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                  <text>BIBLIOTECA/CDIA-SAGyP

�BIBLIOTECA/CDIA-SAGyP

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1

•

.,.

EL CENSO

, .

�BIBLIOTECA/CDIA-SAGyP

Conferencla d.i vnlgarizaclóu y propa1?:anda
pronunciada po1· el antor en al12:nnos partidos de la provincia de Rnenos Aire~.

'

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AG3ICULTIJ S.~ Y GANADf:RIA
8161.IOTt GA Cc::VfRAl

tliNISTDIO DR

INVt.. l IAF111.J

DEL AUTOR

l.
2.
3.
4.
5.
G.

La Coarilllazione del pratl.-Páginas 48.--Rovigo, 1887.
Jglene della stalla e deir:ll anhnall.- Pégs. 37.-Ro'flgo, 1888.
Stallatlco e Conclmazlone chlmlca. - Págs. 25.-Rovlgo, 1888.
Note di Vilicultara.-Pa.gs. 2:1.- Rovigo, 1888.
Nociones de Agronomía.-Pága. 205.- Santa Fé, 11S96.
La industria Serlcicoln..-Págs. 95.-Santa Fé, 1897.
1.
Chaco y Formosa.-Pt\ga. 180.-Bnenos Airea, 1898.
8. Pedagogia del Trabajo Agricola.-Pág•. 200.-Bnenoa .llres
1900.
9. Pedagogía de los Trabajos Agrlcolas.-Págs. 156.- LaPlata
1901.
10. Industrias Agrícolas y Ganadera11 en la República Arr;enUna.-Págs. 174.-Suenos Aires, 1901.
11. Hnunal de Ho1·tlcnltora .-Pllgs . JPO.-Boenos Aire., 1901.
12. El Arbol.- Págs. 161.- Boenos Aires, 1901.
13. Gnldn per l'Emlgrnnte all'Argentlna.-P4ga. ~.-Roma, 1901.
14. Almanaque Rurel:- Pág• . 130.-Boenos Airea, 190'2.
J5. La Alfa lfa l'D la República Argcntlua.-Pégs. 152.-Boeno
Aires 1902 .
La Enseiianza Agrícola en Ualla y Francia,-Págs. 00.- Buenos Aire• , 1902.
17. El Lino en la Pr•vincia de Santa F é .-Págs . 20.-Boenos
Aire~. 190'2.
18. Invutl,;nclón Agricola en la Provincia de Santa :ré ,-Pig3.
549 -B oenos Aires , 1904.
19. Ln Chacra Santnfeclna.-Pllgs . 278.- Buenoa Aire&amp;, 1905.
20. L 'Air;ricoltore Italiano nell'Argentina. - Pllgs. ~ . -Génon,

1905.

�BIBLIOTECA/CDIA-SAGyP

!ll.

22.

La Aradua a vapo1'.-Pág1. 28.-Buenos Aires, 1907.
La Poda de lo8 Arboles Frutales.-Págs. 40. - Boenos Aires,
1907.

23. Ensell.anza Agrícola Extensivn.-Pil.gs. 30.-Buenos Aires, 1908.
24. El C11Ulvo del llair:.-Págs. 40.-Buenos Aires, 1908.
25. Organización y lletodologia de la Ensefianza Agrir.ola Extenslva.-Págs. 62.-Bnenos Aires, 1912,
26. La Fiesta del Arbol.-Págs. 14.-Boenos Aire•, 1913.
Z7, Las Cosechado1·as,-Págs. 20.·-Buenos Aire•, 1914,
28. Las Cátedras Amb1da11tes de Agricultora y los Fe1·rocarriles.-Págs. 14.-Buenos Aires, 1914.
29. La Fiesta (\el Arbol.-ORIGEN, SIGSll'lCADO , llfPORTA'iCU..Págs. 35.-Buenos Aires, 1914.
30. La Industria Lechera.- P¡j,gs. 20.-Boenos Aires, 1914.
11. La ~ri&lt;1ultu1·a y la Ganadería Argentina. - EVOLUCIÓS Y
PROGRESOS.-PAgs. SO.-Buenos Aires, 1914.
32. El Censo.-Págs. 2!1.- Buenos AirPs, 1914.
:la. J,a siembra de cereales.-Piógs. 12. - Buenos Aire~, 1914.

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HUGO MIATELLO
tlllSPECTO" HO"ORAfttO

D&amp;L TERCER CENSO NACIONAL

EL CENSO

BUENOS AIRES

hup. Pablo Gadola - Rindnl&amp; n&amp;
l i l 4

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Objeto.

El censo, principal y fundamentalmente, no
es más que un recuento de la población &lt;le un
estado; pero en los paises nuevos, se le dá una
acepción máti lata, una a.plicación más amplia,
efectuando simultáneamente el inventario de
los bienes de la naci6n y de sus progresos
en el campo de la agricultura, de la g·anadería, de las industrias, del comercio, de la cultura y de la sociabilidad.
Si se efectúa en una sola provincia o parte
de una 11ación, se le llama ccenso parcial»,
como v. gr. los que se llevaron a cabo el año
1881 en la provincia de Buenos Aires, el 87
en Santa Fé, el 90 en Córdoba y 1910 en la
Capital Federal. Si se refiere a una materia
determinada y única, entonces se le denomina
e censo especial&gt;, como v. gr. el censo escolar y
el censo ag:.-opecnario realizados en esto;, últimos años en el país. Y en fin, el que se va
a efectuar el 1° de Junio próximo, es un ccenso general&gt; porque abarca toda la Argentina

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--8 y todas sus manifestaciones de trabaio y de

progreso.
Los censos son indispensables para pueblos y gobiernos, pues constituyen el único
medio para conoéer, medir y avaluar su población y sus propias fuerzas en todos los campos de la actividad humana; no podría ningún gobierno hacer buena administración,
ignorando cuántos s.m sus gobernados y cuántos y cuáles son los medios con que se desenvuelve su vitalidarl social, política y económica.

Origen de los censos.
El origen de los censos se pierde en la obscuridad de los tiempos, como dicen los historiadores, cuando no le encuentran la punta al
hilo de sus investigaciones . Pero parece comprobado que los hombres primitiYos, aún antes de constituirse en agrupaciones concretas
y defuiidas, esto es, cuando aún formaban tribus, usaban contarse, para conocer principalmente el número de hombres aptos para las
contiendas o las g·uerras.
El primer censo que registra la historia antigua, es el que efectuó Moisés en el desierto
cuando el pueblo de Israel fué arrojado de
Egipto por los Faraones; el mismo Moisés de-

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-9dica un libro que se titula «Números:., de los
cinco que forman sn Pentatéuco y el que destina casi exclusivamente al recuento de la
población hebrea. Más tarde, el rey David
también ordenó el censo de los Hebreos, que
extendido a las tierras de Palestina, asignó al
ejército de esa raza, más de 1.300.000 hombres.
Los Griegos también acostumbraban efectuar censos, pero no nos han dejado datos
exactos ni abundantes referentes a sus resultados numéricos. Sin duda, no pensarían que
en el año de gracia de 1914, en la provincia
de Buenos Aires nn inspector del censo necesitaba el dato, para ilustrar más ampliamente a su auditorio!
Los Romanos practicaban frecuentemente
los censos: Servio Tn llio, 6º rey de Roma,
ciento y tantos años después (le fundada, mando realizar el primero, que arrojó la cifra de
80.000 hombres aptos para las armas; repitiéndose después el mismo acto, cada cinco años.
El emperador Oésar Augusto también hizo
realizar tres censos durante su reinado, el primero, el año 28 antes ele .J. O., el segundo, el
año mismo de la era cristiana, y el tercero,
el año 14; faé este censo que se extendió también a todas las provincias romanas
y que dió un total de más de 4.000.000 de sol-

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10dados; y fué durante el segundo que, según refiere la historia sagrada, San José
y su esposa, la Virgen :María, fueron a Belén
para cumplir la prescripción del censo.
En la Eflad Media era generalizada bastante
la práctica ele los censos, quo con frecuencia
se bacía simultáneamente a los catastros.
Y en fin, en la Edad l\fotlerna, todas las naciones ci viliza&lt;las de la tierra efectúan el censo de su población, con la frecuencia exigida
por sus necesidades políticas o administrativas.
Ya véis pues, cuán antiguo es el arte o la
usanza de etectnar censos, entre todos los
pueULos (le la tierra; de modo qne, la operación que vamos a realizar entre pocos días, no
constituye ninguna práctica uueva o de reciente creación, siendo en cambio, tan antigua
y conocida como el andar a pie,

Antecedentes en la Argentina.
En 1602, veintidós años despnéo:i de fundada Buenos Aires, se hizo el primer recuento
de la población; mandaba la orden, que a las
ocho de la mañana del día 6 ele Octubre de
ese año, ese presentasen en la plaza pública
todos los hombres hábiles, con sus armas y

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11 -

pertrechos, ya sean amos como sirvientes, para
pasar reseña»; hecho el recuento de los soldauos, y calculadas las personas que los acompétñaban, resultó más o menos una población
de 500 personas.
Darante el período colonial, se hicieron después otros censos, pero en su mayor parte fueron parciales, incompletos, o de dudosos resultados, refirién&lt;l&lt;~se por lo gen~ral, a la ciudad de Buenos Aires. Uno importante fné
el ' ordenado por el progresista e ilustrado virrey Juan J osó de Vértiz, el año 1778; más
tarde, en 1797, según refiere don Félix de
Azara, se realizó otro más grande, el primero qne abarcara unn. gran extensión, y compr~ncli6 las que hoy son provincias ele Buenos
.Aires, Santa Fé, Entre Ríos, Corrientes, la
goberuación de Misiones y la Banda Oriental.
Bu J 81 O, pronunciada la revolución ele .i\layo, el gobierno provisorio ordenó el recuento
de la población on todo el territorio &lt;le las
pro'"incias del ex virreinado, pero sólo pudo hacerse en la de Buenos Aires; se calcula, sin
embargo, que la población del país en esa
época, no pasaría de 600.000 habitantes.
fat Asamblea General Oomtitnyente de 1813
ordenó un censo general, que solamente se
hizo en las provincias de Buenos Aires y San-

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ta Fé. Rivaclavia, en 1822, durante su presi ·
clencia, también ordenó que se efectuase un
recuento general, sin conseguirlo, por varias
y diversas circunstancias. La Constitución'
sancionada definitivamente en 1853, ordena
en u·n a de sus cláusulas, que se levante un
censo cada diez años, para, según ella, determinar el número de diputados que deben formar el Congreso Argentino. Y el gobierno
de la Confederación, cumpliendo aquella orden, decretó en 1857, la formación ele uncenso nacional; pero éste tampoco pudo hacerse
efectivo en todas partes, y si sólo, en las provincias de Santa. Fé, Entre Ríos, Corrientes,
Córdoba, San Luis, Mendoza, Tueumán y Santiago &lt;lel Estero.
Y en fin, llegamos al año 1869, en qu~ nn
decreto de fecha 28 ele Enero, firmado por e~
inolvidable Sarmiento, ordena la ejecucióu
de un censo general, que es el primero que
se lleva a cabo en todo el territorio &lt;le la república, haciéndose eteciivo en los días 15,
16 y 17 de Septiembre de ese mismo alío, bajo la dirección de don Diego de la Fuente, y
dió por resultado, que la población &lt;le la República Argentina no alcanzaba un total de
2.000.000 de habitantes y sí propiamente a
1.877.490.

Veinticinco años después, durante la admi-

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nistración del Dr. D. Luis Sáenz Pefia, se
dictó Ja ley de Junio 22 de 1894, ordenando
la formación del segundo censo general, y
fué el 25 de Mayo del año siguiente 1395, que
se ejecutó bajo la dirección de una comisión
presidida por D. Diego de la Fuente, siendo
sus vocales D. Alberto B. Martinez y el Dr.
D. Gabriel Oarrasco.
Pasaron cliecinueve años sin que pudiera
darse cumplimiento a las sabias disposiciones
do la Oonstitución Nacional, que marnla practicar el cE'nso cada diez años, y fué recién el
año pasa1lo por ley !H08, de techa Au;osto 7,
que el Congreso Arg·entino sancionó la inmediata formaci6n tle un censo general de la riqueza y de la población de la república, dándose cumplimiento a la ley mencionada, por
el decreto del Poder Ejecutivo de fecha Septiembre 23 de 1913, y por el que se coufla la
dirección general &lt;lel censo a una comisión
compuesta de un presidente y dos vocales.
Es el primero el señor D. Alberto B. Martí·
nez, director general de estadística municipal
de Buenos Aires, estadígrafo a vezado e ilustre y autor distinguido de numerosas ohras de
propaganda de nuestro país que circulan con
éxito en el exterior. Colaboran con él, el señor D. Emilio Lahitt~, director general de

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economía rural y estadística ag-ricola del mi·
nisterio &lt;le agricultura de la nación, que es
t-Oda una autoridad reconocida dentro y fuera del p&amp;fa, en la materia de su competencia;
y el Dr. D. Francisco Latzina, director genel'al de estadística del ministerio de hacienda
de la nación, que ha consagrado largos años
a las duras tareas de las investigaciones estadísticas que ha difundido en obras y publicaciones. Y es así, que el decreto ele Abril 13
del corriente año, fija definitivamente el día 1°
de Junio para practicar el censo en toda la
república.
Métodos censales.

Oonviene ahora conocer cuáles son los medios que se ponen en práctica para efectuar
los censos.
En cuanto a esta clase de procodimientos, los antiguos poco nos han dejado escrito
que pueda sernos de útil enseñanza; en efecto,
sabemos que los hebreos hacían recintos, o
corrales que diríamos nosotros, capaces de
contener mil personas; echaban adentro tanta
gente, cuanta podía caber en el recinto, y
contaban un millar; lo desocupaban y lo YolTI.an a llenar, y así sucesivamente contaban

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-15 los individuos por miles. Es claro qne este
procedimiento era poco exacto y un tanto ganadero, que digamos.
Los griegos hacían los censos en las plazas
públicas: citaban al pueblo en éstas, y después de separar según los sexos, edades y clases, contaban las personas. Este, per lo menos, era nn procedimiento más humano.
Y los romanos, qne ya tenían el instinto de
la burocracia, segun se ve, designaban para la
operaci6n, a los censores, empleados éstos, que
se elevaban a la &lt;liguit1ad de magistrados, que
debían encargarse especialmente clel empaclronamiento del pueblo, operación que efectuaban
cada lustrn, o sean, cada cinco años; sin molestarse mucho, hacían comparecer los ciudadanos y bajo juramento les obligaban a censarse y además a declarar el nombre, el número, la edad, el sexo de sns hijos y de sus esclavos, y la nómina o valor de sn fortuna; los
censores tenían además mucllas otras atribuciones, por las cuales clasificaban a los ciudadanos y según sns bienes, sn conducta y otras
circunstancias, les designaban para la clase
que les correspondía; eran en fin, los organizadores de la sociedad.
Pero en los tiempos modernos, los procedimientos censales se deben en Migen, al ma-

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1iemático francés Fourier, que a principios del
siglo pasado, sistematizó las bases del procedimiento, y que en lo fundamental lo constituye
la cédula de familia en la cual se anotaba el
número, edad, sexo, estado civil, profesión u
ocupación de los miembros de cada familia.
Más tarde, en los congresos de estarlística
de 1853 en Bruselas y en el de 1872 de San
Petersbnrgo,se sancionaron los procedimientos
censales que se debían adoptar en lo sucesivo en los países civilizados del mundo, y se
convino qno los censos deuian ser: nominales,
es decir, contener el nombro y apellido clel
censado; de hecho, e~to es, realizados efectiva
y personalmente y or constatación real; que
debían hacerse en un so o día, por períodos
iguales &lt;le diez años &lt;le intervalo y en años
que terminen con cero; y en fin, que &lt;lebía
confiarse la ejecución lle los censos a los agentes espccialme::.te designados para tal fin o a
públicos funcionarios.
Así se hace e11 efecto, en la mayor parte de
~as naciones civilizadas do la tierra.
Los Jt]stados U delos de Norte América, que
con harta frecuencia tomamos por modelo de
nuestras institnciones políticas, escolares o
agrícolas, tienen a este respecto, una organización mu y perfecta: un cuerpo ele inspectores

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17
y otro namerosísimo de empadronadores, todos remunerados y a sueldo, están encargadr1s
de levantar en todo el territorio de la Unión,
el censo, que cada diez años se realiza. Porque se asigna a esta tarea la importancia que
merece y porque son retribuidos sns encargados, son estos rig·11rosamente elegidos y seleccionados, sometiéndoles a severo examen
teórico y práctico. l\H.s de doscientos mil
censistas se b.an presentado a examen para el
último censo de HHO. Se adopta alli, el boletín de f'ami~ia en el que se anotan basta 50
personas; al efectuar después la compilación
de los datos recogidos, se despojan lo:; boletines por procedimientos mecánicos rapidísimos
y se forman nuevas ficb.as personales para ca·
da censado.
En la Argentina rige, en cambio, el sistema
de las comisiones, su bcomisioues ~, empadronadores, todos «ad houorem»; las primems,
para organizar el trabajo, y los últimos, para
efectuarlo, y se quiere que este sistema sea,
como lo es, genuinamente argentino. Es también más patriótico, porque los yanquis van
derechos al 1l6lar y nosotros nos contentamos
con una plaqueta . . . . conmemorativa.
La comisión central en Buenos Aires ha trazado el plan de la obra, el programa detalla-

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do, ha confeccionado las fichas y los libretos,
sul&gt;dividi&lt;lo el país en zonas, nombrado todo
el personal, distribuido todo el material y en
fin, corre con todo lo que es la organización
del censo en la república, su ejecución y la
compilación de datos y libros pertinentes.
En ca&lt;la provincia hay después una comisión
provincial, con un comisario general, y en cada partido o departamento, una comisión local que éÍ. su vez nombra sub-comisiones para
ca&lt;la cuartel o distrito en los que actúan los
empadronadores. Con este sistema pues, se
dá en el trabajo del censo, especial participg ción al pueblo, de modo que resulta una institución del todo popular, tal como se adviene
a nuestro espíritu e:sencialmente democrático.
Durante el censo de 18fü) eran 12.000 empadronadores; hoy son 90.000 los ceusistas que
actúan en Ja Repúl&gt;lica Argentina.
Para el censo de la población se emplea la
ficha incli vidual o personal, esto es, una hoja
para cada persona a censarse. Es sistema también exclusivamente argentino, pnes no se
usa en parte alguna del mundo, para los censos de pol&gt;lación, si bien se emplea, para estadísticas especiales o parciales. En la oficina de
estadística municipal de Buenos Aires, se usa
desde el año 1887.

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Y para las demás investigaciones referentes
a la agricultura., ganadería, industria, comeL'cio, edificación, etc., se emplean otros tau tos Ji.
bretos que contienen todo un cuestionario ex tenso y coro pleto.
Oomo vemos pues, la República Argentina,
en cuanto a organización y procedimientos censales, ocupa uu puesto prominente entre los
pueblos más civilizados que adoptan esta
práctica tau necesaria e indispensable para la
buena marcha del país.
Progresos del ~paf s.

Los progresos enormes realizaclos por la República Argentina &lt;lUl'ante estos últimos años,
reclat0an la reali:taci6n del censo de su pobh~­
ción y el inventario de sus bienes, de sus riquezas, de los elementos y medios primordiales de su civilización. El puesto que hoy ocupa el país on el concierto de las naciones civilizadas &lt;le la tiel'l'a, exige imperiosa y urgentemente la ejecnci6n de la ohra en que el
gobierno y el pueblo están empeüados.
Son tau grandes, tan notables esos progresos, que su constatación pura y simple sorprende a propios y extraños. Basta dar una
ojeada, aunque sea sin lente de aumento, a los

M. A. G.
BIBLIOTECA CENTRAL

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20 -

principales de sus elementos generadores, para
darse cuenta de ellos.
Así vemos, v. gr., la inmigración, iniciada
con 4951 individuos en 1857, cuando la República les abrió sus puertas para recibirlos amigable y fraternalmente, continuar y aumentar
más y már; hasta batiL· el «record, de 1912 con
~23.000 imuigrantes, calculándose que hasta
hoy hayan JJegado al país cerca de 5. 000.000.
Los ferrocarrilei:;: inaugurada el mismo año
la primera línea, la del Oeste, con 17 kilómetros hasta Floresta, desde Buenos Aires, han
llegado hoy a la extensión máxima ele 32.000
kilómetros de vías férreas que cruzan todo el
territorio, desde las fronteras más opuestas
y distan tes, hasta las playas más remotas del
Atlántico océano que baña. sus costas.
El área cultivada, que era en el último censo de 5.000.000 de hectáreas, alcanza la enorme cifra de 23.000.000 que están hoy bajo
el imperio del arado civilizador.
La ganadería, que sin contar su enorme población, ha realizado tales progresos en la aplicación de los modernos métodos zootécnicos,
llegando a mestizar los rebaños nacionales en
proporciones que si no foeran verídicas y comprobadas, J)arecerían in verosímiles.
De la producción, ¡qué diremosT. Que mien-

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21 -

tras el año 72 importábamos trigo para nuestro consumo, es hoy la República Arg·entina
uno de los primeros países del mundo como
productor &lt;le trigo, de cuyo grano provee al
consumo mundial en un 23 º/o, y de semilla
ele lino provee a lo que la industria consume
en un 75 ºlo·
La exportación, q ne ha seguido también
constante aumento, ha llegado el aüo pasado
a la enorme cifra de 485.000.000 de pesos oro.
De la circulación monetaria podemos decir,
que mientras en 1895 era de 297.000.000 &lt;le pesos papel, hoy circulan en el país 835.000.000
ele la mjsma moneda.
En fin, en todas las manifestaciones del trabajo, ya sea en el campo agrícola, ganadero é
industrial, como en el económico y social, hemos
real'.za&lt;lo incalculables progresos; pero aunque
vemos y constatamos sus resultados, ignoramos las cantidades y proporciones de sus elementos primordiales generndores.
De allí
la imprescindible y urgente necesidad de proceder a su recuento y avalnacióu amplio
exactos.
El tercer censo nacional.

Proporcionado a la magnitud de estos progresos y a la importancia de su difusión en e

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territorio, dehía ser el vasto plan de la obra
del censo a efectuarse. Es así que las investigaciones censales, múltiples y variadas, &lt;lebían extenderse a numerosas cuestiones que,
si en otros paises &lt;le la vieja Europa resultan
de interés sccuu&lt;lario, porque están sujeta:, a
control er-;ta&lt;líistico permanente, para nosotros
en cambio, merecen la mayor ateud6n.
El capH11?0 fundamental de la grandiosa obra
del cenfio C'onstitúyelo sin duda, la población,
cuyo recuento se efectaar:.í por medio de la
ficha indi Yi&lt;111al.
Co11tie11e ésta, diecisiete preguntas que se
refieren al 11omhrc y avcllido del censado; su
fiexo; edad Ht•g-(111 el último cumpleaños; estado civil (soltero, casado o Yiudo); cmíntos hijos lrn kniclo la mnjer en to&lt;los los años de
matrimouio que ll(n-a; cuántos aiios de matrimonio ha llonulo en total; si es extrauje:o, en
&lt;¡né vais lrn uadclo; si es argentino, en qué
proYiI1eia o territorio; siendo extranjero, si se
ha naturaliza&lt;lo; profesión, arte, oficio o medio &lt;le vida; i-;i sabe leer y escribir; o si sólo
leer; si va a la escuela (para los niños ele ti
á 14 aiios); si uo vá, si recibe in::;trucci6n en
E&gt;n casa; C'n(mtos grados de la la cs&lt;;uela primaria lrn cursado; si posee i&gt;ropiedacl raíz; y

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23 -

la última en fin, si es enfermo, sordo mudo o
ciego.
Oon las preguntas contenidas en esta ficha,
será posible, al compilar los datos del censo,
realizar todas las investigacionas más importantes de car{¡cter demográfico, escolar y l&gt;Ocial. Podremos conocer pues, la población absoluta y la relativa clel país y de todas las
provincias y gobernaciones; veremos la proporción numérica entre la pohlación urbana y
la rural, dat&lt;.1 muy importante para nn país
esencialmente agricola como el nnestro; podremos determinar la proporción q ne en el
total i·epresenta la pohlacióu extranjera, que
llegada con la inmigración, queda más o menos radicada en el país; sabremos el número
de varones y el de mujeres; cuáutos solteros,
casados y vindos tenemos en ambos sexos; la
fecundidad de la mujer es coeficiente muy
importante para paises nuevos como el nuestro, cuyo aumento de población natural y ve·
getativa está ligado íntimamente a su vitalidad económica e industrial; podremos también
formar la legión ele los centenarios o al menos, de los campeones de la longevidad, que
siempre ha alcanzado en la Argentina «records&gt; notables; la profesión, la ocupación, el
medio de &gt;ida, nos dará idea ele cuántos son

•

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los que trabajan y cuántos viven de renta; y
en fin, el grado ele cultura ele nuestra población será determinado en todo ém valor e importancia y sabremos si el analfabetismo avanza o retrocede y en qué proporciones.
Después de la población, las industrias agri·
colas y ganaderas, que constitnyen las columnas ele nuestro edificio económico, son las que
merecen una investigación especial, y en tal
concepto, se les ba dedicado un libreto que
contiene todos los datos referentes a la propiedad rural, la extensión ele cada establecimien·
to, estancia, chacra, quinta o huerta que sea;
el área cultivada, los detalles de cada cultivo,
el número y valor de los animales, de las máquinas, de los útiles, el personal empleado,
los rendimientos, en fin, toda una encuesta
agricola y gaTiadera.
Las itulustrias y las manufacturas, a la par
que el comercio, también serán investigados
pot· lib1·etos propios &lt;le los que hay algunos dedicatlos a industrias especiales qne, vor sn importan~ia y ' entidad económica, merecen estudio :\parte, como ser la molinera, la lechera, la
vinícola, la cervecera, la frutícola, la azucarera y la minera.
La iustrncci6u primaria, secundaria, superior
y técnica forman otras tantas eucaestas que

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serán realizadas prolija y minuciosamente; lo
mismo que otras formas o medios de cultura,
como ser bibliotecas, diarios, asociaciones de
mutualidad y cooperativas, instituciones de benefi.cieucia, asilos, hospitales, etc. No escaparán al censo los medios de transporte, terrestres, fluviales o marítimos; las instituciones
de crédito, de seguro, etc., etc.
En fin, todas las manifestaciones del trabajo, del estudio, de la sociabilidad, serán avaluadas y computadas, siendo más de treinta lL
bretm; que constituyen el medio de investiga-.
ci6n para hacer práctica la vasta y compleja
obra del censo nacional de 1914.

La misión del censista.
El empadronador o censista es entonces, el
agente personal, el ejecutador del censo en todas sus formas y en todo el país. No se limita su tarea a la entrega de la ficha o libreto
y a su recolección, una vez llenados por Jos
censados; con suma frecuencia s~ verá obligado a llenar éI mismo los fo1·mularios cuando
encuentre personas poco instruidas, menos preparadas, o mal dispuestas; y en todo caso, deberá cerciorarsA de la exactitud &lt;le los datos

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ofrecidos o anotados, por la constatación y contralor propio, por cuanto le sea posible.
El e.,,tmlio previo, el examen detenido y
minucioso de la ficha y de los lib~·etos, es indispensable para efectuar sn cargo con toda
ciencia y parn asesorar e instruir a los ceusados y resolver to&lt;lo caso de duda qne se le
presentara.
En la campaña sob1·e todo, será necesario
prevenir y destruir toda clase de prejuicios o
criterios menos couectos q ne pueda tener la
población sobre los fin&lt;•s y resnlta&lt;los del ceneo,
al que con frecuencia se atribuyen móviles fiscales, como ser el anmento de la coutribución'
&lt;le los impuestos y 1le las patentes. Debéis
los censistas, demostrar con toda la fuerza de
la verdad j con toda la elocuencia de qut1 sóis
capaces, lo equivocado qne es ese criterio, la
inconsistencia &lt;le tal afirmación o creencia, ante todo, negaudo el hecho rotun&lt;lameute; después, demostrando que el gobierno no necesita hacer censos para establecer gravámenes;
que el gobierno cíe la nación, que ordena y
ejecuta el censo, no tieue j urisdicci611 en las
provincias para estos efectos, y en fin, que se
trata única y exclusivamente, de una pl'áctica
administrativa que reali?:au todas las naciones
civilizadas de la tierra y que &lt;lebe hacerse en

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la Argentina. como se hace en todas partes del
mundo.
A los timoratos que simulen dntos o informes por miedo a la publicidad, hacedles comprender to&lt;la la reserva con que se guardan
los datos del censo, que al publicarse nunca son
personales y siempre anónimos y colectivos.
y en las uificultades que se os presenten para llevar a cabo vuestro cargo, tratad biempre de allanarlas con el mayor buen ti u o, con
el criterio :nás repo&lt;1ado, sin violencias, sin
ímpetus, disculpando la ignorancia, pei·&lt;lonando la mala iuteneión y haciendo valer con la
fuerza, vuestro derecho, solamente &lt;lespués de
agotados los medios que el buen sentido, la
cultura y la ecuanimidad os hayan sugerido.
Acordáos qne la misión del censista es noble y delicada. Es &lt;le confianza, porque se
otorga a la cultura, a la inteligencia, a la
honradéz; es de rflsponsabilidad, porque estáis
encargados de levantar el inven tario &lt;le los
bienes del pueblo y de la nación; es &lt;le honor,
porque no habéis alcanzado el uombl'amieuto
por recomendaciones, sino qne habéis sido espontáneamente elegidos entre vuestros conciudadanos y tormáis uu grupo compacto y selec·
to en el que descuella la competencia., la intelectualidad, el abolengo y la fortuna.

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Tened presente qne sóis 90.000 que en el
mismo instante están haciendo en Ja República Argentina el mismo trabajo, &lt;lesempeñand o
idéntica misión en todo el territorio.
Qué hermoso espectáculo es este, aunque
viéndolo con los ojos de la imaginación! En
la bulliciosa metrópoli y en los graneles centros urbanos, ahi vá e.l empadronador en los
palacios y en los conventillos, en los suntuosos hoteles y en las fondas modestas, en los
con ven tos y en los colegios, en los barcos mercantes y en los transatlánticos, y en cuanta
casa haya, habitada o no.
En la Pampa, ahí corre el censista a caballo
o en sulky, en las llanuras interminables y solitarias, penetrando en las ricas mansiones del
estanciero, en la modesta casa del chacarero,
en el pohrísimo rancho del puestero o del
arrendatario. Y en las sierras, ahí vá a lomo
1fe mula entre valles y quebradas, subiendo o
bajando la cuesta; y en las selvas del norte,
entre bosque y picadas, en los ingenios, en
los obrajes, en los territorios meridionales, hasta la rígida y lejana extremidad fueguina, y
en todas partes donde haya un s6r viviente,
ahí vá en su busca otro ser viviente para anunciarle el advenimiento del censo, para anotarlo e inscribirlo en el gran libro de oro que en-

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cierra todo lo más bello, grande y precioso que
pueda ostentar el pais.
Sóis 90.0001 Una verdadera legión, bien numerosa, fuerte y compacta de pacíficos soldados del deber. No váis a enrostrnr a ningJn
enemigo oculto; no váis a destronar a ningún
tirano; armados solamente con la fuel'za &lt;le la
voluntad, con la luz de la iUlieligencia, cou el
fnego lle! patriotismo, váis a plantar uu jalón más en el amplio camino &lt;le Ja civilización
argentina, y cnn vuesLro concurso efideute y
activo, habréis colaborado a la realización de
Ja gran obra del tercer censo nacional, q ne sabiamente llevado a término por sus organizadores, constituirá un hito monumental, un testimonio imperecedero en la historia del desenvolvimiento y de los progresos de la República
Argentina.

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