales)
que nos benefician a todas las mujeres.
23. Que se elaboren y distribuyan cartillas y folletos sobre los derechos
de las mujeres que lleguen a nosotras.
24. Viviendas dignas, de acuerdo a las necesidades de nuestra familia,
con agua potable, electricidad y servicios públicos (transporte,
teléfono, posta sanitaria, escuelas).
25. Atención rápida y eficaz en los casos de violencia doméstica, abuso
sexual y violación.
26. Créditos blandos para el agro, por ejemplo valor producto.
27. Control del medio ambiente por parte de los organismos
correspondientes: uso de plaguicidas, tendidos eléctricos,
contaminación de caudales, etc.
28. Tiempo y espacios de recreación, descanso, comunicación y
participación comunitaria.
29. Que una representante campesina elegida por nosotras sea
reconocida por cada provincia y la nación y sea escuchada por las
autoridades para que pueda informar sobre nuestra realidad, qué
está pasando, cómo funcionan las cosas y además verifique que los
pedidos se lleven a cabo.
30. Que se promueva la participación de las mujeres campesinas y
aborígenes en los espacios comunitarios y públicos, respetando la
igualdad de oportunidades para mujeres y varones.
31. Que se apoye, desde las técnicas, a las mujeres rurales y a las mujeres
de las zonas marginales de la ciudad.
32. No a la pobreza que produce prostitución y nos lleva a las mujeres a
vender a nuestros hijos.
33. Exigir a los empresarios que hacen ropa que fabriquen las
vestimentas típicas.

Producción, trabajo y medio ambiente
1. Dar continuidad, ampliación y mejoramiento a los programas pero el
estado junto con las mujeres campesinas y aborígenes planifiquen

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por ciclos la producción, comercialización, capacitación y asistencia
técnica recuperando y revalorizando la cultura.
Que el Estado garantice en base a lo estipulado los recursos
necesarios (créditos blandos, fondos rotatorios, donaciones o
reconocimiento por desastre climático) para llevarlos a la practica.
Que haya legislación especial que contemple la producción y
comercialización de los pequeños productores y en especial de
nosotras, mujeres campesinas y aborígenes.
Que se de continuidad a los programas nacionales y provinciales
orientados al sector rural y que se enmarquen en una política de
desarrollo rural.
Que no se cambie dinero por hambre.
Que se respete el medio ambiente como lo hacemos los pequeños
productores.
Que se controle el uso de agroquímicos y agrotóxicos.
No a los transgénicos.
No a la depredación de los peces y la fauna.
No a la construcción de grandes represas.
Que desde los organismos públicos se nos informe sobre las
gestiones de gobierno (ALCA, Mercosur) y sobre nuestros derechos.
Que se generalice que las mujeres rurales que tienen planes puedan
cumplirlos en sus propios predios.
Que se respeten los precios de los productos de pequeños
productores.
Que haya exención impositiva para los artesanos pequeños.

�Anexo 3

177

�Mujeres que trabajan la tierra

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�</text>
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